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Grupo de Trabajo sobre Tratamientos del VIH

Testimonio: El valor de decirlo

Me dijeron que me infecté a finales de febrero, y hace dos días me dieron los resultados del recuento de defensas y demás.

Me he planteado seguir llevando la vida de siempre y nadie, o casi nadie, lo sabe.

El "shock" me duró dos días, que pasé en cama. Lo peor vino cuando se lo comuniqué a la última mujer con la que me acosté para que se hiciera las pruebas (sólo conseguí que me dejara de hablar y que enfocara toda su mirada de odio hacia mí). Creo que no se daba cuenta del valor que tuve que reunir para decírselo; sólo porque la quería mucho, lo logré. Realmente, fue una de las cosas más duras a las que me he enfrentado en mi vida, y esto último sí que no lo había sopesado cuando tuve una de las cinco prácticas de riesgo que efectué y por las que me contagié.

Hacerse las pruebas también sirve para no contagiar a las personas que quieres y no tener que decirles "yo soy el culpable" para, finalmente, perderlas.

Realizo consultas todos los días buscando una cura milagrosa, pero hay algunas cosas que tengo presentes: No logro arrepentirme de lo hecho hasta la fecha, no creo haberme equivocado y no lamento aquellas experiencias. Peor sería irme al otro mundo sin haberlas tenido: no sólo era sexo, realmente amaba a mis parejas.

Busco en Internet las novedades sobre curas y, con frecuencia, me encuentro que unos crean interesadamente excesivas ilusiones, y otros, por ignorancia, generan crueles expectativas.

A veces, muchos se olvidan de vivir el presente pensando en ese futuro que no se sabe si llegará.

No tenemos fecha de caducidad: morir, moriremos, como todo el mundo. No hemos dejado de ser inmortales porque nunca lo fuimos, y si algo hay que temer, no es al virus, sino a nuestros propios semejantes, los cuales, dicho sea de paso, tienen reacciones naturales (dentro del mundo animal). No tengo nada que recriminarles; asimismo, alabo a aquellos que tratan el asunto con toda la naturalidad y comprensión del mundo. (Esto me ocurre con profesionales de la medicina, no me imagino que será con la gente de la calle.)

No culpo a nadie, sabía lo que hacía, aposté y perdí. Morir de viejo sin haber amado hubiera sido mucho peor, de eso estoy seguro.

Después de todo, quizá, detrás de todo esto saquemos algo positivo que, dicho por un pesimista, no es poco.

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