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  1. Lo+Positivo 33, primavera de 2006
  2. Opinión

De supervivientes a viv@s

jardín de infancia

Su vida comenzó con un diagnóstico de VIH. Nadie esperaba que vivieran tanto tiempo. Hoy son chicas y chicos jóvenes para quienes el VIH es un hecho real. Han tenido el VIH toda su vida, son supervivientes y son una nueva cara de la escena del VIH. Una generación de niñas y niños que, contra toda esperanza, ahora son jóvenes, lo cual supone al mismo tiempo un milagro y un reto extraordinario.

Desde la flor de la juventud tienen una voz potente y unas vivencias que infunden respeto y admiración.

«Había vivido mi vida como cualquier otra y no supe qué hacer con esta noticia. Me preguntaba cómo había podido ser tan estúpida al no darme cuenta de que algo iba mal.» Kristen, 19.

«Cuando supe que era seropositiva me pregunté qué iba a hacer a partir de entonces. Y decidí que era como si me hubiera descubierto un lunar en la espalda, que siempre ha estado ahí y me ha dejado vivir.» Eva, 18.

«Me lo dijo mi madre... No sabía qué pensar. Estaba cansado y sólo quería dormir.» Tomás, 11.

«Pensé que era tan chungo que me olvidé de lo que me había dicho.» Ángel, 15.

«Me acojoné, sentía como si el mundo entero se hubiera parado. » Luis, 17.

«Yo no tengo ni idea de lo que es no tenerlo.» Flora, 18.

«Yo siempre tuve claro que algo me pasaba, pero no sabía el qué.» Nuria, 20.

«Cuando quería decírselo a mis amigas íntimas me aterrorizaba pensar cómo reaccionarían.» Emilia, 14.

«En muchos momentos me sentía sola porque no tenía a nadie con quien hablar de mis temores.» Kristen, 19.

«Un@ necesita comprensión... hablar. Me hubiera encantado confiar en ell@s y decirles que tenía el VIH.» Eva, 18.

«No se lo digo a nadie hasta que no l@ conozco muy bien. Espero a que me digan algo de ell@s.» Benja, 14.

«Quería ir al ‘insti’ como un chico normal, no como el pobre niño del SIDA.» Marc, 16.

«Necesitaba hacer algo y no precisamente mantenerlo en secreto. Sabía que no tenía que sentirme mal ni avergonzada por tener este virus.» Selina, 20.

«Mi gente más cercana sabe que soy seropositiva y siempre está ahí para echarme una mano.» Eva, 18.

«Estaba cagado de miedo por venir al grupo. Pero en definitiva fue lo mejor, porque tod@s tienen lo mismo.» Pedro, 19.

«Fue la primera vez que conocía a otr@s jóvenes con SIDA y me parecían normales. Me sentía mejor, comenzaba a creer que no era culpa mía tener el SIDA.» Helen, 20.

«Es un sitio alejado de la gente que no tiene VIH, cerca de la gente que tiene lo mismo.» Axel, 15.

«No hay ninguna respuesta al porqué a mí... al porqué tengo yo el SIDA, al porqué mi hermana no y mi hermano sí.» Jordán, 13.

«He dejado el tratamiento porque me hacía sentir peor. No se lo dije a nadie. Sabía que no estaba bien, pero quería controlar mi vida.» María, 18.

«Ahora estoy bien, pero cada vez que estoy esperando mis resultados siento como si me hiciera la prueba por primera vez.» Karen, 19.

«¿Sabes lo que es crecer viendo cómo l@s miembros de tu familia mueren de una infección que tú también tienes?.» Siomara, 19.

«Cuando no estoy bien, yo... escribo poesía. » Axel, 15.

«Con l@s colegas hemos compuesto un rap sobre eso.» Benja, 14.

«No quiero tener sexo, tengo miedo de tener sexo.» Polo, 13.

«Mi madre murió. No sé lo que es tener una madre. He crecido haciéndome mujer yo sola.» María, 18.

«En las relaciones, digo: mira, esto es lo que hay, esto es lo que tengo. Si vas a estar conmigo estarás conmigo, si no, vete ahora. Estoy cansada de que hieran. Algunos se quedan y otros se van. Si se van, ellos se lo pierden. Porque soy una de las chicas más dulces que hay.» Siomara, 19.

«Es duro imaginar si alguien querrá casarse con un tío con VIH.» Mark, 18.

«Lo que realmente deseo es amor, que me quieran como tengo que ser querida.» Anna, 15.

«Quiero tener hij@s, pero tengo miedo. Porque no quiero vivir lo que mi madre pasó conmigo.» Siomara, 19.

«He tenido a mi bebé, un pequeñín. Yo estaré, mi madre no pudo. Ojalá que él no tenga que pasar por lo que he pasado yo. Ahora tomo la medicación religiosamente, tengo que hacerlo para estar fuerte para mi hijo. Tengo que estar aquí por mi hijo. Él, tan pequeño, es el motivo para que lo haga.» Bella, 19.

«Cuando tenga una mujer se lo explicaré y quiero tener mis propi@s hij@s.» Tomás, 11.

«Sé que mi historia puede ser un choque, pero estoy aquí para dar una cara al SIDA y ayudar a que crean que es una cosa real.» Helen, 20.

«Lo único que puedo decir es que no hay que rendirse y nunca pensar que estamos sol@s. Siempre hay alguien que está ahí, dispuest@ a comprender y a ver la realidad con la mirada justa que debe ser.» Eva, 18.

«Ni siquiera tener el virus es para mí malo. Ahora creo que soy mucho más humana, mejor persona. El virus es una parte de mí, he pasado toda mi vida con él.» Nuria, 20.

«Mi prima no me dejó coger a su bebé. Yo estaba a punto de llorar y mi hermana me dijo que pasase, que era una ignorante.» Tenisha, 17.

«Yo sé lo duro que es afrontarlo. Pero desde mi experiencia sé que es posible. Estarás asustada, es natural que te sientas así. Pero hay gente que te quiere. A mí me han querido más al saber que soy una persona tan fuerte.» Flora, 18.

«Sinceramente, no sé. No creo que llegue una cura. O puede que sí se encuentre, pero puede que sea también que puedas vivir con el virus y estar bien.» Bego, 18. «Yo soy una superviviente y de verdad creo que es para poder educar a la gente sobre el SIDA y sobre cómo tener compasión.» Karen, 19.

«Estoy preparado para dejar atrás una infancia definida por el SIDA, pero no es tan fácil como parece.» Joel, 23.

«Lamento que todavía se viva discriminación contra las personas con VIH. Y es que ya no es la falta de información, es la falta de tolerancia por parte de algun@s.» Eva, 18.

«La gente está aprendiendo a vivir con VIH. Lo único que impide a la gente vivir con el VIH es la gente que nos rechaza.» Mark, 18. «Cada segundo es el futuro.» Jordán, 13.

«Tengo muchísimas ganas de vivir.» Nuria, 20.

Son chicos y chicas de todo el mundo, con edades, culturas, etnias, costumbres, gustos, deseos y sueños muy diferentes. Sólo he encontrado una cosa que comparten sin excepción, un denominador común, y es que no se atreven a decir su nombre real por miedo. Lo cierto es que el miedo y el rechazo, acompañados por el estigma y la discriminación, todavía hacen estragos y son los grandes obstáculos que tienen que superar para poder dejar de ser supervivientes para estar «viv@s».

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