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Se asocian los niveles de CD4 con la salud ósea y cardiovascular en personas con VIH

Los resultados de dos nuevos estudios ponen de manifiesto la importancia del diagnóstico precoz como medida para preservar la función inmunitaria

Según un estudio estadounidense, publicado en Journal of Acquired Immune Deficiency Syndromes, las personas con VIH cuyos recuentos de CD4 se encuentran en niveles inferiores a 200 células/mm3 presentarían un riesgo incrementado de padecer infarto de miocardio. La tasa de infartos se reduciría notablemente al superar las 500 células/mm3. Un segundo estudio, publicado en Clinical Infectious Diseases, observó una mayor probabilidad de presentar pérdida de masa ósea al iniciar el tratamiento antirretroviral.

El primero de los estudios incluyó a 22.081 personas con VIH y a 230.069 no infectadas con características demográficas similares que actuaron como controles. Todos los participantes habían sido atendidos en el consorcio sanitario Kaiser Permanente de California (EE UU) entre 1996 y 2009.

El 90% de los participantes eran hombres y el 70% tenían edades comprendidas entre los 30 y los 49 años.

En su análisis, los investigadores compararon las tasas de infarto de miocardio de las personas con VIH con las de aquellas no infectadas y estratificaron los resultados en función del recuento de CD4 nadir. Los resultados se ajustaron en función de diversos factores: edad, sexo, etnia, estatus socioeconómico, hábito tabáquico, consumo de alcohol, uso de drogas, obesidad, diabetes, hipertensión y uso de fármacos hipolipemiantes. Dentro del grupo con VIH, se midió la hipotética asociación independiente entre recuento de CD4, carga viral y uso de antirretrovirales sobre el riesgo de infarto de miocardio.

Tras un seguimiento promedio de 4,5 años, en el grupo de personas con VIH tuvieron lugar un total de 283 infartos de miocardio, que supusieron una tasa de incidencia de 284 casos por cada 100.000 persona años de seguimiento.

En el grupo de personas sin VIH, tras un seguimiento promedio de 5,4 años, tuvieron lugar 2.064 infartos de miocardio, que conllevaron una tasa de incidencia de 165 casos por cada 100.000 persona-años de seguimiento.

Sin ajustar los resultados, las personas con VIH presentaban un riesgo de sufrir un infarto de miocardio superior en un 70% al experimentado por aquellas personas no infectadas. Sin embargo, al ajustar los resultados, el incremento de riesgo fue del 44%.

Las tasas de infarto de miocardio fueron similares entre personas con VIH con un recuento de CD4 superior a 500 copias/mm3 y aquellas no infectadas (cociente de probabilidades [CP]: 1,18; diferencia no significativa).

Dichas tasas también fueron equiparables entre personas sin VIH y aquellas con el virus cuyo recuento de CD4 nadir fuera de 500 copias/mm3 o superior (CP: 0,85; diferencia no significativa).

La relevancia del recuento de CD4 al calcular el riesgo de padecer un infarto de miocardio quedó de manifiesto al analizar el incremento de dicho riesgo en personas con inmunodepresión avanzada. En comparación las personas sin VIH, los pacientes con un recuento de CD4 inferior a 200 células/mm3 o con recuento de CD4 nadir por debajo de dicha cifra tuvieron un riesgo incrementado de un 76 y una 74%, respectivamente, de padecer un ataque al corazón.

También dentro del grupo de personas con VIH, el recuento de CD4 nadir se asoció a una reducción del 12% del riesgo de infarto por cada 100 células/mm3 de dicho recuento.

El segundo de los estudios analizó de forma conjunta los resultados de tres estudios que incluyeron a 796 participantes (la mayor parte de los cuales eran hombres de mediana edad) sin experiencia en tratamientos en el momento de iniciar su primer tratamiento antirretroviral.

Los investigadores evaluaron los efectos del recuento de CD4 al inicio del estudio, así como de los cambios en dichos recuentos a lo largo del seguimiento, sobre la densidad mineral ósea a las 96 semanas de haber iniciado la terapia antirretroviral. Los resultados se ajustaron en función de una serie de posibles factores de confusión, tanto de tipo demográfico como más específicos del VIH.

Tras las 96 semanas de seguimiento, los participantes experimentaron un promedio de pérdida de densidad mineral ósea del 2,0%, algo que ya se había descrito en un estudio anterior (véase La Noticia del Día 16/09/13).

Las personas con un recuento de CD4 basal inferior a 50 células/mm3 presentaron una mayor pérdida de densidad mineral ósea que aquellas con niveles de 500 células/mm3 o superiores.

Incrementos relativos (pero no absolutos) en los niveles de CD4 a las 16 semanas de iniciar el tratamiento se asociaron a mayores pérdidas de densidad mineral ósea, aunque dicha relación se perdió al ajustar los resultados en función del recuento de CD4 basal (los incrementos relativos suelen ser más pronunciados en aquellas personas con recuentos de CD4 más bajos).

Tras un análisis multivariable, tener una edad más avanzada, ser mujer, tener un bajo índice de masa corporal, tener una carga viral elevada, tomar inhibidores de la proteasa o tenofovir (Viread®, también en Truvada® y Atripla®) fueron factores significativamente asociados a una mayor pérdida de densidad mineral ósea.

El recuento de CD4 basal, de forma contraria, se asoció de forma significativa a una menor pérdida de densidad mineral ósea.

Los hallazgos de los dos estudios ponen de manifiesto cómo el VIH, su tratamiento y otros factores relacionados pueden incrementar el riesgo de padecer determinadas afecciones. Normalmente se trata de patologías tradicionalmente asociadas al envejecimiento tales como las analizadas en los presentes estudios (de tipo cardiovascular y óseo, respectivamente). El hecho de tener una infección crónica –con el estado de inflamación que ello genera-, las alteraciones inmunitarias que desencadena y el hecho de tomar a diario medicamentos para mantener el virus a raya (los cuales, por muy eficaces y tolerables que sean, siempre tienen asociado cierto grado de toxicidad) son factores apuntados por diversos estudios como responsables del desarrollo de esta especie de envejecimiento prematuro.

Caracterizar adecuadamente estos factores y definir de forma precisa su impacto –por medio de estudios como los dos presentes– es el camino a seguir para una adecuada individualización del seguimiento de las personas con VIH, tanto por medio de la adecuada selección del tratamiento antirretroviral, que evite que se acumulen toxicidades, como del uso de otros tratamientos o aproximaciones terapéuticas que permitan reducir el riesgo de padecer patologías tales como las definidas en los dos estudios u otras también asociadas al envejecimiento cuyo impacto se vea incrementado en la población VIH positiva.

Con todo, en los resultados de este estudio, subyace la idea de que el diagnóstico precoz es la mejor herramienta para preservar la función inmunitaria y evitar el desarrollo de potenciales afecciones óseas y cardiovasculares asociadas a su debilitamiento.

Fuente: HIVandHepatitis / Elaboración propia (gTt-VIH).

Referencias: Silverberg M, Leyden WA, Xu L, et al. Immunodeficiency and Risk of Myocardial Infarction Among HIV-Positive Individuals With Access to Care. Journal of Acquired Immune Deficiency Syndromes 65(2):160-166.February 1, 2014.

Grant PM, Kitch D, McComsey GA, et al. Low Baseline CD4+ Count Is Associated with Greater Bone Mineral Density Loss After Antiretroviral Therapy Initiation.Clinical Infectious Diseases 57(10):1483-1488. November 15, 2013.

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