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CROI 2020: La vulnerabilidad diferencial de las personas trans requiere de intervenciones específicas e individualizadas

Diferentes estudios recomiendan las prácticas afirmativas de género para lograr mejores resultados en salud en personas trans con el VIH

En el transcurso de la XXVII Conferencia sobre Retrovirus e Infecciones Oportunistas (CROI 2020) –que se celebró hace dos semanas de forma virtual por causa de la epidemia por (SARS-CoV-2)– se dieron a conocer los resultados de varios estudios que han evaluado la prevalencia del VIH, el acceso a atención y cuidados y la adherencia a la medicación en personas trans en diferentes países. Las conclusiones de todos estos estudios apuntan a la misma dirección: la vulnerabilidad diferencial de las personas trans requiere de intervenciones específicas e individualizadas.

El término transgénero se refiere a personas cuyo sexo biológico de nacimiento no se corresponde con su actual identidad de género. Aun habiendo pocos estudios disponibles, se describen altas tasas de infección por el VIH entre personas trans, principalmente entre quienes se dedican al trabajo sexual. A nivel mundial, la prevalencia estimada para las mujeres trans es del 19% mientras que en hombres trans algunas estimaciones apuntan que sería de hasta el 8%. Este último grupo no se considera de alto riesgo en la infección por VIH por lo que muchos investigadores no suelen incluirlo en los grupos de estudio.

Factores como la discriminación social, médica y laboral que frecuentemente sufren, prácticas sexuales de alto riesgo o el uso compartido de jeringuillas para hormonarse o inyectarse silicona, hacen al colectivo de mujeres trans más vulnerables frente a la infección por el VIH. Esta vulnerabilidad diferencial de las mujeres trans podría explicar las tasas más elevadas de VIH que las registradas en otros grupos de personas que ejercen el trabajo sexual.

En el primero de los estudios, que fue llevado a cabo en EEUU, se presentaron datos de 557 hombres trans atendidos en el Centro de Salud Comunitaria Callen-Lorde en Nueva York. El promedio de edad fue de 32 años y la mayoría (55%) eran blancos, un 13,9%, negros y un, 11,7% hispanos, entre otros orígenes. Casi la cuarta parte de ellos (21,1%) no había recibido testosterona y más de la mitad (51,6%) no había realizado ninguna cirugía de asignación de género. Respecto al VIH, solo 242 se habían sometido a pruebas de detección resultando una prevalencia de alrededor del 3%. Esta fue mucho más alta en negros (6,8%) y en aquellos que tenían relaciones sexuales con hombres cis (11,1%). Por otro lado, el hecho de tener una licenciatura o título superior redujo las probabilidades de infección por VIH (cociente de probabilidades ajustado [CPa]: 0,08). Los investigadores subrayan la significativa heterogeneidad observada entre los hombres trans, motivo por el que se debe prestar atención a no solo la identidad de género sino también la orientación sexual y las conductas sexuales.

Por lo que respecta a las mujeres trans en EEUU, se presentaron datos de dos estudios. En el primero de ellos se incluyó a 561 mujeres trans de Nueva York, Miami, Baltimore, Washington DC, Boston y Atlanta. Más del 50% de ellas tenía una infección de trasmisión sexual (VIH, hepatitis C, herpes, sífilis, clamidia o gonorrea). De entre las 162 mujeres con el VIH de la muestra, un 31% estaban coinfectadas por sífilis; un 9% por infección por el VHC y más de un tercio tenía dos o más ITS. La tasa de prevalencia del VIH fue de un 29%. Determinados factores como la ciudad de residencia, la el origen étnico y la edad se asociaron muy estrechamente con las ITS. Por ejemplo, se registraron tasas más elevadas de VIH en mujeres trans negras e hispanas mayores de 45 años y en aquellas que residían en Atlanta o Miami.

En el segundo estudio también de EEUU, se presentaron los datos de las 420 mujeres trans incluidas entre las 144.054 participantes de la Cohorte Norteamericana de Colaboración sobre Investigación y Diseño en Sida (NA-ACCORD, en sus siglas en inglés) entre 2000 y 2016. Los investigadores llevaron a cabo un análisis de un período de 10 años de aquellas mujeres trans que acudían de forma regular a las visitas clínicas del VIH (dos o más visitas al año). Los investigadores evaluaron: el tiempo que mantuvieron la carga viral indetectable; el tiempo que estuvieron tomando tratamiento antirretroviral, pero sin alcanzar la indetectabilidad viral; el tiempo que no estuvieron tomando tratamiento; las pérdidas de seguimiento o los fallecimientos.

La mediana de edad fue de 35 años. Casi la mitad eran negras y tres cuartas partes habían contraído el VIH por vía sexual. Como resultado, se comprobó que las mujeres trans que conseguían mantenerse en la atención clínica del VIH obtenían resultados relacionados con la atención médica similares (o incluso mejores) que los observados en hombres o mujeres cis. En este sentido, los resultados muestran que las mujeres trans pasaron aproximadamente 17 meses y 14 meses más en seguimiento médico del VIH que las mujeres y los hombres cis. Además, pasaron aproximadamente 15 meses más tomando tratamiento antirretroviral y con carga viral indetectable que las mujeres y los hombres cis.

Dos estudios proporcionaron datos sobre mujeres trans en Kenia y Zimbabue. En el primero, investigadores kenianos presentaron datos de una cohorte de PrEP de 53 personas en la ciudad de Malindi, de las cuales 11 eran mujeres trans. El 72% de las mujeres trans inscritas comunicaron practicar sexo sin condón, un porcentaje algo inferior al 80% registrado entre los 42 hombres gais, bisexuales y otros hombres que practican sexo con hombres (GBHSH) de la cohorte. Tras 6 meses de seguimiento, el 76% de la cohorte seguía tomando PrEP, sin embargo, ninguno de los GBHSH tenía niveles de fármacos que ofrecía protección frente al VIH, mientras que más del 40% de las mujeres trans sí los presentaban. En las entrevistas realizadas, las mujeres trans demostraron tener una mejor percepción del riesgo de VIH y comentario que la PrEP afirmaba su identidad de género de alguna manera.

Las entrevistas revelaron que la mayor adherencia observada entre las mujeres trans se relacionó con una mayor predisposición a tomar PrEP, una mayor percepción de riesgo de VIH y la sensación de que la PrEP reafirmaba de alguna manera la identidad de género. Un participante trans expresó: "También me veo más saludable y la gente también me dice que me veo más atractiva".

En el estudio de Zimbabue, en una muestra de 603 personas trans que ejercían el trabajo sexual, se registró una prevalencia del VIH muy elevada: 38% en mujeres y hombres trans y un 28% en hombres cis. Las mujeres trans tuvieron una prevalencia del VIH similar a la registrada en mujeres cis que ejercen el trabajo sexual (37%) Las elevadas tasas de sexo anal sin condón en mujeres trans y mujeres cis trabajadoras del sexo contribuyeron a una mayor prevalencia del VIH. El estudio pone de manifiesto la gran diversidad de personas que ejercen el trabajo sexual que con frecuencia se pasan por alto (como, por ejemplo, los hombres trans que mantienen relaciones sexuales con mujeres cis). Además, resulta crucial incluir a las trabajadoras sexuales y sus parejas de cualquier sexo en la investigación del VIH y en las intervenciones dirigidas a responder a esta infección.

Tomados los datos de todos estos estudios en su conjunto, se observa la gran heterogeneidad de las personas trans. Además, en la atención médica y en la investigación, se deberían incluir las prácticas de afirmación de género que promuevan, entre las personas trans con el VIH, el compromiso y la continuidad en la atención clínica. Las prácticas afirmativas de género son esenciales para que las personas trans se sientan bienvenidas y respetadas. La afirmación de género abarca desde el ámbito social (usar los pronombres correctos), psicológico (sentir que se respeta el género), médico (ofrecer terapia hormonal, cirugía de reasignación de género) al ámbito legal (promover el cambio de nombre y género).

Fuente: Aidsmap / Elaboración propia ( gTt-VIH )
Referencias: Keruly, M et al. Factors associated with HIV, HCV and HSV2 serostatus among US transgender women . Wwww.lConference on Retroviruses and Opportunistic Infections, poster 880, March 2020.

Kimani, M et al. Preexposure prophylaxis adherence and persistence in Kenyan transgender women and MSM . Conference on Retroviruses and Opportunistic Infections, poster 878, March 2020.

Kloek, M et al. HIV prevalence and risk in male, transmale, and transfemale sex workers in Zimbabwe. Conference on Retroviruses and Opportunistic Infections, poster 879, March 2020.

Lesko, C.R et al. Progression through the HIV care continuum for transgender women in the NA-ACCORD. Conference on Retroviruses and Opportunistic Infections, poster 882, March 2020.

Radix, A et al. HIV prevalence among transgender men at an NYC community health center. Conference on Retroviruses and Opportunistic Infections, poster 881, March 2020.

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