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Las personas con el VIH tendrían una alta incidencia de enfermedad arterial periférica

Tener recuentos bajos de CD4 y/o diabetes aumentarían la probabilidad de padecerla

Un estudio danés publicado en AIDS ha concluido que las personas con el VIH presentarían una elevada incidencia de enfermedad arterial periférica, la cual se relaciona con un mayor riesgo de padecer problemas circulatorios y enfermedad cardiovascular. Tener diabetes y recuentos bajos de CD4 serían factores que aumentarían la probabilidad de que las personas con el VIH desarrollaran enfermedad arterial periférica.

La enfermedad arterial periférica puede resultar un problema de salud crónico en personas mayores. Sus síntomas son dolor de piernas, problemas de circulación y úlceras en las extremidades inferiores de difícil sanación. Dicha patología conlleva debilidad de las piernas y movilidad reducida. También es un factor de riesgo de padecer un infarto de miocardio o una apoplejía. Incluso en casos de enfermedad arterial periférica de tipo subclínico –es decir, en ausencia de sintomatología- se estima que el riesgo de tener un evento cardiovascular grave se duplica. Los síntomas iniciales de la enfermedad arterial periférica suelen ser calambres dolorosos en las pantorrillas al ejercitarse –síntoma conocido como claudicación– y sensación de pesadez en las piernas.

El diagnóstico de la enfermedad arterial periférica se realiza midiendo la tensión arterial en el tobillo. Si dicha tensión arterial es inferior al 90% de la medida en el brazo, ello sería indicativo de enfermedad arterial periférica. En la población general los principales factores de riesgo son la edad, el tabaquismo y la diabetes.

Para establecer la incidencia de la enfermedad arterial periférica en personas con el VIH y sus posibles factores de riesgo dentro de dicho grupo poblacional, los autores del presente estudio contaron con la participación de 844 personas con el VIH de una cohorte danesa.

Como criterio de inclusión debían tener una medición normal del índice tobillo-brazo (la prueba de tensión arterial comparada entre tobillo y brazo antes descrita) y una segunda medición dos años después. Los participantes fueron incluidos en el estudio entre los años 2015 y 2016.

La mediana de la edad de los participantes era de 50 años, el 86% eran hombres, la práctica totalidad estaban en tratamiento antirretroviral y el 95% tenían carga viral indetectable. El 26% de los participantes eran fumadores activos y el 35% lo habían sido en el pasado. El 40% de los participantes tenía hipertensión arterial, el 45% hipercolesterolemia, el 34% sobrepeso y el 10% obesidad.

La mediana del recuento de CD4 al inicio del estudio era de 667 células/mm3 y el 15% de los participantes tenían historial de diagnóstico de sida. Los participantes llevaban una mediana de 13 años diagnosticados de infección por el VIH y una mediana de 10 años en tratamiento antirretroviral.

El estudio se centró en medir la incidencia de enfermedad arterial periférica subclínica –definida como un valor de índice tobillo-brazo inferior al 90% en ausencia de síntomas- o clínica –definida como un valor de índice tobillo-brazo inferior al 90% junto a síntomas de claudicación- durante el periodo de seguimiento.

Durante una mediana de seguimiento de 2,3 años, el 3,6% de los participantes desarrolló enfermedad arterial periférica.

En el análisis multivariable, que ajustó los resultados por edad, sexo e historial de tabaquismo, se observó que, en la población del estudio, un nuevo diagnóstico de enfermedad arterial periférica se relacionaría de forma significativa con padecer diabetes (riesgo relativo [RR]: 4,90; p= 0,001), tener niveles de CD4 inferiores a 350 células/mm3 (RR: 2,66; p= 0,038) y con tener niveles altos de los biomarcadores de inflamación hsCRP (proteína C reactiva de alta sensibilidad, en sus siglas en inglés) (RR: 1,30 por cada duplicado de los niveles; p= 0,011) e interleuquina 6 (IL-6) (RR: 1,32 por cada duplicado de los niveles; p= 0,047).

El análisis también halló una tendencia no significativa a un mayor riesgo de enfermedad arterial periférica por cada década de tratamiento antirretroviral.

Los investigadores destacaron que la incidencia a dos años observada es alta respecto a la población general e incluso respecto a la ya reportada en un estudio anterior llevado a cabo con exmilitares estadounidenses con el VIH –aunque dicho estudio no presentó definiciones de enfermedad arterial periférica tan precisas como las del presente–.

Cabe destacar que la prevalencia de enfermedad arterial periférica observada en el grupo de participantes con el VIH del presente estudio duplicaría la observada en población seronegativa tras ajustar los resultados por edad y sexo, por lo que el VIH estaría jugando un papel destacado en el desarrollo de la enfermedad arterial periférica –quizás a través de la ya conocida inflamación de bajo nivel asociada a la infección por el VIH, incluso si esta está bien controlada con antirretrovirales-.

Estos resultados podrían favorecer la incorporación del índice tobillo-brazo a la batería de pruebas rutinarias a realizar en el seguimiento de las personas con el VIH, de manera que afloren los casos de enfermedad arterial periférica y se pueda tratar y prevenir su evolución a patologías cardiovasculares más graves.

Fuente:Aidsmap / Elaboración propia (gTt).

Referencia:Suarez-Zdunek M et al. High incidence of subclinical peripheral artery disease in people with HIV. AIDS, published online, 24 May 2022. DOI: 10.1097/QAD.0000000000003252

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