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Una de cada cinco personas que toma Atripla® debe cambiar de tratamiento por problemas en el sistema nervioso central

Sin embargo, más del 80% sigue con el medicamento un año después de iniciar su toma

Una quinta parte de las personas que empezaron tratamiento con efavirenz/tenofovir/emtricitabina (Atripla®) tuvieron que interrumpirlo por causa de acontecimientos adversos, principalmente de tipo neuropsiquiátrico (insomnio, sueños vividos, mareos, ansiedad o depresión). Estas son las conclusiones a las que llegó un estudio británico publicado en AIDS.

Aunque la combinación presente en Atripla® es segura y eficaz y constituye uno de los tratamientos de primera línea de la infección por VIH, los síntomas neuropsiquiátricos, asociados a la presencia de efavirenz en la combinación, son frecuentes y, pese a que suelen desaparecer conforme el organismo se adapta al fármaco, en algunos pacientes los efectos adversos persisten.

Para evaluar el impacto de los acontecimientos adversos sobre la interrupción del tratamiento con Atripla®, los investigadores realizaron un estudio retrospectivo que contó con la participación de 472 personas pertenecientes a una cohorte londinense que habían recibido Atripla® como primer tratamiento antirretroviral.

La mayoría de los participantes (94%) eran hombres, el 75%, de etnia blanca y la mediana de edad fue de 37 años. La mediana del recuento de CD4 al inicio del tratamiento fue de 285 células/mm3.

El 81% de las personas que comenzaron la terapia con Atripla® seguían tomando el tratamiento a los 12 meses de su inicio, mientras que el 19% habían cambiado de terapia durante ese período. El 98% de los participantes bajo tratamiento tenían carga viral indetectable.

La razón más frecuente para el cambio de tratamiento (71% de los casos) fue la toxicidad sobre el sistema nervioso central. De estas personas, el 44% experimentó pesadillas o sueños vívidos, el 43%, insomnio y el 35%, depresión.

Las personas con toxicidad sobre el sistema nervioso presentaban unas características demográficas (sexo, edad, etc.) similares a las de quienes no la presentaron.

El 10% de las personas que padecieron depresión la habían sufrido en el pasado. Un tercio de estas personas habían tomado antidepresivos.

Otras razones que llevaron a la interrupción del tratamiento con Atripla® fueron: toxicidad hepática (8%), exantema cutáneo (7%), fracaso virológico o resistencia (7%), embarazo (3%), participación en un ensayo clínico (2%) e interacciones con otros fármacos (1%).

La mediana de duración del primer acontecimiento adverso neuropsiquiátrico fue de 27 días (rango intercuartil [RIC]: 7-104 días). La interrupción del tratamiento tuvo lugar tras una mediana de 294 días de terapia (RIC: 108-495 días).

Entre las personas que finalmente cambiaron de tratamiento por efectos adversos sobre el sistema nervioso central, el 10% cambiaron de terapia dentro de las cuatro primeras semanas, el 6% entre la cuarta y la duodécima semana, el 48% entre la semana 12 y la 52, y el 36% lo hizo tras más de un año de tratamiento.

Dentro de los datos disponibles, el 40% de los participantes con efectos adversos neuropsiquiátricos que cambiaron de tratamiento manifestaron mejora o desaparición de dichos problemas al interrumpir el tratamiento.

Los investigadores concluyeron que una quinta parte de los tratados con Atripla® debe interrumpir el tratamiento por causa de los efectos adversos, siendo la principal responsable la toxicidad sobre el sistema nervioso central.

En anteriores estudios, se relacionaron las mayores tasas de este efecto secundario en personas con determinados polimorfismos del gen del citocromo P450 2B6, asociados a ancestros de origen africano, pero en el presente estudio no se observó una mayor frecuencia en dicho grupo étnico.

A partir de los resultados del presente estudio, parece importante un adecuado seguimiento del estado neuropsiquiátrico de las personas que toman Atripla®, de manera que se puedan detectar de forma temprana los efectos adversos sobre el sistema nervioso central, que tanto condicionan la calidad de vida de las personas que los sufren, y se pueda optar por una opción terapéutica más tolerable.

Fuente: HIVandHepatitis.
Referencia: Scourfield A, et al.Discontinuation of Atripla as first-line therapy in HIV-1 infected individuals. AIDS 26(11):1.399-1.401. July 17, 2012.

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