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Un elevado número de personas con el VIH experimentan dolor

Resulta necesario crear intervenciones médicas dirigidas a controlar el dolor y reducir su impacto sobre el bienestar general y la calidad de vida de las personas que lo experimentan

Experimentar dolor es muy frecuente entre las personas con el VIH, un hecho que tiene un impacto importante sobre la salud mental, la calidad de vida, el empleo y el uso de los recursos sanitarios de las personas que lo sufren. Estos son los principales resultados de un estudio publicado recientemente en la edición online de la revista AIDS.

Es bien conocido que las personas mayores con el VIH tienen una mayor posibilidad de experimentar dolor que la población general de similar edad y, de hecho, representa la segunda causa más común por la que estos pacientes buscan atención médica. El pasado año, la Asociación de Medicina del VIH (HIVMA, en sus siglas en inglés), de la Sociedad Americana de Enfermedades Infecciosas (IDSA, en sus siglas en inglés), hizo públicas las primeras directrices integrales sobre el manejo del dolor crónico en personas con el VIH (véase La Noticia del Día 26-09-2017). Sin embargo, no existe demasiada información acerca de la prevalencia y el impacto que el dolor tiene en la vida de las personas con el VIH.

Con el fin de arrojar algo más de luz sobre estas cuestiones, un equipo de investigadores del estudio de cohorte prospectivo de Europa (POPPY) diseñó un estudio observacional y transversal.

El estudio contó con tres grupos de participantes que fueron inscritos entre 2013 y 2016 y que provenían de siete zonas diferentes del Reino Unido e Irlanda. El primero estaba formado por 676 personas con el VIH mayores de 50 años, el segundo por 357 personas con el VIH menores de 50 años y, por último, un grupo control formado por 295 personas mayores sin el VIH. La mayor parte de los integrantes de este último grupo fueron inscritos en centros de salud sexual y organizaciones comunitarias. Los participantes de los diferentes brazos de estudio fueron emparejados por edad, etnia, orientación sexual y zona geográfica.

Casi todos los participantes con el VIH (98%) estaban tomando tratamiento antirretroviral, el 90% tenía la carga viral indetectable y su recuento mediano de células CD4 fue de 626 células/mm3.

A través de cuestionarios autoadministrados se preguntó a las personas participantes si, en aquel momento, notaban dolores o molestias que se hubiesen prolongado por un día o más o si los habían tenido en el mes anterior. Para evaluar el impacto del dolor también se recopiló información sobre calidad de vida (según la propia declaración de la persona), prevalencia de síntomas depresivos, situación laboral, pérdida de días de trabajo y estudio debidos al dolor, y uso de los servicios médicos como las visitas al médico.

El 44% de los participantes indicaron sentir dolor en el momento de la encuesta. La prevalencia del dolor en aquel momento fue significativamente mayor (p= 0,007) entre las personas con el VIH de más edad (49%), en comparación con las personas con el VIH más jóvenes (38%) y los participantes sin el VIH (40%). Los investigadores calcularon que, en comparación con las personas mayores con el VIH, los otros dos grupos de estudio tuvieron aproximadamente un tercio menos de probabilidades de haber declarado tener dolor en el momento de la encuesta.

En conjunto, dos tercios de los participantes informaron haber experimentado dolor en el mes anterior. Una vez más, la prevalencia fue significativamente más alta (p= 0,03) entre las personas mayores con el VIH (70%) en comparación con las personas con el VIH más jóvenes (63%) y el grupo control (64%). Los participantes con el VIH más jóvenes y las personas del grupo de control fueron un 28% y 26%, de forma respectiva, menos propensos a reportar dolor en el mes anterior en comparación con las personas con el VIH mayores.

Las personas que informaron sentir dolor en el momento o en el mes anterior tenían más probabilidades de ser mujeres, heterosexuales y de etnia negra africana.

Varios resultados sugirieron que el dolor tuvo un gran impacto en el bienestar general, la calidad de vida y el uso de los servicios médicos. Alrededor del 14% de las personas que comunicaron que sufrían dolor dijeron haber perdido días de trabajo o de estudio por esta causa; esto incluyó al 19% de las personas mayores con el VIH, al 12% de las personas con el VIH más jóvenes y al 8% de los controles. Aproximadamente un tercio de los participantes que declararon sentir dolor en la actualidad no tenían trabajo o estaban de baja por enfermedad, una tasa que es el doble de la observada en las personas que no sufrían dolor hoy en día.

En total, el 59% de las personas con dolor dijeron que habían consultado a un médico debido a este motivo, lo que incluyó a alrededor de dos tercios de las personas mayores con el VIH y del grupo control y a la mitad de las personas con el VIH más jóvenes.

El 60% de las personas con el VIH mayores con dolor en el momento del estudio declararon tener depresión, una prevalencia significativamente más alta que la observada en los participantes con el VIH sin dolor (37%). Casi todos los parámetros referidos a la calidad de vida fueron más deficientes en las personas con el VIH que indicaron sentir dolor en el momento de la encuesta.

Los resultados del presente estudio ponen de manifiesto que, incluso en la era de los tratamientos antirretrovirales efectivos, el dolor sigue siendo común entre las personas con el VIH, lo cual tiene un gran impacto en la calidad de vida de estas personas y en los gastos sociales y de salud asociados.

Según los autores, se requieren intervenciones que ayuden al personal médico a controlar de manera proactiva el dolor en sus pacientes y para ayudar a las personas que viven con el VIH a comunicar su dolor a los médicos y poder controlar por ellos mismos el dolor y los síntomas relacionados.

Fuente: Aidsmap/Elaboración propia (gTt-VIH).
Referencia: Sabin CA et al. Pain in people living with HIV and its association with healthcare resource use, well-being and functional status. AIDS, online edition, DOI: 10.1097/QAD.0000000000002021, 2018.

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