¿Pura fachada?


Ita Maragall

¿Puede un niño o una niña ser activista del VIH? Como persona menor de edad, legalmente no se puede representar a sí misma, entonces, ¿se puede ser activista?

  • Si creemos que activista es aquella persona que piensa cuidadosamente sobre cómo quiere vivir su vida, y no siempre está satisfecha de como van las cosas en su entorno. Y si el activismo se describe como la acción intencionada de producir cambios sociales y políticos;
  • si según la Convención de los Derechos de la Infancia un/a niñ@ es «un ser humano de menos de 18 años»;
  • si l@s niñ@s son seres humanos que afrontan los retos de sus relaciones sociales, de su salud sexual y reproductiva, de los asuntos éticos sobre consentimiento informado y opciones de tratamiento;
  • si el derecho a participar es un derecho humano básico;

Entonces, sobre el papel, cualquier niñ@ puede, si quiere, ser activista. De hecho, son l@s únic@s que pueden decir qué es, qué significa y qué supone para ell@s vivir con VIH/SIDA.

En general, les damos escasas oportunidades de oír y escuchar sus puntos de vista, derechos y necesidades. Sus voces, sencillamente, no son escuchadas y sus experiencias no tomadas en cuenta en el desarrollo de políticas y servicios.

En fin, que las personas adultas estamos acostumbradas a tomar las decisiones que les afectan sin tenerl@s en cuenta, cuando deberíamos ser más sensibles a sus necesidades reales, respetar su visión y darles la libertad de participar en sus propios términos. Para, realmente implicarl@s, tendríamos que aprender a escuchar y romper la mala costumbre de tomar sus decisiones.

Es cierto que hablando de VIH/SIDA es esencial respetar la confidencialidad y lo que implica revelar el diagnóstico. Pero por miedo y precaución quizás, con la mejor intención, estemos creando un muro de silencio. El derecho de l@s niñ@s a la confidencialidad y a la no discriminación no tiene por qué verse vulnerado por el mero hecho de implicarse y participar activamente. Si la base de toda acción tiene como objetivo el interés del/la niñ@ y es coherente con los principios éticos que protegen a l@s niñ@s de cualquier daño resultante de su implicación.

Los grandes retos de su participación activa son: que las personas adultas aprendamos a escucharl@s, y asegurar que sus derechos son respetados, lo cual es particularmente importante cuando están afectad@s por el VIH.

Escucharl@s requiere paciencia y un entorno de soporte donde sientan que se l@s respeta y tienen el tiempo necesario para pensar qué quieren decir. Tenemos que creer que tod@s l@s niñ@s pueden participar, si así lo escogen y si sienten que les va ayudar.

Pero la implicación activa de l@s niñ@ también tiene sus trampas:

  • cuando son utilizad@s para apoyar causas con el pretexto de estar inspiradas en sus necesidades o derechos, y, de hecho, l@s niñ@s no tienen ni idea de qué va el asunto y por lo tanto no pueden entender sus acciones. A esto se le llama manipulación;
  • cuando son utilizad@s para ayudar una causa de una forma relativamente indirecta, aquí ni siquiera se pretende que esté inspirada en/por l@s niñ@s. Esto es decoración o adorno, cuando tienen una idea superficial del tinglado donde están implicad@s;
  • cuando aparentemente se ha dado voz a l@s niñ@s, pero de hecho no tienen ninguna opción sobre lo que hacen o cómo participan. Esto es tokenism, pura fachada.

El tokenism es una práctica política muy concurrida en nuestros días, que consiste en incluir a personas de un grupo minoritario creando una falsa apariencia de práctica participativa e inclusiva. Es pretender dar ventaja a grupos que a menudo son tratados injustamente pero sólo con la intención de dar la apariencia de justicia.

Seamos honest@s, el tokenism es una de las formulas de participación más utilizadas con la gente menor de edad, porque es muy fácil arreglarlo todo para que se crean que están bien.

A pesar de todo, podemos movernos del tokenism hacia una participación real. Y la clave para una participación significativa es la comunicación:

  • Hablarles de nuestras ideas y preguntarles qué piensan o creen.
  • Ser honest@s con nuestras expectativas y limitaciones.
  • Desarrollar roles y responsabilidades conjuntamente.
  • Delegar tareas, dando a cada persona la oportunidad de sentirse incluid@ tomando sus responsabilidades.
  • Asegurarnos de que comprenden lo que supone el compromiso.
  • Tener en cuenta sus conocimientos y comprensión de lo que es el VIH/SIDA.
  • Tener claro que quieren implicarse y la preparación que tienen.
  • Si cuentan con el soporte de su gente importante.
  • Si comprenden que pueden decidir no participar más en cualquier momento antes y durante el proceso.

Desarrollar un respeto mutuo genuino no siempre resulta fácil, pero siempre es gratificante y provechoso. Como activistas adult@s deberíamos tratar a l@s niñ@s como personas, igual como nos gusta que nos traten a nosotr@s y comprometernos activamente en la creación del nuevo modelo desde el cual explorar conjuntamente soluciones creativas a las dificultades que ell@s consideran importantes.

Así, llegarán a ser personas que piensan cuidadosamente sobre cómo quieren vivir su vida y podrán dejar su huella en su rincón del mundo.