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El manejo de la enfermedad renal en personas con el VIH es complejo y precisa de un abordaje multidisciplinario

Un estudio español considera que ese sería el único camino para reducir la morbimortalidad asociada a la concurrencia de dichas patologías

A pesar de que los tratamientos antirretrovirales presentan cada vez un menor impacto renal, el envejecimiento progresivo de la población con el VIH y el impacto negativo del propio virus y de algunos antirretrovirales ampliamente utilizados durante años sobre los riñones ha multiplicado la prevalencia de la enfermedad renal crónica durante la última década hasta llegar a prácticamente el 2%. Así se ha hallado en un estudio español prospectivo cuyos resultados han sido publicados en la revisa HIV Medicine. Cabe destacar que algunos estudios han evidenciado que tener enfermedad renal crónica aumentaría el riesgo de complicaciones graves y de fallecer en personas con el VIH (véase La Noticia del Día 28/10/2019).

Con el objeto de proporcionar un abordaje multidisciplinario a la patología renal en el contexto de la infección por el VIH –para reducir el riesgo de interacciones y toxicidades medicamentosas y la morbimortalidad asociada a la combinación de la enfermedad renal crónica y la infección por el VIH– un equipo de investigadores del Hospital Universitari Germans Trias i Pujol de Badalona (Barcelona, Cataluña, España) diseñó un estudio prospectivo con una cohorte de personas con el VIH y enfermedad renal crónica que fueron seguidas durante 48 semanas.

El manejo clínico de los participantes incluía una revisión crítica de los tratamientos recibidos por los participantes y una monitorización de la evolución de los pacientes a través de encuentros multidisciplinares que incluían personal de enfermería, nefrólogos, especialistas en VIH y nutricionistas para discutir casos y diseñar intervenciones específicas.

De los 3.090 integrantes de la cohorte evaluada, un total de 55 tenían enfermedad renal crónica avanzada según los criterios de la organización KDIGO (acrónimo en inglés de mejorar los resultados globales de la enfermedad renal) y fueron incluidos en el análisis. Todos los participantes eran de etnia blanca, el 83,6% eran hombres y la mediana de la edad era de 58 años.

Las personas incluidas en el análisis –todas ellas con enfermedad renal crónica avanzada– tenían un recuento nadir de CD4 de 135 células/mm3, el recuento de CD4 durante el estudio fue de 574 células/mm3 y el 96% de ellas tenía carga viral indetectable. El 56% de estas personas tenían un estilo de vida sedentario. La comorbilidad más frecuente era la hipertensión arterial (85,5% de los participantes), seguida por dislipemia (49% de los participantes). La mayor parte de los participantes (el 52,7%) tenían enfermedad renal crónica en estadio G3b+, seguidos por aquellos en estadio G3a+ (que representaban el 33%). Cabe destacar que la gravedad de la enfermedad renal es mayor a medida que aumenta el número y –dentro de un mismo número– dicha gravedad es mayor conforme aumenta la letra minúscula.

El abordaje multidisciplinario permitió que un 5,5% de los participantes se beneficiaran de ajustes de dosis o cambios en el tratamiento antirretroviral para adaptar su medicación a su estatus renal y en más de un 20% se consideró que dichos ajustes serían necesarios en un futuro cercano.

Aunque no se reportaron efectos adversos producto de las interacciones, en 8 participantes (un 14% del total) se detectaron combinaciones de fármacos que interaccionaban entre ellas y en un 9% se detectó el uso de cobicistat (Tybost®, también en Stribild®, Symtuza®, Genvoya®, Rezolsta® y Evotaz®) junto a inmunosupresores –una combinación que se recomienda monitorizar adecuadamente–.

Durante las 48 semanas de seguimiento, a pesar del abordaje multidisciplinario, solo se detectaron mejoras en la tasa de filtración glomerular del 16,4% de los participantes: un participante pasó de estadio G5 a G4; cuatro pasaron de G3b+ a G3a+ y cuatro más pasaron de G3a+ a parámetros normales. Un total de 3 participantes (el 5,5%) precisaron de un trasplante renal y uno (2% del total) tuvo que iniciar hemodiálisis.

Los autores del estudio apuntan a que los resultados ponen de manifiesto la necesidad de un abordaje multidisciplinario de la combinación de enfermedad renal crónica e infección por el VIH con el objeto de reducir la morbimortalidad asociadas a la combinación de dichas patologías. El manejo subóptimo de la medicación, consideran, es uno de los hallazgos clave del estudio, aunque los beneficios del sistema de abordaje multidisciplinario utilizado fueron discretos, aunque quizás ello se deba a las características particulares de la enfermedad renal crónica, una patología en la que las mejoras asociadas a intervenciones pueden precisar de periodos de tiempo más largos que el evaluado por el presente estudio para ser medibles.

Fuente:Medscape / Elaboración propia (gTt).

Referencia:Bonjoch A, Juega J, Echeverría P, et al. Prevalence, progression, and management of advanced chronic kidney disease in a cohort of people living with HIV [published online ahead of print, 2022 Apr 26]. HIV Med. 2022;10.1111/hiv.13317. doi:10.1111/hiv.13317

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