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El riesgo de infecciones irruptivas por COVID-19 sería mayor en personas con trastorno por consumo de drogas vacunadas

Un estudio apunta a que los problemas de salud concomitantes y los factores socioeconómicos perjudiciales podrían contribuir a incrementar dicho riesgo de infección tras la pauta completa de vacunación

Un estudio estadounidense, cuyos resultados se han publicado en la revista World Psychiatry, ha revelado que las personas que han recibido la pauta completa de vacunación frente a la COVID-19 en EE UU con trastorno por consumo de sustancias tienen un mayor riesgo de infección irruptiva por el SARS-CoV-2 que, aun siendo en general reducido, es mayor que el de las personas vacunadas sin dicho trastorno. Probablemente, este riesgo más elevado se debe, en gran medida, a las enfermedades concomitantes y a los determinantes socioeconómicos adversos para la salud, que son más frecuentes entre personas con trastorno por consumo de sustancias.

Una infección irruptiva ocurre cuando alguien que está completamente vacunado, es decir, dos semanas después de haber recibido la última dosis de la pauta de vacunación, adquiere de nuevo la COVID-19. Las personas que contraen la COVID-19 en el plazo de los 14 días tras recibir la última dosis no se clasifican como casos de infección irruptiva, ya que dentro de este período el cuerpo aún no ha desarrollado una respuesta inmunitaria completa frente al virus.

Las personas con trastorno por consumo de sustancias y/o drogas suelen presentar un mayor número de problemas de salud concomitantes. Los trastornos por consumo de sustancias, por ejemplo, están estrechamente asociados al VIH y a otras infecciones de transmisión sexual. Además, las personas con este trastorno, con frecuencia, se hallan en unas circunstancias socioeconómicas que menoscaban su estado de salud. La vacunación frente al SARS-Cov-2 resulta de suma eficacia en estas personas, siendo el riesgo de reinfección muy reducido en las que se han vacunado.

Los estudios realizados en las primeras fases de la pandemia evidenciaron que las personas con trastorno por consumo de sustancias tenían un mayor riesgo de adquirir la infección por el SARS-CoV-2 y una probabilidad más alta de padecer COVID-19 grave que requiriera hospitalización o provocara la muerte. Este fue el caso en particular entre personas de raza negra con trastorno por consumo de sustancias. Desde entonces, se ha generalizado la vacunación para las personas de 12 años o más, que reduce en gran medida el riesgo de contraer la COVID-19 y desarrollar una enfermedad grave.

Sin embargo, los ensayos clínicos que evaluaban la eficacia de las vacunas frente al SARS-CoV-2 no incluyeron de modo específico a personas con trastorno por consumo de sustancias. Como muchas de estas personas están inmunodeprimidas debido al consumo de drogas y/o sustancias y a enfermedades concurrentes, los investigadores plantearon la hipótesis de que esta población podría tener un mayor riesgo de adquirir infecciones irruptivas después de vacunarse frente al SARS-CoV-2 y consideraron recomendable que estas personas continuaran tomando medidas de protección frente a la COVID-19 después de la vacunación.

Con el objetivo de arrojar algo más de luz sobre esta cuestión, un equipo de investigadores del Instituto Nacional sobre Abuso de Drogas de los Institutos Nacionales de Salud de EE UU (NIDA y NIH, respectivamente, en sus siglas en inglés) realizó un estudio en el que se analizaron los registros electrónicos clínicos de casi 580.000 personas en el país norteamericano, con y sin trastornos por consumo de sustancias, que recibieron la pauta de vacunación completa frente a la COVID-19 entre el 1 de diciembre de 2020 y el 14 de agosto de 2021, y que no se habían infectado por el SARS-CoV-2 antes de la vacuna. La determinación del estado de la infección se estableció a partir del código de diagnóstico de la Clasificación Internacional de Enfermedades (CIE-10) de la COVID-19 o en presencia confirmada por pruebas de laboratorio de infección por SARS-CoV-2 y ARN relacionado.

Se determinó la proporción de personas en cada grupo –el de personas con trastorno por consumo de sustancias y el de personas sin dicho trastorno– que contrajeron el SARS-CoV-2 al menos 14 días después de la última dosis de la pauta de vacunación. Este análisis se repitió después de emparejar a los pacientes con y sin trastorno por consumo de sustancias con respecto a las características demográficas; los factores socioeconómicos que influyen en la salud, como la inestabilidad habitacional o laboral; y las enfermedades físicas de por vida, como hipertensión arterial, enfermedades cardiacas, obesidad o diabetes. También se examinó si las personas que habían recibido la vacunación completa y presentaban una infección por la COVID-19 tenían un riesgo distinto de hospitalización y muerte en comparación con las personas emparejadas sin infección posvacunación.

Los investigadores hallaron que el riesgo de infecciones irruptivas por la COVID-19 tras la vacunación era significativamente mayor en las personas con trastorno por consumo de sustancias que en las que no lo padecían: el 7% de las personas vacunadas con este trastorno se infectaron por el SARS-CoV-2 durante el estudio, en comparación con el 3,6% de las personas vacunadas sin trastorno por consumo de sustancias. El riesgo de infección por la COVID-19 tras vacunarse varió ligeramente entre las personas con diferentes trastornos por consumo de sustancias, oscilando entre el 6,8% de las personas con trastorno por consumo de tabaco y el 7,8% de las personas con trastorno por consumo de cannabis.

El estudio sugiere que el mayor riesgo de infección por el SARS-Cov-2 tras la vacunación en personas con trastorno por consumo de sustancias se debió, principalmente, a las enfermedades concomitantes y a las características socioeconómicas adversas. Cuando se controlaron estos factores, las personas con la mayoría de los trastornos por consumo de sustancias dejaron de mostrar tasas elevadas de infección después de recibir la vacuna.

La única excepción fueron las personas con trastorno por consumo de cannabis, que seguían teniendo un 55% más de probabilidades de infección irruptiva que las personas sin trastorno por consumo de sustancias, a pesar de que los pacientes con trastorno por consumo de cannabis solían ser más jóvenes y tenían menos enfermedades concomitantes que los que padecían otros trastornos por consumo de sustancias. Los autores plantean la hipótesis de que factores como los efectos adversos del cannabis sobre la función pulmonar e inmunitaria pueden haber contribuido al mayor riesgo de infección posvacunación en este grupo.

Además, entre las personas vacunadas con trastorno por consumo de sustancias, las que adquirieron la infección tras recibir la vacuna tuvieron un mayor riesgo de resultados graves por la COVID-19, incluyendo la hospitalización y la muerte: el 22,5% de quienes tuvieron una infección irruptiva requirieron hospitalización y el 1,7% murieron durante el periodo de estudio, en comparación con el 1,6% y el 0,5%, respectivamente, de las personas que no tuvieron infección irruptiva. Por otra parte, el riesgo de resultados graves asociados con la COVID-19 por infección irruptiva fue mayor en pacientes con trastorno por consumo de sustancias que en los que no lo padecían.

Concluyen los investigadores señalando que los hallazgos de su estudio revelan que, aunque la vacuna frente a la COVID-19 resulta importante y eficaz, algunos de los factores que hacían particularmente vulnerables a las personas con trastorno por consumo de sustancias y que las predisponía a desenlaces graves son aplicables a la infección irruptiva por el SARS-CoV-2 tras de la vacunación. Por ello, es importante continuar evaluando la eficacia de las vacunas frente a la COVID-19 y los efectos a largo plazo de la infección por el SARS-CoV-2, especialmente entre las personas con trastornos por consumo de drogas y/o sustancias.

Fuente: NIH /Elaboración propia (gTt).

Referencia: Wang L, Wang QQ, Davis PB, et al. Increased risk for COVID-19 breakthrough infection in fully vaccinated patients with substance use disorders in the United States between December 2020 and August 2021. World Psychiatry. DOI: 10.1002/wps.20921 (2021).

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