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Se registran tasas elevadas de trastornos psicóticos en personas jóvenes con VIH adquirido por transmisión vertical

La prevalencia de estos trastornos, así como de otros problemas psiquiátricos, hace necesario integrar la atención de la salud mental en el cuidado de la infección por el VIH en estos pacientes

De acuerdo con los resultados de un estudio británico publicado en la revista Psychological Medicine, las personas jóvenes con el VIH registran una prevalencia mayor de trastornos psicóticos que la población general de su misma edad. Por este motivo, los médicos que atienden a esta población deberían prestar más atención a sus necesidades de apoyo psiquiátrico, así como integrar la atención de la salud mental en el cuidado de la infección por el VIH.

La incidencia de la transmisión vertical del VIH –es decir, cuando el virus se transmite de madre a hijo durante el embarazo, el parto o la lactancia–ha disminuido de forma espectacular en los países con acceso universal al tratamiento antirretroviral y con políticas de cribado del VIH en mujeres embarazadas.

La mayoría de bebés que adquirieron el VIH por transmisión vertical son ahora personas adultas jóvenes. Sin embargo, la tasa de supresión virológica en estos jóvenes es inferior a la de cualquier otro grupo de edad con el VIH por diferentes razones. La protección que han recibido estas personas durante su infancia tanto por sus pediatras como por sus familias y cuidadores ha supuesto un obstáculo siendo adultos para que muchos de ellos puedan para tomar el tratamiento antirretroviral con normalidad y sin un responsable que se la administre como cuando eran niños. Además, la toma diaria de la medicación constituye un recordatorio de su estado serológico al VIH por lo que un estado deteriorado de su salud mental y bienestar emocional puede afectar a la adherencia al tratamiento antirretroviral.

Es bien sabido que las personas jóvenes con VIH adquirido por transmisión vertical tienen un mayor riesgo de ansiedad o depresión que la población general de su misma edad. Sin embargo, poco se sabe de la prevalencia de trastornos psicóticos en esta población joven con el VIH. La psicosis es una enfermedad mental grave que provoca una pérdida más o menos intensa de contacto con la realidad, interfiriendo en la capacidad de funcionar en el día a día e implicarse en la atención médica y social del VIH.

Los síntomas se describen en gran medida como alucinaciones y/o delirios. Las alucinaciones son cuando una persona siente algo que no es real. Es posible que vean, escuchen, prueben o sientan algo que les parece muy real, pero que no está sucediendo. Los delirios ocurren cuando una persona tiene creencias que vive con una profunda convicción a pesar de que la evidencia demuestra lo contrario. Un delirio frecuente en personas psicóticas es creer que existe una conspiración contra ellos para hacerles daño.

Con el objetivo de analizar con más detalle esta cuestión, un equipo de investigadores británico realizó un estudio en el Hospital St Mary's en Londres (Reino Unido), que ofrece atención médica a jóvenes con el VIH de toda Inglaterra. El estudio de tipo retrospectivo incluyó a 184 jóvenes mayores de 18 años con el VIH cuyos historiales médicos fueron revisados para obtener información procedente de las anotaciones de sus médicos. De los 184 jóvenes incluidos en el estudio, un total de 172 (93,5%) no experimentaron ningún cuadro de tipo psicótico. De estos, menos de la mitad fueron hombres (43%) con una edad media de 24 años, la mayor parte de raza negra (81%) y de otras etnias minoritarias (10%). Poco más de la mitad (56%) habían nacido fuera del Reino Unido. Para aquellos que habían nacido en el Reino Unido, pero sus padres no, no se dispuso de los datos del país de procedencia.

De entre las 184 personas, 12 personas (6,5%) experimentaron al menos un episodio psicótico. La mitad de personas de este grupo eran hombres, con una edad media de 24 años, siendo el 92% de raza negra y el 43% nacidos fuera del Reino Unido. Dos de estas personas habían nacido en el Reino Unido, pero eran hijos de personas procedentes de otros países. En promedio, los participantes que desarrollaron trastornos psicóticos tuvieron más probabilidades de vivir en una zona desfavorecida que los pacientes que no tuvieron ningún episodio psicótico. Además, la tasa de prevalencia de trastornos psicóticos en esta muestra (6,5%) fue mayor a la registrada en la población general del Reino Unido con historial de esta enfermedad (0,5% en jóvenes de 16 a 24 años y 1,0% en adultos jóvenes de 25 a 34 años).

Los 12 participantes requirieron hospitalización y nueve (75%) desarrollaron una enfermedad mental grave y duradera que requirió cuidados a largo plazo. Se llegó a pensar que 4 podrían tener psicosis orgánica, una alteración que puede ser causada por una lesión o enfermedad que afecta al cerebro u otras partes del organismo.

Se pudieron observar diferencias remarcables entre los jóvenes con trastornos psicóticos y los que no los tuvieron. Las determinaciones de carga viral en 11 de los 12 pacientes psicóticos revelaron que el 64% estaban indetectables, un porcentaje mucho menor que el registrado entre los pacientes sin psicosis (82%). Además, seis de los 12 pacientes psicóticos (50%) habían sido diagnosticados previamente de una enfermedad definitoria de sida en comparación con el 24% de los pacientes sin trastorno psicótico.

Cuatro de los 12 pacientes con trastorno psicótico (33%) tenían discapacidad para el aprendizaje en comparación con el 6% los jóvenes sin psicosis, lo que afectaba a su capacidad para llevar una vida independiente y autónoma.

También se registraron tasas más elevadas de consumo elevado de alcohol y drogas recreativas en personas que han sufrido algún episodio psicótico (25% frente al 3% de la cohorte mayoritaria).

La salud mental también fue un motivo de preocupación en muchos de los jóvenes que no habían desarrollado trastornos psicóticos. De ellos, el 21% había sido diagnosticado con otras afecciones de salud mental, incluidos trastornos de ansiedad (5%) y trastorno de estrés postraumático complejo (6%).

Los factores ambientales y biológicos pueden aumentar el riesgo de desarrollar psicosis. Esos factores se registraron en gran medida en esta cohorte de pacientes en general y en aquellos que desarrollaron trastornos psicóticos en particular. Por ejemplo, los hombres son más propensos que las mujeres a desarrollar trastornos psicóticos.

Asimismo, los datos del Reino Unido revelan que las personas de raza negra tienen más probabilidades de experimentar episodios psicóticos que los blancos, al igual que los migrantes y los hijos de migrantes. Además, ser objeto de discriminación y racismo tiene un impacto biológico y psicológico. Por otro lado, las personas migrantes y las minorías étnicas que viven en zonas más desfavorecidas tienen más probabilidades de desarrollar psicosis. Toda esta evidencia podría ser de particular relevancia en países donde la mayoría de los jóvenes con el VIH adquirido por transmisión vertical pertenecen a minorías étnicas o poblaciones migrantes.

En otro orden de cosas, los eventos traumáticos de la infancia aumentan el riesgo de que una persona experimente un cuadro de tipo psicótico con la edad. Muchas personas jóvenes con el VIH adquirido por transmisión vertical nacieron antes de la llegada de la terapia antirretroviral de gran actividad lo que supuso tomar medicación subóptima y la pérdida de padre y/o madre como consecuencia de enfermedades asociadas al sida.

Las personas con discapacidad para el aprendizaje tienen más probabilidades de desarrollar psicosis que la población general. Se sabe que las personas con VIH adquirido por transmisión vertical tienen peores resultados en el desarrollo neurológico funcional y biológico. Pueden existir diferentes factores que contribuyan a ello. Sin ir más lejos, el VIH es un virus neurotrópico, lo que significa que puede afectar al sistema nervioso de una persona y provocar graves complicaciones como la encefalopatía asociada al VIH, una condición definitoria de sida y que está asociada con el retraso del desarrollo en el contexto de la transmisión vertical. Las infecciones oportunistas también pueden afectar al sistema nervioso central.

Los investigadores subrayan que para abordar esta problemática sería importante adoptar un enfoque holístico que tenga en cuenta las experiencias únicas de los jóvenes que nacen con el VIH que permita a los médicos detectar a los pacientes que precisen un apoyo específico, ofrecerles una intervención precoz y derivarlos a los servicios especializados de salud mental si es necesario.

Fuente: Aidsmap / Elaboración propia (gTt-VIH).
Referencia: Mallik I et al. Psychotic disorders in young adults with perinatally acquired HIV: a UK case series. Psychological Medicine, online ahead of print, 13 November 2020.DOI: https://doi.org/10.1017/S0033291720004134

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