VIH+ con más de 50 años


Ser mayor no está de moda. Las virtudes de la senectud alabadas en otras  civilizaciones parecen no tener cabida en nuestra sociedad que se regocija en  la idea de la eterna juventud. Las personas que superan los cincuenta años  experimentan una doble exclusión por ser mayores y por tener VIH. Con una  rica trayectoria a sus espaldas, la infección por VIH supone todo un reto a su  horizonte vital, pero la sociedad difícilmente les deja encontrar su propio  espacio. No hay trabajo para ell@s, las escasas prestaciones sociales limitan los  proyectos de vida y en ocasiones las familias, incluso l@s propi@s hij@s, se  sienten incapaces de afrontar esta nueva situación.  

En este camino sienten sobre todo soledad. Han sido ignorad@s en  programas educativos, preventivos y de ayuda. Se supone que las personas  mayores no están interesadas en el sexo, por lo que l@s profesionales de la  salud siguen siendo reaci@s a hablar de sexualidad con sus pacientes mayores.  También se supone que no se inyectan drogas y si lo han hecho debe haber  sido en un pasado lejano, lo que l@s mantendría fuera de riesgo. Con  frecuencia su diagnóstico llega en fases avanzadas de la infección -algunos  síntomas pueden confundirse con achaques propios de la edad-, lo que  añadido a un sistema inmunitario debilitado, puede acarrear más y más  graves complicaciones que en una persona joven. La invisibilidad de las  personas mayores con VIH es un grave factor de riesgo para su salud y su vida.  

El segmento de la población mayor de cincuenta años con VIH está  aumentando, no tan sólo por las nuevas infecciones sino también por la  mayor supervivencia de las personas con VIH en general. Esto supone que será  imprescindible acometer reformas y refuerzos en nuestro sistema público de  salud y de protección social que garanticen la atención a las personas con VIH  de edad avanzada. Para que esa reforma sea factible, urge que se lleven a  cabo más y más amplias investigaciones sobre la evolución de la infección por  VIH y la eficacia y seguridad de los tratamientos en las personas que superan  la cincuentena.