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CROI 2018: El abordaje de la salud mental es clave para poner fin a la epidemia del VIH

La mayor prevalencia de problemas de salud mental entre las personas con el VIH requiere integrar el cribado y el tratamiento de estos trastornos en la atención clínica del VIH para mejorar los resultados en salud en estos pacientes

El abordaje de la salud mental es un elemento clave para poner fin a la epidemia del VIH y la consecución del objetivo 90-90-90 de ONUSIDA para el año 2020. Ésta es la principal conclusión de una de las presentaciones que tuvo lugar durante el transcurso de la 25 Conferencia sobre Retrovirus e Infecciones Oportunistas (CROI 2018), celebrada recientemente en Boston (EE UU).

A pesar de los grandes avances médicos logrados hasta el día de hoy, todavía existen brechas significativas en las fases de la cascada de servicios de atención del VIH. Los problemas de salud mental, incluyendo los problemas derivados del uso de sustancias, provocan una gran carga de comorbilidad en las personas con el VIH en todo el mundo, además de ser más prevalentes entre las personas infectadas que entre la población general.

Entre los adolescentes y adultos jóvenes con el VIH, más del 60% tiene algún tipo de problema de salud mental. Aproximadamente el 50% de las personas con el VIH cumplen los criterios diagnósticos para uno o más trastornos mentales o problemas de abuso de sustancias, lo que se asocia con resultados subóptimos en el tratamiento del VIH, como por ejemplo el inicio tardío de la terapia antirretroviral y el retraso para alcanzar la supresión viral.

La relación entre los problemas de salud mental y el VIH es bidireccional. Por un ladolos síntomas depresivos y de ansiedad pueden derivarse del hecho de vivir con una enfermedad crónica pero también experimentarlos previamente puede constituir un factor de riesgo para adquirir la infección (véase La Noticia del Día 24/02/2017). Las respuestas psicológicas negativas frente al diagnóstico del VIH, la progresión de la enfermedad, el estigma asociado y la pérdida de apoyo social, así como la respuesta inflamatoria crónica al VIH contribuyen a elevar las tasas de problemas de salud mental entre las personas con el virus. En EEUU, la prevalencia del VIH entre las personas con una enfermedad mental grave es entre el 2 y 6% mientras que entre la población general es del 0,5%.

El deterioro de la salud mental contribuye al aumento de las conductas de riesgo, el retraso o la ausencia de pruebas del VIH e inicio de la atención, a una menor retención en la atención especializada, a retrasar el inicio del tratamiento antirretroviral y a la falta de adherencia al mismo. Por el contrario, tener una buena salud mental se ha asociado con una mejor salud física en una variedad de enfermedades crónicas.

Según un estudio llevado a cabo en seis ciudades de EE UU que contó con 4.295 hombres gais, bisexuales y otros hombres que practican sexo con hombres (HSH) cuando concurren diferentes condiciones como síntomas depresivos, consumo excesivo de alcohol, uso de estimulantes, policonsumo de sustancias y abuso sexual infantil la probabilidad de seguir negativo al VIH disminuye de manera significativa a medida que aumentan el número de estos factores.

En el contexto de la profilaxis preexposición (PrEP, en sus siglas en inglés), la depresión se asocia a unas conductas sexuales de mayor riesgo y una menor adherencia lo que sugiere que el cribado y tratamiento de la misma pueden ser clave para maximizar la eficacia de esta estrategia preventiva.

En la cohorte prospectiva de mujeres con y sin el VIH del Estudio Interagencias sobre VIH en Mujeres (WIHS, por sus siglas en inglés) de EE UU que cuenta con 858 mujeres, se halló que la sintomatología depresiva crónica se asoció a un riesgo de mortalidad 3 veces mayor en aquellas mujeres que toman tratamiento antirretroviral y de 7 veces más en aquellas que no toman el tratamiento en comparación con aquellas que se encuentran recibiendo el tratamiento pero que no presentan síntomas depresivos.

Desafortunadamente, el estigma hacia los problemas de salud mental y la discriminación de las estructuras sociales, las políticas y la legislación da como resultado una disparidad entre los servicios de atención de la salud física y mental, con una menor disponibilidad, accesibilidad y calidad de los servicios para estos últimos. Por ello, la integración de los servicios de detección y tratamiento de los trastornos de salud mental y abuso de sustancias en los entornos de atención del VIH es una estrategia prometedora para mejorar los resultados de la salud mental y el tratamiento del VIH entre las personas que viven con el VIH, incluyendo los entornos con recursos limitados.

El tratamiento de los problemas de salud mental y las intervenciones en el apoyo a la adherencia tienen un efecto aditivo para las personas con el VIH afectando positivamente los marcadores de salud asociados a la infección, así como mayor eficacia en el uso de la PrEP entre las personas seronegativas al VIH, reduciendo la depresión y ansiedad y, en última instancia, aumentando la calidad de vida.

Si bien persisten importantes desafíos para satisfacer la alta demanda, especialmente en los entornos con recursos limitados donde el VIH es más prevalente, abordar las comorbilidades de salud mental (es decir, la detección y el tratamiento) en el contexto de la prevención y la atención del VIH es esencial para lograr resultados óptimos a lo largo de la prevención y el tratamiento del VIH.

Según los expertos, es posible que dispongamos de las herramientas biológicas para poner fin a la epidemia del sida, pero no podremos alcanzar este objetivo si no abordamos las comorbilidades de salud mental entre las poblaciones más vulnerables.

Fuente: MD Magazine/ Elaboración propia (gTt-VIH)
Referencia: Remien, R.H. Addressing mental health: a crucial component to ending the HIV epidemic. 25th Conference on Retroviruses and Opportunistic Infections (CROI 2018), Boston, abstract 65, 2018.

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