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Pocas evidencias sólidas apoyan el uso de medicamentos frente al VIH para el tratamiento o la prevención de la COVID-19

Es esencial volver a la rigurosidad en el desarrollo de los ensayos clínicos y en la metodología de revisión por pares de las publicaciones científica

Un artículo llevado a cabo por dos doctores con amplia experiencia en el VIH, publicado en HIV Medicine, ha apuntado a que los artículos científicos relativos a la eficacia de antirretrovirales en el ámbito de la infección por el SARS-CoV-2 –el coronavirus causante de la COVID-19 (acrónimo en inglés de enfermedad por coronavirus 2019) – se basarían en pocas evidencias científicas sólidas. En su análisis ven esencial la vuelta a la rigurosidad en los ensayos clínicos y en la metodología de revisión por pares de las publicaciones científicas, pilares básicos de una medicina basada en la evidencia de calidad.

Los autores reconocen que la epidemia de la COVID-19 ha precisado de una rápida respuesta sanitaria y que utilizar fármacos ya existentes en nuevas indicaciones no es nada nuevo. De hecho, en los inicios de la epidemia causada por el VIH esta aproximación terapéutica permitió dar con zidovudina (AZT), un fármaco que había resultado fallido para tratar el cáncer y que acabó siendo efectivo frente al VIH y sirviendo de modelo para el desarrollo de otros inhibidores de la transcriptasa inversa análogos de nucleósido (ITIN). Sin embargo, probar un fármaco ya aprobado en una nueva indicación no debería ser excusa para evitar validaciones preclínicas en dicha nueva indicación. De hecho, un uso demasiado prematuro de un fármaco en una nueva indicación puede producir desabastecimientos para tratar condiciones con indicación ya aprobada o efectos secundarios inesperados que afecten al balance riesgo-beneficio en la nueva indicación.

En el caso de la COVID-19, el uso de antirretrovirales comenzó al poco tiempo de detectarse los primeros casos de la nueva patología. El hecho de que en las dos anteriores epidemias causadas por coronavirus (SARS y MERS) se hubieran utilizado inhibidores de la proteasa (aun con evidencias clínicas de eficacia muy limitadas) llevó a incluirlos rápidamente en los protocolos de tratamiento de la COVID-19, una estrategia que finalmente se demostró ineficaz (véase La Noticia del Día 23/03/2020).

Los autores del presente artículo hallaron solo 10 estudios publicados sobre el uso de inhibidores de la proteasa en SARS y MERS (de los cuales 6 eran estudios de un único caso) y en el caso de la COVID-19 identificaron 14 estudios (4 estudios de un único caso, 1 serie de casos, 8 estudios de cohorte retrospectiva y solo dos ensayos clínicos de distribución aleatoria [el tipo de estudio idóneo para probar un medicamento]).

De todos modos, se halló cierta evidencia de que los inhibidores de la proteasa podrían tener utilidad si el tratamiento se inicia dentro de los primeros 12 días posteriores a la infección, algo que aún está siendo investigado. En todo caso, los estudios in vitro muestran que las dosis potencialmente eficaces del inhibidor de la proteasa lopinavir/ritonavir (especialidad farmacéutica genérica [EFG], Kaletra®) frente al SARS-CoV-2 serían muy superiores a las usadas frente al VIH, por lo que su potencial toxicidad al ser usado a dosis altas hace difícil que pueda tener algún tipo de utilidad.

Otros usos que se están investigando de los antirretrovirales en la COVID-19 son como profilaxis preexposición (PrEP, en sus siglas en inglés) o dentro de estudios que investigan la profilaxis postexposición (PPE). Como PrEP se está investigando en España tenofovir disoproxilo fumarato [TDF] / emtricitabina (EFG, Truvada®) junto a hidroxicloroquina (véase La Noticia del Día 21/04/2020). El estudio que investigaba la PPE e incluía darunavir (EFG, Prezista®) en su diseño, realizado en Cataluña (véase La Noticia del Día 30/03/2020), anunció recientemente que la estrategia fue ineficaz.

TDF aparentemente podría tener cierto papel en la COVID-19 por su papel inmunomodulador, pero las evidencias son muy escasas sobre su potencial utilidad frente a esta condición. De hecho, el reciente fracaso de hidroxicloroquina (que también presenta actividad inmunomoduladora) lleva al escepticismo.

Los autores del artículo concluyen que, al afrontar una nueva patología, es importante no olvidar la jerarquía de las evidencias científicas, que son las que deben guiar el diseño y la interpretación de los estudios. Los modelos teóricos pueden tener su sentido, pero siempre deben ser interpretados con precaución. También consideran esencial volver a los procesos de revisión por pares, los cuales suponen un filtro importante de cara a la publicación de artículos científicos con unos estándares de calidad adecuados.

Fuente: Aidsmap / Elaboración propia (gTt-VIH).

Referencia: Waters L and Rockstroh JK. Antiretroviral HIV drugs in COVID-19 research: promises and risks. An opinion piece. HIV Medicine, peer reviewed, published online ahead of print, 16 June 2020 (open access). https://doi.org/10.1111/hiv.12913

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