La decisión sobre cuándo comenzar el tratamiento no suele ser fácil, ya que no existe una fórmula universal que señale sin ningún género de dudas el momento óptimo. Por el contrario, se trata de una decisión que debe valorarse entre médico y paciente, atendiendo a las circunstancias personales de cada cual y a los numerosos factores involucrados.
Sin embargo, afortunadamente contamos con pautas basadas en estudios científicos. Las directrices españolas más recientes hacen las siguientes recomendaciones para los pacientes asintomáticos:
- CD4 inferior a 200 células/mm3: empezar siempre
- CD4 entre 200 y 350 células/mm3: empezar en la mayoría de ocasiones
- CD4 entre 350 y 500 células/mm3: considerar la posibilidad de empezar en determinadas ocasiones (carga viral superior a 100.000 copias/mL, porcentaje de CD4 inferior al 14% y ciertas enfermedades hepáticas)
- CD4 superior a 500 células/mm3: no empezar
Por otra parte, si la infección por VIH es sintomática (si hay alguna enfermedad definitoria de sida), entonces la recomendación es iniciar el tratamiento con independencia del nivel de CD4.
En todo caso, antes de tomar esta decisión, y para confirmar los resultados, deben efectuarse dos mediciones, tanto de los CD4 como de la carga viral. Además, si vas a tratarte, es importante que seas consciente de la importancia que tiene la adhesión. Perder dosis, o no tomar el medicamento de la forma indicada, aumenta el riesgo de que el virus desarrolle resistencias a los fármacos.
Las recomendaciones han ido cambiando con el tiempo según se ha dispuesto de más evidencia científica. La cada vez mayor eficacia y seguridad de las combinaciones antirretrovirales, y el objetivo de minimizar el daño que hace el VIH al sistema inmunitario, hace que la tendencia actual apunte a un inicio más temprano del tratamiento.






