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Padecer ansiedad o depresión podría alargar el tiempo entre el diagnóstico del VIH y el inicio del tratamiento

Incluir el cribado de la salud mental en los servicios de detección del VIH podría mejorar la derivación a la atención especializada y el inicio temprano del tratamiento

Tener un trastorno de depresión mayor se asocia con un retraso tanto en el diagnóstico del VIH como en el inicio de la atención especializada, mientras que tener un trastorno de ansiedad solo se asocia con un retraso en el inicio de la atención especializada. Esta es la principal conclusión a la que llega un estudio publicado recientemente en la revista Clinical Infectious Diseases.

Disminuir el tiempo entre el diagnóstico del VIH y el inicio del tratamiento antirretroviral es fundamental para alcanzar los objetivos que ONUSIDA ha establecido para poner fin a la epidemia del VIH en 2030. Para ello ha fijado el objetivo 90-90-90, que establece que, para el año 2020, el 90% de las personas con el VIH estén diagnosticadas; que, el 90% de las personas diagnosticadas tomen tratamiento antirretroviral; y que el 90% de las personas que reciben tratamiento tengan una carga viral indetectable.

A pesar de que en 2016 Sudáfrica adoptó las directrices universales para el tratamiento del VIH donde se garantiza el acceso inmediato al tratamiento tras recibir el diagnóstico, las tasas de infección en KwaZulu Natal  se encuentran entre las más altas del mundo. La distancia a la que se encuentran las clínicas, la baja percepción de riesgo y un alto estigma siguen siendo factores que dificultan el acceso al tratamiento en estos contextos.

Estudios previos han hallado que tanto las interrupciones del tratamiento como los resultados subóptimos del mismo se relacionan con trastornos de depresión y ansiedad. Sin embargo, los estudios no han identificado el impacto específico de los factores de salud mental sobre el diagnóstico y tratamiento del VIH.

Con el fin de arrojar algo más de luz sobre este tema, un equipo de investigadores llevó a cabo un estudio entre las personas que se realizaron la prueba del VIH en una clínica municipal de Umlazi (KwaZulu Natal, Sudáfrica). Previamente a la realización de la prueba, los investigadores administraban dos cuestionarios: uno para evaluar la depresión (PHQ-9) y otro para la ansiedad (GAD-7). Asimismo, a aquellas personas que dieron positivo se les realizó una evaluación de los síntomas y un recuento de los linfocitos T CD4.

De un total de 4.170 personas inscritas, 1.482 dieron positivo a la prueba del VIH.  El 59% de las pruebas reactivas se registraron en mujeres. La media de edad de los participantes fue de 33 años. La prevalencia de depresión en la cohorte fue del 33% y de ansiedad del 9%.

A los pacientes se les categorizó como ‘presentadores tardíos’ si tardaron más de tres meses en acudir de nuevo a la clínica después del diagnóstico; y ‘diagnósticos tardíos' si dieron positivo en el momento de inscripción al estudio o en los 3 meses previos con un recuento de células CD4 igual o inferior a 200 células/mm3.

A través de un modelo de regresión logística y, tras ajustar las características socioeconómicas y conductuales, los investigadores observaron que la depresión leve o moderada no se asociaba con un retraso en las visitas médicas o la realización de pruebas de forma tardía. Sin embargo, las personas con el VIH y depresión mayor tuvieron 3,6 más de probabilidades (intervalo de confianza del 95% [IC95%]: 1,2-10,2) de presentación tardía y 2,2 más de probabilidades ([IC95%]: 1,01-4,8) de diagnóstico tardío en comparación con aquellas personas sin depresión. Además, aquellos con un trastorno de ansiedad generalizada tuvieron 2,3 más probabilidades ([IC95%]: 1,01-4,8) de presentación tardía en comparación con aquellos que no tenían ansiedad.

Los resultados del presente estudio ponen de manifiesto el fuerte impacto que los trastornos de salud mental pueden tener sobre retraso en el inicio del tratamiento. Por ello, los mismos autores sugieren que los programas de detección del VIH deberían incluir el cribado de la depresión y la ansiedad podrían mejorar el inicio temprano del tratamiento antirretroviral y fortalecer los vínculos con la atención.

Fuente: Science Speaks/ Elaboración propia (gTt-VIH)
Referencia: S. Rane, M.; Hong T.; Govere S.; et al. Depression and anxiety as risk factors for delayed care-seeking behavior in HIV positive individuals in South Africa. Clinical Infectious Diseases, ciy309. 12 abril 2018.

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