Apenas unos días después de que muchos de los principales investigadores en el ámbito de las vacunas del sida se reunieran en la Cumbre sobre Vacunas del VIH (véase ‘Lo más destacado’, en este número), se volvieron a encontrar en un entorno muy diferente para la reunión anual del Simposio Keystone sobre Vacunas del VIH y Patogénesis del VIH. Este año el encuentro tuvo lugar entre el 26 de marzo y el 1 de abril en Banff (Canadá) y, al igual que el propio campo de investigación, se centró mucho más en los fundamentos inmunológicos y la investigación básica.
Numerosos ponentes hicieron algún tipo de referencia a los resultados del ensayo STEP y sus repercusiones. Larry Corey, de la Universidad de Washington (EE UU), afirmó durante su presentación de apertura que dicho ensayo ha “recalibrado” el campo de la vacuna del VIH, pero rechazó la idea de que no se ha extraído nada positivo de todo el proceso y dejó claro que, en su opinión, los resultados del ensayo STEP no suponen el fin de las vacunas candidatas que estimulan respuestas inmunitarias mediadas por células T y no por anticuerpos neutralizantes (véase ‘Cuestiones Básicas’, en este mismo número). “La capacidad de elaborar dichas vacunas podría estar más al alcance de la mano que conseguir vacunas eficaces de anticuerpos neutralizantes”, declaró Corey.
Algunos investigadores presentaron novedades acerca de los análisis que se están realizando sobre los datos del estudio. Susan Buchbinder, del Departamento de Salud Pública de San Francisco (EE UU), una de las investigadoras principales del ensayo STEP, afirmó que se produjo un aumento del riesgo de infección por VIH de entre 2 y 3,5 veces en el grupo de la vacuna al crecer el nivel de anticuerpos contra el adenovirus de serotipo 5 (Ad5, el virus del resfriado modificado empleado como vector de la vacuna). Corey y Buchbinder adelantaron posibles explicaciones a esta observación.
Como la mayoría de las personas voluntarias en el ensayo eran hombres que practican sexo con hombres (HSH), un posible mecanismo sería que hubiera más células T CD4 específicas del Ad5 en los tejidos de la mucosa rectal, aumentando así el número de células diana del VIH, según Corey, que también afirmó que podría estar implicado un mecanismo biológico indirecto y que quizá la vacuna candidata interfirió con las respuestas inmunitarias innatas o naturales del organismo contra el virus. Buchbinder declaró que aún se estaban analizando otros posibles factores desorientadores (véase ‘Cuestiones básicas’ del VAX de febrero de 2008 sobre ‘Entender los datos bioestadísticos y el ensayo STEP’).
Los esfuerzos por entender mejor la inmunidad mucosal (véase ‘Cuestiones básicas’ del VAX de enero de 2008 sobre ‘Entender la transmisión del VIH’), los tipos de respuestas de células T que debería inducir una vacuna (véase la sección ‘Cuestiones básicas’ de este mismo número) y la incógnita que suponen las personas infectadas por VIH, pero capaces de controlar el virus (los no progresores a largo plazo) son cuestiones que estuvieron muy presentes en este encuentro y siguen siendo prioridades claras para este ámbito del conocimiento. “No existe un único camino ni un camino sencillo”, declaró Alan Bernstein, director ejecutivo de la Coalición Mundial para las Vacunas del VIH/sida. “Si alguien afirma que lo hay, es que tiene una bola de cristal de la que yo carezco”.