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Tratamiento contra la hepatitis C en usuarios de drogas inyectables

Mejorar el acceso de este colectivo tanto al tratamiento como a las pruebas diagnósticas realmente supondría un cambio de rumbo a esta epidemia

Según un artículo de revisión publicado en Harm Reduction Journal, una combinación de intervenciones tales como facilitar un alojamiento estable, trabajar para la reducción del estigma y cambiar el modo de acceder a la atención sanitaria podrían ser la clave para mejorar el acceso al tratamiento de la infección por el virus de la hepatitis C (VHC) en personas usuarias de drogas intravenosas (UDI).

Es bien sabido que el VHC tiene una gran capacidad infectiva y que se transmite fácilmente a través del contacto sanguíneo. Por esta razón, la hepatitis C afecta de forma desproporcionada a los UDI: se estima que, de los 16 millones de personas que se inyectan drogas en el mundo, 10 millones están infectados por VHC.

Algunos estudios basados en modelos matemáticos han concluido que incrementar el acceso a la terapia contra el VHC reduciría de forma importante la incidencia y la prevalencia de la infección, hecho que actuaría en la prevención de la transmisión. De hecho, en las guías de tratamiento de algunos países se ha eliminado el uso de drogas inyectables como criterio de exclusión del tratamiento anti-VHC, ya que hay evidencias de que estas personas podrían tener buenos niveles de adherencia a pesar de su adicción y, además, la prevalencia del VHC en este colectivo es muy elevada. Por consiguiente, no tratar a estas personas supone mantener un número importante de personas infectadas sin tratar, lo cual resulta anómalo tanto desde un punto de vista de la salud individual como desde un punto de vista de la salud pública. A pesar de ello y lamentablemente, un porcentaje muy bajo de las personas usuarias de drogas inyectables con hepatitis C acceden al tratamiento.

Para entender las razones de estos problemas de acceso, los autores del presente estudio llevaron a cabo una revisión de estudios sobre hepatitis C en UDI, en particular aquellos que describieran factores sociales relacionados con el diagnóstico y el tratamiento.

Un total de 165 estudios fueron identificados por los investigadores como relevantes, aunque advirtieron que, dado que no se ha realizado mucha investigación específica sobre este tema, los hallazgos de la presente revisión deben ser considerados como preliminares.

El estigma y la discriminación fueron dos de las principales barreras detectadas tanto con relación al diagnóstico como al tratamiento. El no respeto por parte de algunos profesionales sanitarios a la confidencialidad o, incluso, la discriminación por ser usuarios de drogas inyectables podrían actuar como barrera en el acceso a servicios sanitarios. Estos problemas fueron descritos principalmente en mujeres, centros penitenciarios y zonas rurales.

La ausencia de residencia fija o la indigencia se relacionaron con problemas relativos al tratamiento. Así, estas personas tienen dificultades para poderse registrar en los servicios sanitarios, además de no poder conservar de forma adecuada el interferón pegilado, dado que es necesario mantenerlo en el frigorífico. Algunos servicios sanitarios han conseguido mejorar los resultados en estos colectivos a través de programas de distribución extrahospitalaria del tratamiento, sobe todo del interferón pegilado.

En el mundo rural existen dificultades relacionadas con el transporte para acceder a los servicios sanitarios, que no suelen encontrarse cerca de su lugar de residencia, algo que los autores de la revisión destacaron como un factor que complica el diagnóstico y adecuado seguimiento del tratamiento de las personas usuarias de drogas inyectables con VHC que viven en estas áreas.

Los investigadores también hallaron problemas importantes en prisiones,
donde el acceso limitado tanto a las pruebas diagnósticas como a los tratamientos, los requisitos de abstinencia, la atención médica intermitente, las interrupciones del tratamiento en los cambios de módulo o prisión, los conocimientos limitados del personal penitenciario y la falta de seguimiento constituyen los principales retos en este ámbito.

Aunque no se han llevado a cabo investigaciones específicas con relación al impacto del género, los autores señalaron que los problemas de confidencialidad, estigma y efectos adversos podrían tener una mayor relevancia en mujeres, hecho que dificultaría su acceso a la terapia y a las pruebas diagnósticas de la infección por VHC en usuarias de drogas intravenosas.

Los resultados del presente estudio, aunque de tipo cualitativo, apuntan una serie de factores a tener en cuenta por los sistemas sanitarios para optimizar la respuesta a la infección por VHC en personas usuarias de drogas inyectables, un colectivo olvidado en el que esta infección continúa causado estragos. Esperemos que los responsables públicos de sanidad tomen nota de los hallazgos para mejorar, a pesar de la crisis, el abordaje de una infección que podría estar afectando a casi un millón de personas en España y para la que no hay programas estatales ni autonómicos de prevención.

Fuente: Infohep.
Referencia: Harris M & Rhodes T. Hepatitis C treatment access and uptake for people who inject drugs: a review mapping the role of social factors. Harm Reduction Journal 10: 7, 2013.

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