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AIDS 2020: El aumento de dosis de analgésicos opioides elevaría el riesgo de consumir heroína en personas con el VIH

En comparación con las personas sin el VIH, a aquellas con el virus les serían prescritos opioides a dosis más elevadas a pesar de presentar un menor impacto de dolor e insomnio

Un estudio presentado en la XXIII Conferencia Internacional del Sida (AIDS 2020: Virtual) ha concluido que el aumento de la dosis de analgésicos de tipo opioide para el dolor crónico en personas con el VIH aumentaría la probabilidad de un futuro consumo de heroína. Respecto a las personas sin el VIH, a aquellas VIH positivas les serían prescritos analgésicos opioides a dosis más altas a pesar de presentar menos dolor e insomnio.

Tras constatar que la reducción de prescripciones de analgésicos opioides que se inició hace aproximadamente una década se acabó traduciendo en diversos problemas tales como mayores niveles de dolor o problemas psicológicos, el Departamento de Salud Pública de San Francisco (EE UU) decidió llevar a cabo un estudio para explorar el impacto de los cambios en la prescripción de analgésicos opioides para el dolor crónico en 182 personas con el VIH y en 416 sin el VIH.

El estudio, de tipo retrospectivo, incluyó a personas con seguro médico público a quienes había sido prescrito un analgésico opioide para dolor no asociado a cáncer durante –al menos- 3 meses consecutivos en centros médicos de San Francisco entre los años 2017 y 2018. Los investigadores analizaron asociaciones entre la interrupción del tratamiento con opioides o cambios de dosis del 30% o superiores y el consumo de heroína o de opioides fuera de prescripción médica.

Respecto a aquellas sin el VIH, las personas con el VIH eran más jóvenes (mediana de la edad de 54 y 50 años, respectivamente; p <0,001), tenían una mayor probabilidad de ser de sexo masculino (51,7% y 71,4%; respectivamente; p <0,001) o trans (2,4% y 8,8%; respectivamente; p <0,001).

La dosis promedio de opioides fue significativamente mayor en personas con el VIH en 2014 (p= 0,007), 2015 (p= 0,008) y 2016 (p= 0,018), a pesar de que presentaron un dolor significativamente inferior (puntuación de 7,1 y 7,8 en una escala de 0 a 10 en personas con o sin el VIH, respectivamente) y un impacto significativamente inferior de problemas de sueño (puntuación de 5,8 y 6,5 en una escala de 0 a 10 en personas con o sin el VIH, respectivamente).

Durante el seguimiento, las personas con el VIH reportaron un consumo significativamente superior de cocaína o metanfetamina que aquellas no infectadas (51,1% y 29,1%; respectivamente; p <0,001), pero acudieron en menor porcentaje a visitas de seguimiento de control de consumo de drogas recreativas (29,1% y 77,4%; respectivamente; p <0,001) y recibieron menos prescripciones de naloxona (31,3% y 51,9%; respectivamente; p <0,001).

Al analizar los datos de los dos grupos de forma conjunta, las personas a quienes se incrementó la dosis de analgésicos opioides presentaron un riesgo significativamente superior de tener un aumento del consumo de heroína (cociente de probabilidades ajustado [CPa]: 1,67; intervalo de confianza del 95% [IC95%]: 1,32-2,12) que aquellas a quienes no se modificó la dosis de analgésicos opioides.

De forma destacable, al estratificar los resultados en función del estado serológico al VIH, mientras que el aumento de dosis de analgésicos opioides triplicó el riesgo de consumo de heroína en personas con el VIH (CPa: 3,32; IC95%: 2,27-4,87), en personas sin el VIH no se observó ninguna relación significativa entre estos dos factores.

Por el contrario, interrumpir la prescripción de analgésicos opioides se asoció al consumo de heroína en personas sin el VIH (CPa: 2,05; IC95%: 1,60-2,84), pero dicha relación no fue observada en personas con el VIH . Disminuir o interrumpir la prescripción de analgésicos opioides se asoció a un mayor consumo de opioides fuera de prescripción médica en personas sin el VIH (CPa: 1,27-2,18), un efecto que, de nuevo, no se observó en personas con el VIH.

Los autores del estudio señalan que la mayoría de personas con el VIH del estudio fueron atendidas en clínicas que no utilizan de forma sistemática medidas de seguimiento del consumo de opioides, algo de lo que sí se beneficiaron las personas sin el VIH. Dicha diferencia –que debería ser eliminada por su carácter discriminatorio- podría contribuir a un mayor consumo de drogas recreativas entre los participantes con el VIH.

Los resultados deberían suponer un llamamiento a la precaución dirigido a los médicos que prescriben analgésicos opioides, tanto con relación a incrementar las dosis como a interrumpir el tratamiento.

Fuente:NATAP / Elaboración propia (gTt-VIH).
Referencia:Coffin PO, Rowe C, Oman N, et al. Illicit opioid use following changes in opioids prescribed for chronic non-cancer pain among persons living with and without HIV. AIDS 2020: 23rd International AIDS Conference Virtual. July 6-10, 2020. Abstract PEB0347.

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