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  1. Sexualidad y VIH

Problemas sexuales

Si bien los problemas sexuales (en general conocidos como disfunción sexual) pueden afectar tanto a hombres como a mujeres, las personas que viven con VIH resultan particularmente afectadas.

Entre los síntomas de disfunción sexual se incluyen, entre otros, la disfunción eréctil, la pérdida del deseo sexual, la eyaculación precoz o retardada, trastornos del orgasmo, priapismo, dispareunia (dolor durante la penetración).

La pérdida del impulso o deseo sexual (libido) puede tener un impacto significativo sobre la calidad de vida y los sentimientos de autoestima de las personas; asimismo, puede contribuir a generar problemas emocionales, tales como ansiedad y depresión.

Los problemas sexuales son habituales en épocas de estrés, por ejemplo, cuando una persona recibe el diagnóstico de VIH.

Ello puede dar inicio a un período de choque emocional, preocupaciones y escepticismo, en el que el apetito y la capacidad sexual se ven afectados negativamente. Además, la preocupación por la posibilidad de infectar a las parejas sexuales puede condicionar la vida sexual y la intimidad de hombres y mujeres. De igual modo, cuando se asocia de manera negativa el VIH (una infección potencialmente peligrosa para la vida) con el sexo pueden producirse problemas sexuales.

Otras cuestiones cotidianas, como por ejemplo las dificultades para relacionarse o para trabajar o encontrar empleo, también pueden afectar al deseo y la capacidad sexual. Puedes solicitar ayuda si notas que estos problemas no se resuelven.

El consumo excesivo de alcohol o drogas recreativas también puede disminuir tanto el deseo como la capacidad de practicar sexo.

Muchos de los fármacos empleados para tratar la depresión, como por ejemplo la fluoxetina (Prozac®) o la paroxetina (Seroxat®), pueden afectar a la función sexual. Además, se ha demostrado que el estimulante del apetito megestrol 6 acetato (Megace®) igualmente ocasiona una pérdida de la libido.

Con frecuencia, la disfunción sexual puede también deberse a una disminución de los niveles de testosterona (hipogonadismo), que a su vez puede producir fatiga tanto en hombres como en mujeres. Se han detectado niveles de testosterona por debajo de lo normal en personas en fase avanzada de infección por VIH, lo que estaría ocasionado directamente por el VIH o por una mala salud crónica.

Muchos hombres se someten a un tratamiento de testosterona para paliar este problema. Los hombres que utilizan la terapia de sustitución de testosterona suelen incrementar su masa muscular, al tiempo que experimentan un refuerzo emocional y un aumento de la libido.

En el caso de las mujeres, se desconocen terapias de eficacia probada para tratar los problemas sexuales, ya que hasta la fecha no se han realizado estudios específicos y concluyentes con ellas (ya sean seropositivas o seronegativas). De hecho, la mayor parte de la investigación sobre disfunción sexual relacionada con el VIH ha sido llevada a cabo en hombres, a pesar de que las mujeres, en las escasas ocasiones en que se les ha preguntado, también han expresado carencias y demanda de apoyo.

El VIH puede originar en los hombres impotencia o incapacidad de tener o mantener una erección al dañar los nervios responsables de ésta (una afección conocida como neuropatía autónoma).

El posible papel de los medicamentos antirretrovirales en la aparición de problemas sexuales constituye un aspecto controvertido. Mientras que algunos estudios sostienen esta hipótesis, otros han sido incapaces de encontrar tal asociación. Estas discrepancias se podrían atribuir, entre otros factores, a la multiplicidad de agentes  implicados en el desarrollo de los problemas sexuales, la variedad de regímenes antirretrovirales utilizados en los estudios, el tamaño de las muestras de pacientes y el diseño sustancialmente diferente de los ensayos. 
 
Es bien sabido que los fármacos del VIH que ocasionan neuropatías, tales como ddI (didanosina, Videx® / VidexEC®) y d4T (estavudina, Zerit®), pueden causar pérdida de sensibilidad en la zona genital, lo cual puede, a su vez, dificultar el mantenimiento de la erección. También existen indicios de que los inhibidores de la proteasa (IP), en particular los potenciados con ritonavir, pueden originar disfunciones sexuales como la impotencia.

Evaluación de los problemas sexuales

Los problemas sexuales, a menudo, están infradiagnosticados en la práctica clínica, como consecuencia de que muchos pacientes se muestran reacios a hablar de los síntomas que padecen y los médicos, normalmente, no preguntan sobre ellos.

Una correcta evaluación del paciente implica, en primer lugar, un reconocimiento físico y una evaluación de su historial médico. También es esencial evaluar el historial farmacológico del paciente, ya que algunos medicamentos, antirretrovirales o no, parecen asociarse con un aumento de la prevalencia de disfunción sexual; asimismo, los pacientes podrían incluso identificar los medicamentos que posiblemente se relacionan con tal desorden.

No hay por qué avergonzarse si no te sientes satisfecho o satisfecha con tu actividad o tu capacidad sexual. Puedes intentar hablar con tu pareja o con una persona cercana de confianza acerca de lo que sientes y experimentas. Tu médico del VIH puede ayudarte a derivar tu caso a un especialista, enfermero, consejero o asesor de salud. Si los problemas sexuales se deben a un medicamento, es posible que puedas cambiarlo por otro sin esos efectos secundarios. También es posible que tu médico pueda derivarte a un consejero del VIH con el que puedas hablar abiertamente de tus preocupaciones y problemas. En otros casos, podría ser apropiado derivarte a unos servicios especializados en salud mental.

Los medicamentos, por otra parte, pueden ayudarte. Sildenafilo (Viagra®), tadalafilo (Cialis®) y vardenafilo (Levitra®) son pastillas utilizadas para tratar la impotencia que actúan incrementando el flujo sanguíneo en el pene y haciéndolo más sensible al tacto. Sin embargo, estos fármacos deben emplearse con precaución en personas que toman inhibidores de la transcriptasa inversa no análogos de nucleósido (ITINN) o inhibidores de la proteasa, el antimicótico ketoconazol (Fungarest®, Panfungol®), el itraconazol (Sporanox®, Canadiol®) o el antibiótico eritromicina (varias marcas comerciales). Las personas que toman la dosis completa de ritonavir (Norvir®) no deben usar estos fármacos para la impotencia, dado que podría poner en riesgo su salud. De igual modo, está totalmente desaconsejado utilizar poppers (nitrato de amilo, líquido euforizante utilizado de manera habitual durante el acto sexual) en ningún caso cuando se toma Viagra®, Cialis®  o Levitra®, ya que puede ocasionarte una peligrosa bajada de la presión  arterial e incluso la muerte.

Puedes intercambiar impresiones con tu médico sobre las diferentes alternativas para abordar tus problemas sexuales.

Fuente:

  • gTt. Montárselo en positivo. Una guía de salud sexual para las personas que viven con VIH. 2ª edición, ampliada y mejorada; otoño 2007.
  • Collazos J. Sexual dysfunction in the highly active antirretroviral therapy era. AIDS Rev. 2007; 9: 237-245.

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