
Tenía que suponer que Lucy, su novia suburbial –el cuero es su segunda piel– y el hippy de Carlos se iban a apuntar. Pero la cerveza no alcanza para todos gracias a Inés, que compensa sus letargos bajo la secadora de la peluquería con sobreenergía en las sobremesas. Salgo un poco sofocada, y me tomo más Evian de vuelta a casa. Vienen a recoger los frascos de mi tratamiento anterior para Puente Latino. Este mensajero no es el Bardem, pero tiene un buen revolcón. Dicho y hecho.
Voy a la clase de yoga, otra vez la chica vestida de fiesta pidiendo en el metro: luego me preguntará la monitora por qué no me concentro. Carmen me distrae de la lectura porque quiere una explicación mi-nu-cio-sa del asunto del mensaca. Ya le ha llegado la voz a Lucy, y aparte de todos los detalles insiste en invitarme a un festorro de artistas alternativas. Le digo que otro día, que necesito unos momentos de reflexión para un día tan ajetreado: ¿Dónde voy a encargar las croquetas?Con la colaboración de Edu Alonso y Adolfo Colmenares. Las fotos son de Eva Bellapart.
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