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La pandemia de la COVID-19 podría provocar un aumento de la mortalidad en personas con el VIH en África

Un informe de la Organización Mundial de la Salud advierte de que podrían alcanzarse las 500.000 muertes adicionales en África entre 2020 y 2021 si, debido a la epidemia del COVID-19, se interrumpe el suministro del tratamiento antirretroviral y otros servicios relacionados con atención médica del VIH.

La Organización Mundial de la Salud (OMS), junto con el Programa Conjunto de las Naciones Unidas sobre el VIH/Sida (ONUSIDA), ha emitido un comunicado de prensa para informar sobre los resultados de cinco estudios diferentes realizados por un grupo de expertos en modelización que han investigado el impacto del COVID-19 sobre el diagnóstico, la prevención, la atención y el tratamiento del VIH en los 13 países estudiados: aquellos que se extienden desde Kenia hasta Sudáfrica en África oriental y meridional y Nigeria, Camerún y Costa de Marfil de África occidental.

Debido a la pandemia de la COVID-19 presente en los últimos meses, en África permanecen cerrados los servicios dedicados a la lucha contra el VIH y hay problemas en el suministro de los antirretrovirales. Estas condiciones se ven agravadas por el desbordamiento de los servicios hospitalarios a la hora de dar una respuesta a la COVID-19. En una encuesta realizada en Sudáfrica a pacientes con el VIH, un 13% respondió haber perdido el acceso al tratamiento antirretroviral. En Zimbabue, una rápida evaluación sobre el impacto de la pandemia del nuevo coronavirus sobre la infección por el VIH reveló que el 19% de los pacientes no habían podido continuar con su medicación.

No tomar regularmente la medicación acaba provocando la pérdida del control viral, lo que conlleva a efectos perjudiciales sobre la salud de las personas con el VIH que pueden desembocar en la muerte. En 2018, había alrededor de 25,7 millones de personas con VIH en el África subsahariana de las cuales el 64% (16,4 millones) estaban recibiendo tratamiento antirretroviral. La cifra de muertes relacionadas con el VIH en 2018 en esta región fue de 470.000 personas. Este número, según la síntesis de los cinco estudios referidos por la OMS, podría aumentar hasta el millón de muertes, es decir, un aumento de 2,2 veces en la mortalidad por el VIH.

Esta investigación reunió a cinco equipos expertos en modelización que utilizan diferentes modelos matemáticos que han sido usados anteriormente para la epidemia del VIH: el modelo de objetivos utilizado en la estrategia Fast Track de ONUSIDA; el modelo Óptima que permite desarrollar evaluaciones económicas de salud relacionadas con el VIH; el modelo de síntesis de VIH para medir el impacto de varias intervenciones contra el VIH y que recientemente ha sido empleado para la profilaxis preexposición al VIH (PrEP) en Sudáfrica; el modelo Imperial basado en la epidemia sudafricana y desarrollado para estimar el impacto de los anticonceptivos inyectables en mujeres sobre la epidemia del VIH; y un último y complejo modelo llamado EMOD que puede usarse para modelar la transmisión de cualquier enfermedad infecciosa.

Los investigadores recalcan que los supuestos introducidos en los modelos, es decir, la interrupción total del suministro del tratamiento a todas las personas con VIH durante un periodo de tres o seis meses, son los peores escenarios y es poco probable llegar a ese nivel. Sin embargo, indican que puede ocurrir en pequeños grupos de poblaciones clave como trabajadoras sexuales u hombres gais, bisexuales y otros hombres que practican sexo con hombres (GBHSH), que son particularmente vulnerables a las interrupciones.

Aunque los modelos realizan estudios de la población a distintos niveles, sus hallazgos fueron muy similares. Los cinco llegaron a la conclusión de que la interrupción del suministro del TAR como consecuencia de la COVID-19 es el factor que puede tener un mayor impacto sobre la mortalidad y la incidencia del VIH en el próximo año. El modelo Optima encontró que la mortalidad anual aumentaría un 35% si se viese inhabilitado el suministro de la medicación a cada persona con el VIH durante tres meses. El mayor aumento fue obtenido por el modelo Óptima con un 131%. Estos datos se ven agravados si la interrupción fuese durante seis meses, dando un aumento de la tasa de mortalidad para ese mismo año del 87% en el modelo Óptima y del 180% en el modelo de síntesis de VIH.

Los resultados para las nuevas infecciones por el VIH, es decir, la incidencia anual de la infección en el año 2021 tuvo un aumento menor. Solo el modelo EMOD encontró un aumento mucho mayor del 172% explicado por el aumento del 54% del riesgo de VIH como consecuencia de la pérdida de la supresión viral.

Los modelos encontraron otros factores que contribuían de forma menor al aumento de la mortalidad por el VIH. Para dos modelos, el hecho de suspender durante seis meses los programas de prevención de la transmisión vertical de madre a hijo afectaría a la mortalidad y a la incidencia en un aumento del 10-12%. Otro factor encontrado es la sobrecarga de los sistemas de salud por COVID-19 y la imposibilidad de tratar otras infecciones oportunistas y enfermedades, el cual agregaría entre un 7% y un 16% el número de muertes. Por otro lado, interrumpir el suministro de preservativos aumentaría la incidencia del VIH del 10% al 28% en diferentes modelos.

Países como Nigeria que presentaba 53.000 muertes en 2019 asociadas al VIH al no contar con una buena cobertura del tratamiento para todas las personas con el VIH, verían aumentar su tasa de mortalidad de un 50% a un 128%, según el modelo utilizado, si se interrumpiese el tratamiento durante seis meses. Sin embargo, Botswana, que gracias a su pequeña población y una mayor cobertura del TAR tuvo solo 4.800 muertes en 2019, experimentaría un aumento de la mortalidad de 6.100 personas a 19.350. Es decir, dependiendo del modelo empleado, el aumento podría ser desde el 127% hasta un 400%.

Los expertos de la OMS y de ONUSIDA indican que este posible aumento de la mortalidad por el VIH sería como retroceder en la historia por lo que ven urgente la necesidad de preservar la continuidad de los servicios de prevención, atención y tratamiento del VIH. Instan a los países a dar prioridad a reforzar el acceso al tratamiento para asegurar que todas las personas con el VIH pueden seguir recibiéndolo.

Aunque es necesario contener el avance del COVID-19 y frenar el número de nuevos casos, así como de las muertes relacionadas, es importante que no se sacrifique la respuesta al VIH pues en los siguientes 5 años podríamos ver aumentadas en exceso las tasas de muertes asociadas al VIH.

Fuente: Aidsmap / Elaboración propia (gTt-VIH)
Referencias: Jewell BL et al. Potential effects of disruption to HIV programmes in sub-Saharan Africa caused by COVID-19: results from multiple mathematical models. University College London preprint, May 2020.

WHO Press Release. The cost of inaction: COVID-19-related service disruptions could cause hundreds of thousands of extra deaths from HIV. May 2020.

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