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El consumo de alcohol de alta graduación podría hacer progresar la infección por el VIH

Un estudio relaciona la ingesta elevada de licor con un deterioro de la integridad intestinal y un aumento de la activación inmunitaria y la inflamación

Según un estudio publicado en la revista HIV Medicine, el consumo de alcohol –sobre todo licores de alta graduación– en personas con el VIH controlado se asocia a un deterioro de la integridad intestinal y a un aumento de la activación inmunitaria y la inflamación. Los investigadores no hallaron ninguna relación similar con otros factores relacionados con la alimentación.

De entre las características propias de la infección por el VIH, se incluye la persistencia de inflamación, la activación de monocitos o macrófagos y la translocación bacteriana (véase La Noticia del Día 09/05/2017). La persistencia de inflamación y activación inmunitaria se ha relacionado como posibles factores que explicarían el aumento del riesgo cardiovascular en personas con el VIH en comparación con la población general. Por tanto, es de esperar que el cuidado de la salud cardiovascular conlleve una disminución de los niveles de inflamación y, a su vez, una reducción del riesgo de enfermedad cardiovascular.

Poco se sabe del papel que desempeña la dieta sobre la integridad intestinal y la inflamación en pacientes con el VIH. Con el fin de arrojar algo más de luz sobre este tema, un grupo de investigadores estadounidenses de la Universidad Case Western de Ohio (EE UU) analizaron a 147 pacientes con el VIH que se encontraban participando en un ensayo de 96 semanas de duración con rosuvastatina, un fármaco prescrito con frecuencia a personas con niveles de colesterol LDL elevados. Todos los participantes tenían una carga viral inferior a 1.000 copias/ml y valores normales de lípidos. Sin embargo, todos presentaban valores elevados en los marcadores de activación inmunitaria o inflamación.

La media de edad de los participantes fue de 45,4 años, el 78% eran hombres, el 68% era negros y el 63% eran fumadores activos. Todos los participantes estaban tomando tratamiento antirretroviral; el 84% tenía una carga viral inferior a 75 copias/ml y un nivel medio de células CD4 de 640 células/mm3.

Tanto al inicio del estudio como a las semanas 24, 48 y 96, cada participante respondió un cuestionario estandarizado con 55 preguntas sobre los hábitos alimenticios donde se incluyeron cuatro preguntas sobre el consumo de alcohol. En promedio, cada persona ingería 2.395 kilocalorías diarias, incluyendo 108 gramos de grasa total; 36 gramos de grasas saturadas; 19 gramos de fibra; 266 gramos de carbohidratos (casi el doble del valor diario recomendado); 246 gramos de carbohidratos simples (o ‘malos); y 15,6 gramos de proteínas (un tercio del valor diario recomendado). El 47% de los participantes había consumido alcohol la última semana, en promedio 2,87 cervezas; 2,22 copas de licor y un vaso de vino.

De manera contraria a la que esperaban los investigadores, el mayor consumo de grasa no se asoció con una peor integridad intestinal o aumento de la inflamación. El único factor que se asoció con un empeoramiento de la integridad intestinal fue el consumo de licores de alta graduación durante la última semana, medida a través de la proteína de unión al lipopolisacárido.

Tras ajustar los resultados por potenciales factores de confusión tales como la edad, el sexo, el origen étincio, el índice de masa corporal, el recuento actual de células de CD4, el uso de rosuvastatina y el tiempo, se confirmó que una mayor ingesta de licor de alta graduación predijo una peor integridad intestinal medida a través de la proteína de unión al lipopolisacárido. Asimismo, ingerir mayor cantidad de licor también predijo una mayor activación inmunitaria medida a través del marcador CD14 soluble [un marcador de activación de los monocitos] y una mayor inflamación medida a través del marcador interleuquina-6 (IL-6).

Según los investigadores, los resultados del presente estudio apoyarían la hipótesis de que el alcohol, y en particular los licores de alta graduación, aumenta la translocación de lipopolisacáridos que interactúa con la proteína de unión al lipopolisacárido, lo que provocaría un aumento de activación inmunitaria y la inflamación, lo que a su vez podría causar la progresión de la infección por el VIH. El grupo de expertos también subraya el hallazgo de que muchas personas con el VIH mantienen dietas deficientes y anima a la comunidad sanitaria a realizar intervenciones dirigidas a reducir la ingesta de carbohidratos y el aumento de proteínas.  Además, proponen que podría ser beneficioso una evaluación anual de la dieta en la consulta con el fin de desarrollar planes individualizados nutricionales para los pacientes con el VIH.

Fuente: TheBodyPro/ (gTt-VIH)
Referencia: Webel AR., Sattar A., Kinley B.; et al. Alcohol and Dietary Factors Associate with Gut Integrity and Inflammation in HIV-infected Adults. HIV Med 18 (6), 402-411. 2016 Nov 09.

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