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Las personas con VIH indetectable y recuentos de CD4 altos no necesitarían una tercera dosis de la vacuna de la COVID-19

Tener una mayor edad, comorbilidades y/o haber recibido la vacuna de AstraZeneca serían factores que sí que podrían hacer necesaria la administración de una tercera dosis

Un equipo de investigadores canadienses ha concluido que las personas con el VIH en tratamiento antirretroviral y con un buen control de la carga viral presentarían, tras recibir la pauta completa de vacunación frente a la COVID-19, niveles de anticuerpos similares a los de las personas sin el VIH tras la misma pauta. Por ello, estas personas no precisarían de una tercera dosis de la vacuna en la mayoría de los casos. Las personas que recibieron la pauta de vacunación completa con la vacuna de AstraZeneca/Oxford presentaban niveles más bajos de anticuerpos, del mismo modo que aquellas personas con múltiples comorbilidades. Los resultados del estudio se han hecho públicos en forma de artículo preimpresión –aún no revisado por pares–.

Un segundo estudio –presentado en la Semana de las Enfermedades Infecciosas (IDWeek 2021)- ha concluido, por su parte, que las personas con el VIH presentarían niveles más bajos de anticuerpos tras recibir vacunas de ARN frente a la COVID-19 (Comirnaty® o Spikevax® de Pfizer y Moderna, respectivamente) y que aquellas con carga viral detectable y/o con bajos recuentos de CD4 serían candidatas a recibir una tercera dosis de dichas vacunas.

El primero de los estudios partió de los datos de 100 personas con el VIH y 152 seronegativas de Vancouver (Canadá). Los investigadores tomaron muestras sanguíneas un mes después de la primera dosis de vacuna y un mes después de la segunda dosis.

Las personas con el VIH tenían una mediana de 54 años, el 88% eran hombres, el 69% de etnia blanca y las comorbilidades eran poco frecuentes. Todas ellas tomaban tratamiento antirretroviral y la carga viral más reciente era inferior a 50 copias/mL. La mediana del recuento de CD4 era de 710 células/mm3 y la mediana del recuento nadir era de 280 células/mm3.

El grupo de controles sin el VIH presentaba un perfil notablemente diferente: el 67% eran mujeres, el 51% eran de etnia blanca y, además, presentaron una mayor probabilidad de haber recibido una pauta de vacunación completa con vacuna de ARN en comparación con el grupo con el VIH (97% frente a 83%, respectivamente). Las personas sin el VIH pasaron más tiempo entre las dos dosis, por tener una cantidad importante de trabajadores sanitarios –que se vacunaron antes, pero lo hicieron con mayor separación entre dosis–.

El 66% de las personas con el VIH y el 97% de los controles tenían registrados datos sobre presencia o no de anticuerpos prevacunación. El 8% de las personas con el VIH y el 10% del grupo control tenían anticuerpos frente al SARS-CoV-2 antes de vacunarse.

Tras la primera dosis de vacuna, las personas con el VIH presentaron niveles algo inferiores de anticuerpos (diferencia de –0,4log UI/mL; p= 0,0001), pero tras la segunda dosis dicha diferencia disminuyó (-0,1log UI/mL; p= 0,04).

El análisis multivariable mostró que tras la segunda dosis el VIH no condicionó significativamente los niveles de anticuerpos. Sin embargo, presentar comorbilidades, tener una mayor edad y haber recibido dos dosis de la vacuna de AstraZeneca/Oxford sí se relacionaron significativamente con menores niveles de anticuerpos.

Respecto a la capacidad de las muestras para impedir la unión del SARS-CoV-2 a su receptor de entrada a las células, los investigadores no hallaron diferencias por causa del VIH, pero, como en el caso anterior, sí que las hallaron por tener una mayor edad, varias comorbilidades o haber recibido dos dosis de la vacuna de AstraZeneca/Oxford.

Las personas con anticuerpos previos a la vacunación presentaban mayores niveles de anticuerpos tras la primera dosis, pero no experimentaron aumentos significativos tras la segunda dosis.

Por todo ello, los investigadores concluyeron que, en la mayoría de casos, las personas con el VIH, buenos niveles de CD4 y buen control virológico no precisarían de una tercera dosis de la vacuna frente al SARS-CoV-2. En todo caso, apuntan que la edad, las comorbilidades y el régimen de vacunación seleccionado podrían ser los principales aspectos a tener en cuenta de cara a valorar la posibilidad de una tercera dosis.

El segundo de los estudios se centró en personas que recibieron una de las dos vacunas de ARN. Para ello, analizó muestras almacenadas de 100 adultos con el VIH que recibieron dos dosis de vacunas de ARN en la ciudad de San Francisco (EE UU) y fueron comparadas con las de 100 personas sin el VIH atendidas en el mismo hospital. En este caso aquellas personas con historial de infección por el SARS-CoV-2 fueron excluidas. El 90% de los participantes eran hombres y la mediana de la edad era de 59 años. El 75% de los participantes recibieron la vacuna de Pfizer y el 25% restante la de Moderna. Entre las personas con el VIH, la mediana del recuento de CD4 era de 511 células/mm3 y solo un 5% de los participantes tenía carga viral detectable.

Los investigadores midieron los niveles de anticuerpos postvacunación y realizaron pruebas de capacidad de neutralización del virus por parte de las muestras. Se consideró no respondedor a la vacuna a todas aquellas personas con un título de anticuerpos por debajo de 10 UI o un título de neutralización inferior a 10.

Las personas con el VIH presentaron una probabilidad de no responder a la vacuna que duplicaba la de aquellas personas sin el VIH, aunque la diferencia no fue estadísticamente significativa. El 12% de las personas con el VIH y el 5% de aquellas sin el VIH fueron no respondedoras.

Los principales factores que se asociaron a la no respuesta fueron tener carga viral no suprimida, bajos niveles de CD4 (las 7 personas con niveles de CD4 inferiores a 200 células/mm3 fueron no respondedoras), aunque la vacuna seleccionada también jugó un papel: quienes recibieron la vacuna de Pfizer presentaron niveles de anticuerpos inferiores en un 66% y capacidad de neutralización reducida en un 77% respecto a lo observado en personas que recibieron la vacuna de Moderna. Esta diferencia podría deberse a que la vacuna de Moderna contiene una mayor dosis de ARN que la de Pfizer o que el hecho de esperar una semana más entre dosis podría favorecer la respuesta inmunitaria.

Fuente:Aidsmap / Elaboración propia (gTt).

Referencias:Brumme Z et al. Humoral immune responses to COVID-19 vaccination in people living with HIV on suppressive antiretroviral therapy. Med RXiv, published 4 October 2021 (open access). DOI: https://doi.org/10.1101/2021.10.03.21264320

Spinelli M et al. Lower SARS-CoV-2 IgG and pseudovirus neutralization titers post-mRNA vaccination among people living with HIV. IDWeek, abstract LB8, 2021.

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