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Riesgo prematuro de fracturas por fragilidad en hombres con el VIH

El riesgo de fracturas comenzaría a incrementarse a partir de los 50 años en hombres con el VIH y a partir de los 60 en hombres sin el VIH

Según un estudio estadounidense publicado en AIDS, la incidencia de fracturas óseas en hombres con el VIH comenzaría a aumentar una década antes que en hombres sin el VIH.

Los problemas óseos tales como la osteopenia (densidad mineral ósea baja, paso previo al desarrollo de osteoporosis) o la propia osteoporosis son más frecuentes entre personas con el VIH que entre aquellas no infectadas con características demográficas similares.

Entre las posibles causas se encuentran la inflamación asociada al VIH y el tratamiento antirretroviral -especialmente tenofovir-TDF (Viread®, también en Truvada®, Atripla®, Eviplera® y Stribild®) y la familia de los inhibidores de la proteasa. En este sentido, se ha observado que la densidad mineral ósea generalmente disminuye entre un 2 y un 6% durante los dos primeros años tras el inicio del tratamiento antirretroviral. Además, los resultados de diversos estudios han evidenciado que las personas con VIH acostumbran a tener más factores de riesgo de osteoporosis, entre los que se incluyen el tabaquismo, el consumo elevado de alcohol, un menor peso corporal y la desnutrición. El envejecimiento de las personas con el VIH hace que la pérdida mineral ósea sea un problema aún más grave. En lo que respecta al sexo masculino, la disminución de los niveles de testosterona asociada al VIH y a la edad también tendría un efecto negativo sobre la salud ósea (véase La Noticia del Día 30/01/2017).

El principal riesgo relacionado con la osteopenia y la osteoporosis es el de padecer fracturas, conocidas como fracturas por fragilidad.

Para determinar el rango de edad en el que las personas con el VIH comienzan a experimentar un riesgo incrementado de fracturas por fragilidad, los investigadores diseñaron un estudio prospectivo y multicéntrico en el cual se comparó la incidencia de fracturas óseas de hombres con el VIH con la de aquellos no infectados. Los participantes pertenecían al Estudio de Cohorte Multicéntrico del Sida (MACS, en sus siglas en inglés).

Los investigadores recopilaron datos de fracturas (proporcionados por los propios participantes) de 1.221 hombres con el VIH y de 1.408 hombres sin el virus.

El grupo control se seleccionó con diversos factores de riesgo en proporción similar a la observada entre los hombres con el VIH (edad, índice de masa corporal [IMC], función renal y consumo de alcohol). No obstante, el grupo con el VIH tenía una mayor proporción de integrantes de etnia no blanca, de coinfectados por el virus de la hepatitis C (VHC) y de fumadores activos.

La mediana del recuento de CD4 entre los hombres con el VIH era de 490 células/mm3. Dos tercios tomaban tenofovir-TDF (con una mediana de exposición acumulada de algo más de tres años). El 44% de los participantes tomaban inhibidores de la proteasa (con una mediana de exposición acumulada de 4,5 años).

Tras aproximadamente 34.000 persona-años de seguimiento, 379 hombres experimentaron fracturas óseas, lo que supuso una tasa de incidencia global de 11,2 fracturas por cada 1.000 persona-años de seguimiento.

Un total de 182 de estas fracturas tuvieron lugar en hombres con el VIH (tasa de incidencia [TI]: 12,8 por cada 1.000 persona-años) y 197 en hombres sin el VIH (TI: 10,0 por cada 1.000 persona-años).

Al estratificar los resultados por edad, la incidencia de fracturas en hombres sin el VIH por edad fue constante entre los 40 y los 60 años y a partir de esta edad se incrementó.

Sin embargo, en hombres con el VIH la incidencia de padecer fracturas se incrementó a partir de los 50 años.

Tras ajustar diversos factores de riesgo, la hipertensión fue el único significativamente asociado a un riesgo incrementado de padecer fracturas (tasa de riesgo de incidencia ajustada [aIRR, en sus siglas en inglés]: 1,32; intervalo de confianza del 95% [IC95%]: 1,04-1,69).

El VIH modificó de forma significativa el efecto de la edad sobre el riesgo de padecer fracturas (p= 0,002). Respecto a hombres sin el VIH de edades comprendidas entre los 40 y los 49 años, aquellos con VIH y edades comprendidas entre los 50 y los 59 (aIRR: 1,92; IC95%: 1,41-2,61) y aquellos sin el VIH con edades a partir de los 60 años (aIRR: 1,51; IC95%: 1,06-2,16)  presentaron un riesgo significativamente incrementado de padecer fracturas.

En el análisis restringido a hombres con el VIH, respecto a aquellos con edades comprendidas entre los 40 y los 49 años, aquellos con edades entre los 50 y los 59 años (aIRR: 1,66; IC95%: 1,18-2,34) presentaron un mayor riesgo de padecer fracturas. Tener un IMC más elevado redujo el riesgo de padecer fracturas. Ni el uso de tenofovir-TDF ni el de inhibidores de la proteasa se relacionaron con un mayor riesgo de padecer fracturas.

Durante el estudio se detectaron un total de 140 fracturas por fragilidad en 36.060 persona-años de seguimiento. Su incidencia fue superior en personas con el VIH a la observada en personas sin el virus (4,6 y 3,4 casos por cada 1.000 persona-años de seguimiento; respectivamente).

Entre hombres sin el VIH se observó que aquellos con edades entre los 40 y los 49 años presentaron tasas de incidencia de fracturas por fragilidad similares a las de aquellos con edades entre los 50 y los 59 años (en ambos grupos 2,9 casos por cada 1.000 persona-años de seguimiento). Dicha tasa fue más elevada entre los hombres sin el VIH a partir de los 60 años (5,1 casos por cada 1.000 persona-años de seguimiento).

Entre hombres con el VIH la incidencia de fracturas por fragilidad se incrementó de 2,6 casos por cada 1.000 persona-años de seguimiento en hombres con edades entre los 40 y los 49 años hasta los 6,3 casos por cada 1.000 persona-años de seguimiento en hombres con edades entre los 50 y los 59 años y hasta los 7,6 casos por cada 1.000 persona-años de seguimiento en hombres con edades a partir de los 60 años.

Los hombres con el VIH y edades comprendidas entre los 50 y los 59 años presentaron un riesgo de padecer fracturas por fragilidad que duplicó el de aquellos sin el VIH con edades comprendidas entre los 40 y los 49 años (aIRR: 2,11; IC95%: 1,24-3,55).

El análisis de las fracturas por fragilidad restringido a hombres con el VIH mostró que el riesgo de padecer fracturas por fragilidad se incrementó con la edad. Estar en tratamiento antirretroviral incrementó dicho riesgo, pero no de forma significativa (aIRR: 2,54; IC95%: 0,97-6,61). Ni la carga viral ni el uso acumulado de tenofovir-TDF ni el de inhibidores de la proteasa se relacionaron significativamente con un mayor riesgo de experimentar fracturas por fragilidad.

Los resultados del presente estudio muestran cómo el incremento del riesgo de fracturas asociado a la edad se avanzaría una década en hombres con el VIH. Por ello, es esencial el seguimiento de la salud ósea a partir de los 50 años a través de evaluación rutinaria de la densidad mineral ósea por medio de densitometrías (también conocidas como escáneres DEXA o DXA, absorciometría dual de rayos X, en sus siglas en inglés), algo ya recogido en recomendaciones llevadas a cabo por paneles de expertos internacionales (véase La Noticia del Día 03/02/2015).

Fuente: Aidsmap / Elaboración propia (gTt-VIH).
Referencia: Gonciula A et al. An increased rate of fracture occurs a decade earlier in HIV + compared with HIV – men. AIDS 31: 1435-43, 2017.

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