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El riesgo cardiovascular asociado al VIH sería similar al asociado a la diabetes

Este hallazgo sugiere que las personas con el VIH podrían beneficiarse de tratamientos profilácticos para los problemas cardiovasculares igual que lo hacen las personas con diabetes

El riesgo cardiovascular acumulado a lo largo de la vida sería mayor en personas con el VIH, pero éste sería comparable al riesgo acumulado de personas sin el VIH que padecen diabetes. Esta es la conclusión a la que han llegado investigadores de Boston (EE UU) liderados por la Dra. Elena Losina, en un estudio recientemente publicado on-line en la revista Clinical Infectious Diseases. Los autores consideran que estos datos apuntan a que las personas con el VIH podrían beneficiarse de los tratamientos preventivos para los problemas cardiovasculares, como las estatinas, igual que lo hacen las personas con diabetes u otros factores de riesgo.

Diversos estudios han mostrado que la incidencia de problemas cardiovasculares es mayor en las personas con el VIH que en la población general (véase La Noticia del Día 19/12/16 y 05/11/2015). Dicho incremento sería derivado de la propia infección, ya que, provoca una inflamación generalizada en el cuerpo y provoca cambios metabólicos que hacen aumentar el colesterol ‘malo’ y disminuir el colesterol ‘bueno’. Además, el tratamiento antirretroviral también puede producir ciertos cambios metabólicos o efectos secundarios que aumenten el riesgo cardiovascular (véase La Noticia del Día 06/04/2017).

Sin embargo, se desconoce el riesgo cardiovascular acumulado a lo largo de la vida de las personas con el VIH. Este parámetro indica la probabilidad de que se produzca una cierta situación a lo largo de un período determinado, es decir, es la probabilidad de que un problema aparezca cuando se cumple una cierta edad. Por ejemplo, si el riesgo acumulado de una enfermedad es del 10% a los 70 años indica que, a esta edad, una de cada diez personas la padecerían. Conocer el riesgo acumulado puede ayudar a planificar los servicios sanitarios necesarios y aumentar la consciencia de los problemas cardiovasculares en personas que viven con el VIH.

Para estimar el impacto de los problemas cardiovasculares en la esperanza de vida de las personas con el VIH, los autores del estudio utilizaron un modelo matemático llamado CEPAC para estimar la incidencia de problemas cardiovasculares acumulados. Se trata de un modelo que estima la progresión de la infección por el VIH y que simula una gran cohorte de pacientes y otra de personas sin el VIH. Este modelo se utiliza para estimar el coste-efectividad de ciertas intervenciones.

En el estudio se incluyeron tres cohortes distintas, que se basaban en datos poblacionales de EE UU disponibles a través de diferentes fuentes oficiales. Una de las cohortes simulaba la población general y otra la población con el VIH adherente al tratamiento (con supresión viral sostenida). Muchos estudios solo incluyen estas dos poblaciones, lo que podría llevar a una sobreestimación del riesgo cardiovascular que implica tener el VIH, debido a que estos estudios no tendrían en cuenta que existe una mayor prevalencia de otros factores de riesgo cardiovascular (como fumar o consumo elevado de alcohol) en la población que vive con el virus.

Por eso, los autores añadieron una tercera cohorte de personas sin el VIH, pero con alto riesgo de adquirirlo y que comparten una alta prevalencia de factores de riesgo para problemas cardiovasculares y otras conductas con la población VIH.

Cada una de estas cohortes presenta una prevalencia y una incidencia de los problemas cardiovasculares distinta, así como de mortalidad relacionada con la edad. Además, se analizaron los datos separando a los hombres y a las mujeres de cada una de las cohortes, por lo que en el modelo se añadieron también los datos de prevalencia de problemas cardiovasculares específicos por sexos.

Los autores calcularon mediante este modelo la incidencia de problemas cardiovasculares y muerte, teniendo en cuenta otras posibles causas de muerte. También calcularon el riesgo acumulado y la esperanza de vida. Se consideró cómo un problema cardiovascular un ataque al corazón, un derrame, la enfermedad coronaria o una angina de pecho.

El modelo estimó que los hombres con el VIH tienen un mayor riesgo cardiovascular acumulado a lo largo de la vida que la población de alto riesgo y la población general. Se estimó que el riesgo acumulado a lo largo de la vida sería de 64,8% en hombres con el VIH, del 59,1% en la población de alto riesgo y del 58,4% en la población general.

En hombres a la edad de 60 años, el riesgo acumulado sería del 12,8% en la población general, del 14,6% en la población de alto riesgo y del 20,5% en la población con el VIH. Este porcentaje implicaría que 1 de cada 5 hombres con el VIH desarrollaría un problema cardiovascular antes de los 60 años. A los 70 años, este riesgo aumentaría hasta el 37,9% en hombres con el VIH, 29,1% en la población de alto riesgo y 25,6% en la población general.

Por lo que respecta a las mujeres, el riesgo acumulado a lo largo de los años es superior en las mujeres con el VIH hasta que se pasan los 70 años, punto dónde la población general empieza a tener un mayor riesgo que la población con el VIH. El riesgo acumulado a lo largo de la vida sería del 43,8% de las mujeres con VIH, del 36,7% de la población de alto riesgo y del 46,1% en la población general.

A los 60 años, las mujeres con el VIH tendrían un riesgo acumulado del 13,8% mientras que la población de alto riesgo tendría un riesgo del 9,7% y la población general del 9,4%. Lo que implica que, a los 60 años, 1 de cada 7 mujeres habría sufrido un problema cardiovascular. A los 70 años, el riesgo acumulado sería del 23,3% en mujeres con el VIH, del 17,3% en la población de alto riesgo y del 17,3% en la población general.

La cohorte de población de alto riesgo tenía una prevalencia de tabaquismo similar a la de la población con el VIH. Sin embargo, sólo los hombres de la población de alto riesgo de 60 años o mayores obtuvieron un riesgo acumulado superior al de la población general. Estos datos sugieren que, aunque fumar incremente el riesgo cardiovascular en la población con el VIH y el resto de la población de forma similar, el VIH por sí mismo incrementaría más el riesgo tanto en hombres como en mujeres.

Asimismo, los resultados mostraron que la esperanza de vida era menor para las personas con el VIH, tanto hombres como mujeres, respecto a la población de alto riesgo y la población general. En hombres esta esperanza era de 70,2 años para los hombres con el VIH, 76,4 años para la población de alto riesgo y 77,5 años para la población general. Para las mujeres, la esperanza de vida fue de 67 años para las mujeres con el VIH, 73,4 años para las mujeres de la población de alto riesgo y 81,1 años para la población general.

El riesgo cardiovascular acumulado a lo largo de la vida en personas con diabetes es del 67,1% en hombres y del 57,3% en mujeres. Unos datos que los autores consideran comparables a los obtenidos en personas con el VIH (64,8% en hombres y 43,8% en mujeres). Muchos estudios apoyan la idea de que la población con diabetes puede reducir su riesgo cardiovascular mediante tratamientos profilácticos, como sería el tratamiento con estatinas. De hecho, varias guías de salud oficiales recomiendan el uso de estatinas en personas con diabetes entre 40 y 75 años para prevenir problemas cardiovasculares.

Es por esto que los autores defienden que sus resultados apuntan a que el VIH debería ser tratado como un factor de riesgo de problemas cardiovasculares similar a la diabetes, por lo que se deberían de hacer estudios para demostrar si la administración de estos tratamientos profilácticos reduciría el riesgo cardiovascular en la población VIH.

Siguiendo esta línea de pensamiento, se ha iniciado un gran estudio clínico llamado REPRIEVE (véase La Noticia del Día 05/06/2015). Este estudio examinará si el tratamiento con pitavastatina (un tipo de estatina) en personas con el VIH tratadas con antirretrovirales y mayores de 40 años ayuda a reducir el riesgo de ataques al corazón, derrames u otras enfermedades cardiovasculares. El estudio durará unos seis años y se estima que se publiquen los primeros resultados en el 2021.

Fuente: Aidsmap/ Elaboración propia (gTt-VIH)
Referencia: Losina E et al. Projecting 10-yr, 20-yr and lifetime risks of cardiovascular disease in persons living with HIV in the US. Clin Infect Dis, advance online publication, 12 June 2017.

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