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Un programa de deshabituación tabáquica en personas con VIH fumadoras reduce, pero no elimina, el consumo de cigarrillos

La intervención, basada en counselling, terapia de sustitución con nicotina y mensajes de texto al móvil, pone en evidencia la escasa atención que se presta al tratamiento y prevención del tabaquismo en el seguimiento clínico de las personas con el VIH

Un programa personalizado para dejar de fumar dirigido a personas con el VIH en el área metropolitana de Washington DC (EE UU) consistente en una sesión de consejo asistido y un seguimiento mediante mensajes de texto en el móvil (SMS) para verificar el cumplimiento de la intervención consiguió que los participantes redujeran significativamente el número de cigarrillos que fumaban al día. Esta es el principal hallazgo de un estudio estadounidense cuyos resultados se han publicado en la revista BMC Research Notes.

La prevalencia de consumo de tabaco entre la población adulta estadounidense es actualmente del 14%. Sin embargo, en el caso de las personas con el VIH, las tasas de tabaquismo son de 2 a 3 veces mayores y oscilan entre el 40% y el 60%. Además de la elevada prevalencia del tabaquismo, las personas con el VIH también corren un mayor riesgo de sufrir los efectos negativos asociados al hábito de fumar (véase La Noticia del Día 30/11/20). La morbimortalidad por enfermedades relacionadas con el tabaquismo entre las personas con el VIH en EE UU supera las causadas por la propia infección, especialmente si se tiene en cuenta el aumento de la esperanza de vida de las personas con el VIH gracias a la terapia antirretroviral de gran actividad (TARGA). Sin embargo, los programas estándar para dejar de fumar –es decir no focalizados en poblaciones con unas características específicas– han tenido un éxito limitado en la población con el VIH. Investigaciones anteriores han descrito cómo el estigma asociado al VIH ha exacerbado el tabaquismo entre las personas seropositivas. Sin embargo, existen pocas investigaciones dirigidas a este grupo de población.

Con el objetivo de aportar más evidencia sobre esta cuestión, un equipo de investigadores estadounidense realizó un pequeño estudio piloto, controlado y aleatorizado sobre un programa específico para personas con el VIH que querían dejar de fumar en el área metropolitana de Washington DC (EE UU).

Se seleccionó a 40 personas con el VIH fumadoras través de folletos informativos distribuidos en clínicas y centros comunitarios del VIH y también mediante la comunicación boca a boca de septiembre a diciembre de 2017; finalmente, se seleccionaron 25 para participar en el estudio. El seguimiento duró hasta febrero de 2018, perdiéndose en el camino 2 personas. La edad media de los participantes era de 54 años. La mayoría eran hombres (n= 18; 72%), afroamericanos o de raza negra (n= 19, 76%), no hispanos (n= 24; 96%), desempleados (n= 16; 65%) y ganaban menos de 20.000 dólares al año (n= 19; 76%). La edad media en la que se les diagnosticó el VIH fue a los 32 años. Se trataba en todos los casos de personas con el VIH que habían logrado sobrevivir a los primeros años de la epidemia, conocidas como “supervivientes a largo plazo”, que llevaban una media de 19,5 años con el VIH. Dos participantes eran nativos americanos o de Alaska, y cuatro eran transexuales. Más de la mitad (n= 13; 52%) se identificaban como minoría sexual. Todos los participantes evidenciaron estar muy motivados para dejar de fumar, habiéndolo intentado el 52% en el último año.

Catorce personas fueron asignadas aleatoriamente al grupo de atención estándar de deshabituación tabáquica y recibieron una sesión de asesoramiento general basada en las directrices actuales para dejar de fumar y durante 30 días se les suministró terapia de sustitución con nicotina consistente en chicles y parches. Los 11 participantes asignados al brazo de intervención acudieron a una sesión de asesoramiento para dejar de fumar de aproximadamente 1 hora de duración que incorporaba la perspectiva cognitivo-conductual para fomentar la resiliencia frente al estigma del VIH, la pertenencia a una minoría sexual y las preocupaciones por la situación socioeconómica. Se pidió a los participantes que trajeran sus teléfonos móviles y los responsables del estudio les enseñaron cómo iniciar un programa de mensajes de texto durante su visita inicial. Luego recibieron durante 30 días terapia de sustitución con nicotina y un programa de mensajería de texto bidireccional adaptado con dos mensajes de texto al día durante cuatro semanas para realizar el seguimiento de la intervención.

Durante un mes de seguimiento, los participantes del grupo de intervención recibieron una media de 71 mensajes de texto y devolvieron una media de ocho. Al final del estudio, había más personas que habían dejado de fumar en el grupo de control que en el grupo que recibió mensajes de texto en su móvil -cinco a tres, respectivamente-, pero esto no fue estadísticamente significativo. Sin embargo, en el brazo de intervención se observaron reducciones significativamente mayores de los cigarrillos fumados al día –del orden de 13 cigarrillos menos– entre los que no dejaron de fumar que en el brazo de control. Hay que tener en cuenta, no obstante, que las personas del grupo de tratamiento estándar fumaban menos cigarrillos al principio del estudio que las del grupo de intervención.

Tanto el grupo de intervención específica como el grupo de atención estándar tuvieron tasas de abandono a los 30 días aproximadamente del 30%.

Los investigadores señalan que los participantes del grupo de control es poco probable que recibieran realmente la atención estándar que reciben las personas con el VIH en su clínica de forma habitual. En este sentido, pocos participantes declararon haber sido asesorados para dejar de fumar por sus médicos el año anterior. Aunque las personas con el VIH están constantemente vinculadas al sistema de atención sanitario, los médicos que les atienden parece que podrían estar perdiendo oportunidades de intervenir y no estar proporcionando el asesoramiento de atención estándar al nivel necesario para que sus pacientes puedan realizar el cambio que supone dejar de fumar.

En sus conclusiones, los investigadores remarcan que, a pesar de que en este pequeño estudio no se demostró que fuera superior al estándar de atención para el cese completo del consumo de tabaco, la intervención disminuyó significativamente el número de cigarrillos fumados y tuvo un impacto positivo en los cambios de autorregulación del consumo de cigarrillos. Sin embargo, se necesitan estudios más amplios que proporcionen una mayor participación en el programa de asesoramiento para analizar plenamente la eficacia de esta intervención.

Fuente: POZ / Elaboración propia (gTt-VIH).
Referencia:Kierstead EC, Harvey E, Sanchez D, Horn K, Abroms LC, et al. A pilot randomized controlled trial of a tailored smoking cessation program for people living with HIV in the Washington, D.C. metropolitan área. BMC Res Notes. 2021; 14: 2. Published online 2021 Jan 6. doi: 10.1186/s13104-020-05417-3

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