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CROI 2022: El uso de anticolinérgicos en personas con el VIH que envejecen aumentaría el riesgo de caídas recurrentes

Se trata de una clase de fármacos de uso frecuente en el tratamiento de diversas comorbilidades asociadas al envejecimiento

Un estudio presentado en la Conferencia sobre Retrovirus e Infecciones Oportunistas (CROI), que se está celebrando esta semana de forma virtual debido a la pandemia de la COVID-19, ha concluido que el uso de fármacos anticolinérgicos se asociaría a un mayor riesgo de experimentar caídas recurrentes en personas con el VIH.

Los anticolinérgicos son una familia de fármacos utilizados frecuentemente para tratar patologías de salud mental, incontinencia urinaria y alergias. Estos fármacos bloquean la acción de un neurotransmisor, la acetilcolina, implicado en numerosas funciones fisiológicas. Teniendo en cuenta que muchas medicaciones crónicas presentan cierta acción anticolinérgica, evaluar los efectos del uso de anticolinérgicos en el contexto de patologías crónicas –tales como la infección por el VIH– constituye un campo de investigación interesante para detectar posibles interacciones o problemas de salud a

largo plazo derivados del uso conjunto de los tratamientos crónicos y los anticolinérgicos.

Los efectos secundarios de los anticolinérgicos son bien conocidos y van desde sequedad en la mucosa oral hasta retención urinaria o deterioro cognitivo. En la población que envejece, su uso a largo plazo se asocia a un peor estado de salud, con un mayor riesgo de caídas o fragilidad.

Para conocer mejor el impacto de los anticolinérgicos en las personas con el VIH –en las que se estima que la prevalencia del uso de anticolinérgicos es de entre un 15% y un 30%– un equipo de investigadores británicos analizó la relación entre el uso de anticolinérgicos y la fragilidad y las caídas en personas mayores con el VIH.

Los participantes pertenecían a la cohorte observacional de personas con el VIH del Reino Unido e Irlanda POPPY y el presente análisis se centró en aquellos integrantes de dicha cohorte mayores de 50 años.

Un total de 699 participantes fueron incluidos en el análisis. Todos los fármacos no antirretrovirales fueron evaluados según su potencial anticolinérgico a partir de 3 escalas validadas para considerarlos o no anticolinérgicos.

En el estudio se definió el concepto de caídas recurrentes como haber sufrido más de dos caídas en el mes previo, mientras que experimentar fragilidad se definió como cumplir más de tres criterios del Índice de Fragilidad de Fried modificado. Dichos criterios son pérdida de peso involuntaria, extenuación, bajo consumo de energía, baja fuerza de agarre y baja velocidad al caminar.

Los participantes tenían una mediana de la edad de 57 años, el 88% eran hombres, el 86% de etnia blanca y el 14% eran desempleados. El 99% de los participantes tomaban tratamiento antirretroviral, el 92% tenían supresión virológica y el 89% tenían niveles de CD4 superiores a 350 células/mm3.

El 9% de los participantes experimentaron caídas recurrentes, mientras que el 21% cumplían con la definición de fragilidad. El 27% tomaban fármacos anticolinérgicos y el 9% tomaban, al menos, dos anticolinérgicos diferentes.

Los fármacos con acción anticolinérgica más frecuentemente administrados fueron codeína (12% de los participantes), citalopram (12%), loperamida (9%) y amitriptilina (7%).

Los participantes que tomaban anticolinérgicos eran, en comparación con los que no los tomaban, más frecuentemente solteros (69% y 60%, respectivamente, p= 0,01), desempleados (17% y 13%, respectivamente, p= 0,05) y usuarios de drogas (31% y 23%, respectivamente, p= 0,05).

También presentaban una mayor tendencia a presentar síntomas depresivos graves (16% y 10%, respectivamente, p= 0,001), tener un mayor número de comorbilidades (mediana de 4,19 y 2,76, respectivamente, p= 0,001) y a tomar más de 5 fármacos no anticolinérgicos (70% y 44%, respectivamente, p <0,001).

Los participantes que tomaban anticolinérgicos presentaron un mayor riesgo de experimentar caídas (17% y 6%, respectivamente, p <0,001) y fragilidad (32% y 17%, respectivamente, p <0,001). Dichas relaciones se mantuvieron –aunque de forma no significativa– tras ajustar los resultados en función de factores demográficos, de estilo de vida y de tipo clínico, tanto en lo relativo al riesgo de experimentar caídas (cociente de probabilidades [CP]: 1,9; intervalo de confianza del 95% [IC95%]: 0,9-2,4; p= 0,08) como en el riesgo de experimentar fragilidad (CP: 1,7; IC95%: 0,9-3,0; p= 0,08).

El riesgo de experimentar caídas recurrentes aumentó de forma significativa al tomar dos o más fármacos con acción anticolinérgica (CP: 3,6; IC95%: 1,4-9,4). En dichas personas también se observó una tendencia a experimentar fragilidad, aunque finalmente no fue estadísticamente significativa.

Los resultados del presente estudio muestran la complejidad del tratamiento de comorbilidades en el contexto del envejecimiento de las personas con el VIH, lo que pone de manifiesto el reto que supone el manejo clínico de las comorbilidades estas personas y la necesidad de contar con equipos sanitarios multidisciplinares que permitan un adecuado análisis riesgo-beneficio de los tratamientos utilizados.

Fuente:Aidsmap / Elaboración propia (gTt).

Referencia:Doctor J et al. Anticholinergic medications associated with falls and frailty in people with HIV. Conference on Retroviruses and Opportunistic Infections, abstract 35, 2022.

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