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El miedo a ser juzgados impediría a los hombres gais y bisexuales hablar sobre chemsex con el personal sanitario

Las intervenciones en las organizaciones comunitarias y la formación específica del personal sanitario permitirían abordar esta cuestión de modo más satisfactorio

Un estudio australiano, cuyos resultados se han publicado en la revista Addictive Behaviours Reports, ha revelado que solamente una tercera parte de los hombres gais, bisexuales y otros hombres que tienen sexo con hombres (GBHSH) que mantienen conductas de chemsex en Australia declararon que se sentirían cómodos hablando sobre esta práctica con su médico de atención primaria. La mayoría de estos hombres coincidieron en señalar que sabían dónde acceder a información relevante sobre reducción de daños y chemsex, pero a muchos les preocupaba ser juzgados por los profesionales de la salud.

La práctica del chemsex –es decir, el uso intencionado de drogas en contextos sexuales para facilitar y mejorar la experiencia sexual– en hombres GBHSH se ha relacionado con importantes efectos negativos sobre el bienestar físico, psicológico y social de las personas que lo realizan. Por otra parte, existe escasa evidencia sobre las conductas de búsqueda y acceso a la información sanitaria sobre chemsex en la población que lo practica.

Para arrojar más luz sobre esta cuestión, un equipo de investigadores australiano realizó un estudio transversal en forma de encuesta online a hombres GBHSH usuarios de chemsex con el objetivo de mejorar el conocimiento sobre la búsqueda y el acceso a información sobre salud en este grupo de población.

De un total de 251 hombres que consintieron en participar en el estudio, tras la revisión de los datos se obtuvo una muestra final de 184 participantes. Estos cumplimentaron una encuesta online –con una mediana de tiempo de finalización de 11 minutos (rango intercuartil: 4,66 - 18,5)– centrada en la práctica del chemsex, el conocimiento, la percepción y el uso de los servicios sanitarios y de apoyo entre noviembre de 2020 y enero de 2021.

Todos los participantes eran hombres GBHSH que practicaban chemsex con otros hombres, habían sido asignados como varones al nacer y tenían una media de edad de 38,8 años (desviación estándar: 11,2). La mayoría de los hombres se identificaron como gais (81%, n= 150), seguido de bisexuales (14%, n= 25) y queer, pansexuales u otros (5%, n= 9). La mayoría habían nacido en Australia (73%, n= 132). El lugar de nacimiento del resto (27%, n= 52) fue: Asia (9,4%, n= 17), Europa (6,1%, n= 11), Nueva Zelanda (5,6%, n= 10), Oriente Medio (2,2%, n= 4), África (22,2%, n= 4) y Sudamérica (1,7%, n= 3). La mayoría de los participantes se identificó como de raza blanca (78,3%, n= 144), asiático (9,2%, n= 17), de Oriente Medio (4,3%, n= 4), indígenas (1,6%, n= 3) y otros (4,9%, n= 9). La mayoría de los participantes (62,1%, n= 113) no tenían pareja.

La mayoría de los hombres (54,5% n= 99) declararon que empezaron a practicar chemsex hace más de 5 años, seguidos por los que lo hicieron en los últimos 2 años (24,7%, n= 45) y en los últimos 3-5 años (24,7%, n= 45). Aproximadamente dos terceras partes de los participantes habían practicado chemsex tres meses antes de la encuesta (65,9%, n= 120) y casi la mitad de la muestra indicó que lo había practicado semanal (21,1%, n= 32) o mensualmente (32%, n= 48), mientras que la otra mitad de los participantes dijo haber practicado chemsex una o dos veces en los últimos 12 meses (47,4%, n = 72).

Asimismo, aproximadamente la mitad de los hombres de la muestra (51,0%, n= 78) participaron en una sesión de chemsex en los últimos doce meses que duró más de 12 horas. Casi el 40% de los participantes declararon que la práctica del chemsex representa (casi) todos (19,7%, n= 30) o la mayoría (18. 4%, n= 28) de sus encuentros sexuales en los últimos 12 meses, mientras que el 15,1% (n = 23) lo practica aproximadamente la mitad de las veces, y el 35,5% (n = 54) declara que lo practica algunas veces, seguido de algo más del 10% (11,2%, n = 17) que dice que casi nunca. Más de una quinta parte de los participantes sufrió una sobredosis en algún momento durante las sesiones de chemsex, registrándose un 11,9% de hombres (n= 21) que experimentaron una sobredosis en los últimos 12 meses.

Las drogas más consumidas fueron poppers (85,9%, n= 158), metanfetamina (66,8%, n= 123), MDMA (52,2%, n= 96), GHB/GBL (49,5%, n= 91), cocaína (41,3%, n= 76), ketamina (26,6%, n= 49) y LSD (17,9%, n= 33). Pocos participantes consumieron mefedrona (3,3%, n= 6) o heroína (2,2%, n= 4). Solamente el 4,3% (n= 8) de los participantes no consumió ninguna de las nueve sustancias asociadas más frecuentemente al chemsex en los últimos 12 meses, con una media de 3,5 (desviación estándar = 2,0) sustancias consumidas en los últimos 12 meses en la muestra.

Cuando se les preguntó por sus canales de información, los participantes dijeron que habían recibido información sobre chemsex de amigos (33%), organizaciones LGBTI+ (30%), parejas sexuales ocasionales (32%), desconocidos en aplicaciones de citas (26%), comunidad online (25%), parejas regulares u ocasionales (23%) y organizaciones de la comunidad no LGBTI+ (9%).

Sin embargo, únicamente un reducido grupo de participantes reveló que había hablado de participación en sesiones de chemsex con algún profesional de la salud –un médico de salud sexual (28%, n= 51), un médico de atención primaria (24,5%, n= 45) y enfermeras de salud sexual (22%, n= 40)–. Menos del 20% habló de su participación en sesiones de chemsex con counsellors generales (17,4%, n= 32) y de salud sexual (12,5%, n= 23) o con trabajadores sanitarios de la comunidad LGTBI (15%, n= 27).

Aunque existían varios canales para acceder a la información sobre el consumo de sustancias y el chemsex, la relevancia y la fiabilidad de la información variaban para los participantes en función de la fuente.

La información recibida de las organizaciones LGBTI+ fue percibida como la más relevante, seguida por la ofrecida por otras organizaciones comunitarias, las parejas sexuales ocasionales, las parejas regulares u ocasionales y los amigos. La información recibida de la comunidad online y de los desconocidos en las aplicaciones de citas se percibió como la menos relevante. La información recibida de fuentes profesionales como los médicos de salud sexual, las organizaciones LGBTI+ y de consumo de sustancias y los médicos de primaria se percibieron como más fiables que las de las parejas sexuales, los amigos, la comunidad online y los departamentos u organizaciones gubernamentales.

Sin embargo, de los hombres que hablaron de chemsex con algún profesional de la salud, el 60% o más recibieron la información que buscaban, registrándose tres cuartas partes o más que recibieron la información que buscaban mediante enfermeras de salud sexual (79,5%, n = 31), médicos de salud sexual (76,6%, n = 36) y de su médico de atención primaria (75,6%, n = 31). La información recibida de los trabajadores sanitarios de las organizaciones de la comunidad LGBTI y de los consejeros generales se percibió como menos relevante, con un 65,4% (n = 17) y un 60,0% (n = 18), respectivamente.

En general, un número significativo de participantes no se sentía cómodo hablando de su práctica de chemsex con la mayoría de los profesionales de la salud. Más de la mitad de los participantes se sentirían cómodos hablando de su participación en las sesiones de chemsex con solo dos grupos de profesionales de la salud: médicos de salud sexual (59,2%, n= 109) y counsellors de salud sexual (52,7%, n= 97). Les siguen las enfermeras de salud sexual (45,7%, n= 84) y los trabajadores sanitarios de las organizaciones de la comunidad LGBTI (44,0%, n= 81). Únicamente una tercera parte de los participantes se sentirían cómodos hablando de su participación en sesiones de chemsex con counsellors generalistas (36%, n= 66) y médicos de atención primaria (34%, n= 63).

También se presentó a los participantes cinco posibles fuentes de información y se les preguntó qué probabilidad tenían de utilizarlas. La fuente de información preferida fue el asesoramiento personal anónimo por parte de un experto (54%, n= 77), seguido de las redes formales de apoyo entre pares (51%, n= 74), las redes no formales de apoyo entre pares (49%, n= 74), las sesiones públicas de información (34%, n= 48) y los talleres dirigidos por pares (31%, n= 44).

Es relevante señalar que una parte significativa de los participantes declararon haberse sentido juzgados por los profesionales de la salud.Esta preocupación supuso una barrera para acceder a los servicios sanitarios, ya que los que temían ser juzgados sabían menos dónde acceder a la ayuda profesional o a la información sobre reducción de daños. Los pacientes son reacios a compartir información con los médicos, las enfermeras y los trabajadores de organizaciones comunitarias sobre cuestiones o problemas delicados como la práctica de chemsex, que podrían generar una respuesta no deseada, como un juicio moral negativo, o un tratamiento o intervenciones inapropiados o insensibles.

Los investigadores destacan el papel de la fiabilidad y la relevancia de la información recibida en las conductas de búsqueda de información y concluyen que hay margen de mejora para las organizaciones comunitarias y los servicios de salud sexual. Es necesario seguir investigando para entender qué necesidades no se están satisfaciendo y cómo podría ofrecer esta información y asistencia que falta, así como comprender en qué casos los servicios sanitarios y comunitarios no están equipados para ayudar a los hombres que practican el chemsex en su conducta para buscar información sanitaria. Es preciso evaluar más a fondo esta brecha en los servicios para comprender mejor qué procesos se deben establecer para que las organizaciones comunitarias satisfagan mejor las necesidades de los hombres que practican chemsex con los recursos de que disponen en sus respectivas circunstancias. En particular se podría implementar intervenciones de bajo umbral para acceder a una proporción sustancial de esta población.

Como conclusión, los investigadores señalan que los servicios de salud sexual deberían considerar la formación específica del personal sanitario -médicos y enfermeras- en chemsex y que comuniquen la disponibilidad de estos conocimientos a la comunidad.

Fuente: Aidsmap / Elaboración propia (gTt).

Referencia: Demant D, et al. Information-seeking behaviours in Australian sexual minority men engaged in chemsex. Addictive Behaviors Reports, online ahead of print 11 December 2021 (open access). https://doi.org/10.1016/j.abrep.2021.100399.

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