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EACS 2021: Los niveles de CD4 condicionan la respuesta a las vacunas de ARNm frente a la COVID-19 en personas con el VIH

La vacuna de Moderna produciría efectos secundarios en personas con el VIH similares a los de la población general, aunque con mayor severidad en jóvenes, mujeres y personas con bajos recuentos de CD4

Un estudio italiano ha concluido que las personas con el VIH y niveles de CD4 inferiores a 200 células/mm3 presentarían una menor probabilidad de generar una fuerte respuesta de tipo celular o de tipo humoral (generación de anticuerpos) tras la administración de las vacunas frente a la COVID-19 basadas en ARN mensajero, es decir, las vacunas de Pfizer y Moderna. Los resultados han sido presentados en la XVIII Conferencia Europea sobre el Sida (EACS 2021), celebrada recientemente en formato mixto –online y en Londres (Reino Unido)– por la COVID-19 y corroborarían los de un reciente estudio estadounidense (véase La Noticia del Día 18/10/2021)

Un segundo estudio italiano presentado en la misma conferencia ha concluido que los efectos secundarios con la vacuna de Moderna en personas con el VIH, aunque muy frecuentes, se corresponderían con los observados en la población general, aunque afectarían con una mayor severidad a jóvenes, mujeres y personas con bajos recuentos de CD4.

Las autoridades sanitarias estadounidenses y europeas (incluidas las españolas) ya recomiendan una tercera dosis de las vacunas frente al SARS-CoV-2 (virus causante de la COVID-19) a todas aquellas personas con el VIH en estado de inmunosupresión, aunque aún no queda claro cuál sería el umbral del recuento de células de CD4 que debería marcar la necesidad de una tercera dosis.

Con el objeto de arrojar más luz a este asunto, los autores del presente estudio compararon las respuestas inmunitarias mediadas por anticuerpos y las de tipo celular en personas con el VIH y distintos recuentos de CD4 tras la vacunación con las vacunas de Pfizer o Moderna. Los tres grupos a comparar fueron inmunodeficiencia grave (niveles de CD4 inferiores a 200 células/mm3), inmunodeficiencia moderada (niveles entre 200 células/mm3 y 500 células/mm3) y sin inmunodeficiencia (niveles de CD4 superiores a 500 células/mm3).

Un total de 166 personas con el VIH participaron en el estudio: 32 con inmunodeficiencia grave, 56 con inmunodeficiencia moderada y 78 sin inmunodeficiencia. La población del estudio era predominantemente masculina y la mediana de la edad era de 57 años entre personas con inmunodeficiencia grave y de 54 años en el resto de grupos.

La mediana del recuento de CD4 en el grupo con inmunodeficiencia grave era de 140 células/mm3, en el grupo con inmunodeficiencia moderada era de 335 células/mm3 y en el grupo sin inmunodeficiencia era de 727 células/mm3.

A pesar de su mayor tiempo viviendo con el VIH y su menor recuento de CD4 nadir, los integrantes del grupo con inmunodeficiencia grave presentaron una menor probabilidad de haber recibido el diagnóstico de una enfermedad definitoria de sida (p <0,001 frente a cada uno de los otros dos grupos).

Todos los participantes se encontraban en tratamiento antirretroviral, pero aquellas personas con inmunosupresión grave presentaban una mayor probabilidad de tener carga viral detectable.

Los investigadores examinaron los niveles de anticuerpos IgG contra el dominio de unión al receptor y los de anticuerpos neutralizantes tras la primera dosis, justo antes de la segunda dosis y un mes después de la segunda dosis. La respuesta celular fue medida en los mismos intervalos de tiempo que la de anticuerpos por medio del ensayo de liberación de interferón gamma, que mide la respuesta de las células T frente a los péptidos de la proteína S del SARS-CoV-2.

Los niveles de anticuerpos y las respuestas neutralizantes fueron significativamente inferiores en aquellas personas con niveles de CD4 inferiores a 200 células/mm3 a los observados en personas con mayores niveles de CD4 un mes después de la segunda dosis.

Un mes después de la segunda dosis, todos los participantes excepto 5 (4 de ellos del grupo con inmunodeficiencia grave y uno con inmunodeficiencia moderada) tenían niveles detectables de anticuerpos.

En todas las mediciones, las personas con recuentos de CD4 inferiores a 200 células/mm3 presentaron niveles de anticuerpos o de eficacia neutralizante que eran aproximadamente un tercio de los observados en personas con niveles de CD4 superiores a 500 células/mm3, diferencias que fueron estadísticamente significativas. Por ejemplo, la mediana de los niveles de anticuerpos IgG contra el dominio de unión al receptor en personas con recuentos de CD4 inferiores a 200 células/mm3 fue de 505 unidades de anticuerpos de unión (BAU, en sus siglas en inglés) por mililitro, mientras que en personas con niveles de CD4 superiores a 500 células/mm3 fueron de 1.782 BAU/mL (p <0,001).

Aunque las personas con niveles de CD4 entre 200 y 500 células/mm3 no presentaron respuestas de anticuerpos significativamente inferiores a las observadas en aquellas con niveles de CD4 superiores a 500 células/mm3, sí que fueron significativamente más débiles que las observadas en un grupo de profesionales sanitarios sin el VIH utilizados como controles.

El análisis multivariable –ajustando los resultados en función de edad, recuento de CD4 nadir, vacuna recibida, carga viral e historial de cáncer– concluyó que los recuentos de CD4 fueron un buen factor de predicción de la respuesta a la vacuna, tanto la basada en anticuerpos como la celular. Un recuento de CD4 inferior a 200 células/mm3 predijo menores niveles de anticuerpos, menores niveles de anticuerpos neutralizantes y una respuesta celular más débil (en los tres casos p <0,001).

Los menores niveles observados tras la segunda dosis en personas con inmunodeficiencia grave ponen de manifiesto la necesidad de una tercera dosis de vacuna en este subgrupo de personas con el VIH.

El segundo estudio se centró en evaluar la incidencia de efectos adversos tras la vacuna de Moderna en 453 personas con el VIH atendidas en un hospital de Milán (Italia).

Los efectos secundarios fueron frecuentes: el 51% manifestó padecer al menos un efecto secundario tras la primera dosis y el 73% lo manifestó tras la segunda. No se reportaron efectos secundarios graves. Las reacciones locales y sistémicas a la vacuna fueron las habitualmente referidas en la población general: enrojecimiento e hinchazón en el punto de inyección, dolor muscular, dolor de cabeza, escalofríos y fiebre.

El análisis multivariable estableció que las personas más jóvenes presentaron una mayor severidad de los efectos secundarios tras cualquiera de las dos dosis, mientras que las mujeres y las personas con carga viral detectable presentaron una mayor severidad de los efectos secundarios tras la primera dosis.

Los dos estudios presentados en la EACS ayudan a esclarecer algunos aspectos importantes relativos a la vacunación de personas con el VIH frente a la COVID-19 y deberán ser tenidos en cuenta de cara a la evolución de las estrategias de vacunación.

Fuente:Aidsmap / Elaboración propia (gTt).

Referencias:Antinori A et al. Immunogenicity of mRNA vaccination against SARS-CoV-2 in persons living with HIV (PLWHs) with low CD4 count or previous AIDS. 18th European AIDS Conference, London, abstract OS3/3, 2021.

Tomasoni D et al. Reactogenicity of mRNA-1273 vaccine in people living with HIV (PLWH): a prospective study. 18thEuropean AIDS Conference, London, abstract OS3/4, 2021.

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