Suplementos nutricionales y ejercicio físico


Francesc Martínez

Imagen: Suplementos nutricionales  y ejercicio físicoEn esta línea, diversos estudios presentados en la XVIII Conferencia Internacional del Sida*, celebrada el pasado mes de julio en Viena (Austria), determinaron algunas de las mejoras del estado de salud de personas con VIH derivadas del empleo de suplementos nutricionales y de la práctica de ejercicio físico.

Vitamina D

El déficit de vitamina D se ha observado a menudo en personas con VIH. En uno de los últimos estudios efectuados al respecto, se advirtió que alrededor de dos tercios de los participantes presentaban niveles inadecuados de esta vitamina. En ese mismo estudio, se concluyó que el uso de determinadas combinaciones de antirretrovirales podría conllevar un mayor déficit de la vitamina.

La carencia de vitamina D puede favorecer la pérdida de masa ósea —fenómeno que algunos estudios indican que está presente en la mayoría de personas con VIH que toman terapia antirretroviral—, por lo que el restablecimiento de los niveles adecuados es importante, especialmente en aquellas personas en las que el déficit es grave. Dicho restablecimiento puede ser alcanzado mediante el empleo de suplementos vitamínicos y la toma de productos enriquecidos con la vitamina —hecho habitual en lácteos tales como yogures o la propia leche—.

La vitamina D se sintetiza de forma natural en la piel por acción de los rayos solares, por lo que la realización de actividades al aire libre, como el ejercicio físico, favorecerán la síntesis natural de la vitamina, sin ser necesario específicamente tomar el sol, puesto que se trata de una actividad en la que se deben tomar muchas precauciones para evitar incrementos en el riesgo de padecer cánceres de piel o un mayor envejecimiento cutáneo (abstract WEPDB102).

Suplementos nutricionales antioxidantes y zinc

Dado el incremento de marcadores de inflamación observado en personas con VIH y el potencial oxidativo asociado a estas sustancias, es muy común que se opte por la toma de suplementos antioxidantes. Otro tipo de suplemento nutricional que en los últimos tiempos se ha relacionado con mejoras en la función inmunitaria es el zinc.

La toma de ambos suplementos nutricionales (antioxidantes y zinc) se evaluó en dos estudios presentados en la conferencia.

En relación con la toma de suplementos de zinc, se apreció un menor índice de fracaso inmunitario —entendido como una caída de los niveles de CD4 por debajo de 200 células/mm3— entre aquellas personas que tomaban dicho mineral.

En el segundo estudio se evaluaron los efectos de tomar una combinación de diferentes antioxidantes, entre los que se hallaban las vitaminas C, E y el complejo B; la N-acetilcisteína, aminoácido modificado con actividad contraria a la oxidación; el ácido alfalipoico, el selenio y el propio zinc, ya que también tiene actividad antioxidante.

Los resultados del ensayo mostraron que la toma de antioxidantes incrementó la actividad antioxidativa del organismo, produjo mejoras en los niveles de CD4 y el cociente CD4/CD8, y redujo la resistencia a la insulina —pieza clave en el conocido como síndrome metabólico, que afecta a un gran número de personas con VIH—.

A partir de los resultados de estos estudios, parece una opción interesante la toma de suplementos nutricionales tanto de antioxidantes como de zinc.
Como fuentes naturales de zinc se encuentran las ostras, diversas carnes —sobre todo, la carne magra de ternera— y algunas legumbres, como los garbanzos.

La vitamina C se encuentra en frutas —especialmente cítricos—; la vitamina E, en el aceite de oliva (es importante consumirlo crudo, puesto que al calentarlo la vitamina pierde su actividad) y en vegetales de hojas verdes; las vitaminas del complejo B, por su parte, se hallan en carnes, huevos y lácteos, y el selenio, en carnes, pescados y en cereales integrales (abstracts MOPE0101 y MOPE0102).

Ejercicio físico

Como parte del proceso natural del envejecimiento, la fuerza muscular va disminuyendo con la edad. Las infecciones crónicas, como la producida por el VIH, potencian los efectos de este proceso y aceleran la pérdida de fuerza en los músculos. Es por ello que se suele recomendar la práctica de ejercicio físico para evitar el deterioro muscular.

Una investigación presentada en la conferencia evaluó el efecto del
ejercicio físico de resistencia en personas con VIH de edad avanzada y lo comparó con el efecto que tenía sobre personas sin el virus de edades similares. Cabe tener en cuenta que, en este subgrupo de población, los efectos de la infección a nivel muscular se suman a los del propio envejecimiento.

Los voluntarios realizaron ejercicios básicos de resistencia para trabajar los grupos musculares principales, a diferentes niveles de intensidad, dos veces por semana, durante un año. Al final del estudio, se observó que las personas con VIH incrementaron su capacidad de carga de ejercicio en mayor medida que aquéllas no infectadas. Este hecho parece indicar que el ejercicio físico resulta más beneficioso en personas seropositivas que en personas sanas, lo cual tendría cierta lógica, ya que, aparte de los efectos negativos a nivel muscular, la infección también se ha asociado con una mayor incidencia de enfermedades cardiovasculares, resistencia a la insulina e incrementos en los niveles de lípidos sanguíneos, condiciones sobre las que el ejercicio físico tiene un efecto claramente beneficioso.

Existe una amplia variedad de ejercicios físicos de resistencia en los que puedes iniciarte para obtener los beneficios mostrados por el estudio. Antes de hacerlo, es recomendable que se lo hagas saber a tu médico, quien, en función de tus características, puede recomendarte uno u otro ejercicio, o considerar oportuna la realización de un chequeo rutinario para evaluar tu condición física y orientarte en la elección del tipo de ejercicio y la carga de trabajo aconsejable.

La natación es uno de los deportes de resistencia más frecuentemente recomendados, puesto que permite el trabajo de un gran número de músculos y no sobrecarga las articulaciones debido a que el agua reduce el impacto de la gravedad sobre éstas. En la misma línea, ejercicios efectuados en el agua como el acuaeróbic pueden ser una opción interesante para ti, puesto que suelen ser más entretenidos que la natación.

Si no eres muy aficionado a los deportes acuáticos, el ciclismo o el jogg­ing (correr a ritmo moderado) pueden resultarte más interesantes.

Es importante tener en cuenta que la práctica de ejercicio proporciona, además de los ya mencionados efectos físicos, beneficios a nivel psicológico y mental.
La capacidad de superación que una persona constata a medida que aumenta su forma física mejora la autoestima y la seguridad en sí misma. Por otro lado, la sensación de bienestar obtenida tras la finalización del entrenamiento se asocia con la liberación de unas sustancias endógenas conocidas como endorfinas, que actúan como un antidepresivo natural e incrementan la motivación (abstract WEPEB045).

  • Todos los estudios citados en este artículo fueron presentados en la XVIII Conferencia Internacional del Sida, celebrada del 18 al 23 de julio de 2010 en Viena (www.aids2010.org).