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EACS 2021: Se asocia la depresión en personas con VIH con el nivel educativo, el consumo de alcohol y el dolor crónico

Analizar el estilo de vida y los factores clínicos del VIH podría servir para mejorar la eficacia de las estrategias de cribado y seguimiento para reducir la carga de depresión en la población seropositiva

Un estudio británico e irlandés, cuyos resultados se han presentado en la XVIII Conferencia Europea sobre el Sida (EACS 2021), celebrada de forma reciente en formato mixto –online y en Londres (Reino Unido)– por la COVID-19, ha concluido que los principales predictores de la incidencia de síntomas depresivos entre personas con el VIH son el nivel educativo, el consumo de alcohol y el dolor crónico. El desarrollo de síntomas depresivos en esta población también se dio con mayor probabilidad en mujeres, personas de raza negra, heterosexuales y en situación de desempleo. Las características asociadas al VIH no se relacionaron con el desarrollo de síntomas depresivos. Analizar el estilo de vida y otras variables en futuros estudios ayudará a determinan la carga de depresión en personas con el VIH.

El éxito de la terapia antirretroviral en el Reino Unido e Irlanda, así como en el resto de países con un acceso universal al tratamiento, ha hecho que la esperanza de vida de las personas con el VIH se acerque a la de la población general. Por lo tanto, es cada vez más importante garantizar que las personas con el VIH tengan una buena calidad de vida, lo que se ha denominado como el "cuarto 90" (véase La Noticia del Día 08/10/2020). Sin embargo, los síntomas depresivos siguen siendo prevalentes incluso entre las personas con el VIH que han iniciado el tratamiento antirretroviral y tienen una carga viral indetectable. La depresión se ha asociado con problemas de adherencia a la terapia antirretroviral, la progresión a sida y la mortalidad. Existe poca literatura que intente comprender la incidencia de los síntomas depresivos entre las personas con el VIH en un contexto longitudinal.

Para arrojar algo de luz sobre esta cuestión, un equipo de investigadores ingleses e irlandeses realizó un estudio para determinar la incidencia y los factores asociados a la aparición de síntomas depresivos moderados o graves entre personas con el VIH participantes en el estudio prospectivo de cohorte POPPY (siglas en inglés de Observaciones Farmacocinéticas y Clínicas en Personas Mayores de 50), que incluye a personas con y sin el VIH atendidas en clínicas de salud sexual y del VIH en Inglaterra e Irlanda y que estudia las implicaciones del envejecimiento en personas con el VIH en la era de tratamiento antirretroviral combinado.

En concreto, el estudio evaluó la incidencia y los factores asociados a la aparición de síntomas depresivos moderados o graves entre aquellos participantes de la cohorte POPPY que no presentaban estos síntomas en el momento de inscribirse en el estudio.

La cohorte POPPY incluyó a 1.073 personas con el VIH de Reino Unido e Irlanda. La información detallada sobre los factores sociodemográficos y clínicos se recogió en la visita inicial del estudio, con información histórica sobre la exposición a la terapia antirretroviral, los recuentos de CD4 y las cargas virales del VIH obtenidas a través de la vinculación a la Cohorte Colaborativa del VIH del Reino Unido (UK CHIC) y la cohorte de Enfermedades Infecciosas del University College Dublin (UCD ID).

Para el estudio se incluyó a las personas con el VIH de la cohorte POPPY que completaron el Cuestionario de Salud del Paciente-9 (PHQ-9, en sus siglas en inglés), usado para determinar los síntomas depresivos –una puntuación de 10 o más definía la presencia de síntomas depresivos moderados o graves–. Se inscribió a las personas que obtuvieron una puntuación en el PHQ-9 inferior a 10 al inicio del estudio y que tenían disponibilidad para una evaluación de seguimiento de los síntomas depresivos (n=500) entre 2015 y 2017 (mediana de 2,2 años después del inicio).

Se analizaron las características demográficas (edad, sexo, origen étnico, nacimiento en el Reino Unido), sociales (situación sentimental, nivel educativo, dinero para cubrir las necesidades básicas), de estilo de vida (tabaquismo, consumo de alcohol, consumo de drogas recreativas), clínicas (coinfección por el virus de la hepatitis B y C, dolor crónico) y relacionadas con el VIH (carga viral indetectable [igual o inferior a 50 copias/mL]; recuento de CD4 de referencia igual o superior a 500 células/mm3; recuento de CD4 nadir [igual o superior a 200 células/mm3], y cociente CD4:CD8 [igual o superior a 0,5)] utilizando frecuencias y porcentajes.

Mediante un modelo de regresión logística, se evaluaron los factores demográficos, sociales, de estilo de vida y clínicos, mencionados antes, asociados a la aparición de síntomas depresivos moderados o graves –puntuación mayor o igual a 10 en Cuestionario PHQ-9— durante el seguimiento (<0,1), con factores asociados (p<0,1) en los análisis univariantes incluidos en un modelo multivariable, en personas que al principio presentaban síntomas depresivos leves o nulos –puntuación inferior a 10 en Cuestionario PHQ-10–.

De un total de 975 personas que habían realizado la evaluación inicial (Cuestionario PHQ-9), 649 (66,6%) completaron una evaluación de seguimiento -principalmente hombres (88,0%), con una mediana de edad al inicio de 53 años (rango intercuartil [RIC]: 47-59). Al inicio del estudio, 149 (23,0%) informaron de síntomas depresivos moderados o graves; de ellos, 94 (63,1%) continuaron indicando síntomas depresivos durante el seguimiento. En total, 43 de los 500 participantes (8,6%) comunicaron síntomas depresivos durante el seguimiento.

Tras analizar a las 500 personas (77,0%) que presentaban síntomas depresivos leves o inexistentes al inicio del estudio, 43 (8,6%) comunicaron de nuevo esa sintomatología depresiva durante el seguimiento. El 65,8% de estas personas tenía una edad de 50 años o más, la mayoría eran hombres (90,0%) y la mayor parte de origen étnico blanco (90,8%). En su mayoría habían alcanzado la supresión viral –es decir, una carga viral igual o inferior a 50 copias/mL– (n= 459; 91,8%) y tuvieron al inicio un recuento de CD4 superior a 500 células/mm3 (n= 358; 71,6%).

En los análisis univariables, los participantes que desarrollaron síntomas depresivos tenían una mayor probabilidad de ser mujeres (7 de un total de 50 mujeres incluidas, el 10% del total de participantes), frente a 36 de 450 hombres –el 90% del total–; heterosexuales (10 de un total de 86 personas –el 17,2% del total de participantes– frente a 33 de 414 hombres gais, bisexuales y otros hombres que practican sexo con hombres (GBHSH) -el 82,8% del total–; de etnia negra africana (8 de un total de 46 personas de esta etnia –el 9,2% del total de participantes–, frente a 35 de raza blanca –el 90,8% del total–; con síntomas de dolor crónico (25 participantes de 191 en total incluidos con esta sintomatología (38,2%); y en situación de desempleo (21 de 184 participantes desempleados –el 36,8% de participantes en total– frente a 22 de 316 participantes empleados o estudiantes –el 63,2% del total–.

Las personas con empleo, que asistían a la universidad y que consumían alcohol de forma activa o previamente eran menos propensas a desarrollar síntomas depresivos. Por otra parte, las características asociadas al VIH no se relacionaron con el desarrollo de síntomas depresivos pese a ser una cohorte de personas seropositivas. Sin embargo, es probable que este análisis sea insuficiente para detectar estas asociaciones.

Tras ajustar, el hecho de haber realizado estudios universitarios (cociente de probabilidades ajustado [CPa]: 0,43 [intervalo de confianza del 95% [IC95%]: 0,22-0,85] frente a no haberlos realizado) y tener dolor crónico en la actualidad (CPa: 1,95; IC95%: 1,01-3,78) se mantuvieron asociados al desarrollo de síntomas depresivos moderados o graves. En cambio, las asociaciones con la etnia negra (CPa: 1,63; IC95%: 0,64-4,17), el desempleo (CPa: 1,36; IC95%: 0,71-2,63) y el consumo activo o previo de alcohol (CPa: 0,37; IC95%: 0,13-1,04) se atenuaron.

Los principales predictores de la incidencia de síntomas depresivos entre las personas con el VIH son el nivel educativo, el consumo de alcohol y el dolor crónico.La consideración de estos factores en un entorno clínico ayudará a orientar el cribado entre las personas con el VIH. Las asociaciones con la situación de empleo y el origen étnico fueron atenuadas, pero esto se puede deber a que están correlacionadas con el nivel educativo.

Como conclusión, los investigadores señalan que analizar el estilo de vida y los factores clínicos de las personas con el VIH puede servir para mejorar la eficacia de las intervenciones dirigidas al cribado y seguimiento de la depresión en esta población con el objetivo de reducir la carga de este problema de salud mental. En este sentido, es importante destacar que los síntomas depresivos persisten en una alta proporción de personas con el VIH durante un periodo de dos años.

Fuente:NATAP /Elaboración propia (gTt-VIH).

Referencia:Okha H, Winston A, Post F, Boffito M, Mallon P, Vera J, et al. Onset of depressive symptoms over time amongst people living with HIV in the Pharmacokinetic and Clinical Observations in People Over Fifty (POPPY) study. 18th European AIDS Conference (EACS 2021) Oct 27-30. Abstract PE 3/5.

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