En primera línea


Xavier Franquet

Aunque la prioridad en nuestros reportajes es siempre dar la voz a las personas que viven con VIH, esta vez hemos creído oportuno incluir también el testimonio de una persona que desde el sistema sanitario aborda las necesidades específicas de las distintas comunidades de inmigrantes. Marisa Ros es enfermera. Nació en Barcelona hace 48 años y hace 12 que trabaja en atención primaria en el área con más población inmigrada de Barcelona, uno de cada tres habitantes, en pleno corazón de la ciudad. Actualmente es la coordinadora del programa de salud comunitaria dentro de la Unidad de Enfermedades Tropicales, Importadas y de Vacunaciones Internacionales del distrito de Ciutat Vella.

L+P: ¿En qué consiste el programa de salud comunitaria?

Marisa: Este programa surge en 1994. Aquí se visitaban personas de procedencia extranjera, principalmente de África Subsahariana, Pakistán, India, Bangladesh, América Latina y norte de África. Más tarde empezaron a llegar personas del este de Europa. Uno de los problemas que tenían estas personas es que para acceder a su regularización necesitaban un certificado médico de salud. A partir de aquí es cuando surgió la necesidad de informarles en sus propias lenguas, pues el material informativo y de prevención sobre enfermedades transmisibles que aquí se podía obtener era en castellano y catalán. Entonces nos pareció oportuno poner en marcha un programa de salud comunitaria, de prevención del VIH en población inmigrada.

Luego el tiempo demostró que la prevención del VIH no puede descontextualizarse de la salud en general. Encontrábamos cierto rechazo por parte de las comunidades cuando queríamos hablar sólo del VIH. Le dimos la vuelta y empezamos pidiéndoles cuáles eran sus demandas en términos de salud. Actualmente el programa incluye temas sociales, laborales, incluso se hacen curriculla de trabajo para las personas inmigradas. Además hay programa de prevención de tuberculosis, de enfermedades transmisibles, y específicos para mujeres: de planificación familiar, de vacunación de niñ@s, de alimentación.

L+P: ¿Cuáles son los colectivos que más usan vuestros servicios?

M: Atendemos a personas procedentes de África Subsahariana (Guinea Ecuatorial, Nigeria, Sierra Leona, Ghana), de Asia (Pakistán, India y Bangladesh), de América Latina (Ecuador, Colombia, Bolivia), del norte de África (Marruecos, Argelia) y recientemente también de países del este de Europa.

L+P: ¿Cómo ha evolucionado esta realidad en los últimos años?

M: En el año 90 las personas que acudían aquí eran de Pakistán y también de Sierra Leona. Eran hombres, obedecían al prototipo de joven, sano y fuerte que llega para establecerse. En los últimos años ha aumentado mucho el número de mujeres procedentes de países de América Latina como Ecuador y Colombia que vienen solas, y también de África Subsahariana, lo que hace que ahora atendamos por igual tanto a hombres como a mujeres. También percibimos un aumento de mujeres marroquíes que en este caso no suelen venir a nuestro país solas, sino para reagruparse con sus familiares.

L+P: ¿Cuáles son las necesidades específicas de estos colectivos en términos sanitarios?

M: Pocas. Realmente la salud no es una prioridad para la población inmigrada. Hay obviamente otras prioridades. Así que acuden a los servicios de salud cuando la salud les impide trabajar. Puesto que suelen llegar tarde a los centros, hay personas que obtienen su diagnóstico VIH+ en estados avanzados de la infección, y esto no ocurre sólo aquí sino que se trata de un problema generalizado en toda Europa.

L+P: ¿Qué tipo de dificultades crees que existen de cara al acceso al sistema público sanitario para una persona inmigrada?

M: Aunque actualmente se hayan multiplicado las facilidades que la administración proporciona para la obtención de la tarjeta sanitaria, hay que contar con la desconfianza hacia los sistemas públicos que tienen muchas de las personas recién llegadas. Esto hace que en muchos casos transcurran más de 6-7 meses hasta la obtención de la misma. La barrera más importante que hay es la legal, mucho más que la cultural o la lingüística. La mayor barrera es no tener papeles. Esto impide disfrutar de un trabajo, de una vivienda y todo esto provoca que se esté en una situación de mayor vulnerabilidad. Para mí es la barrera que hay que derribar.

L+P: ¿Cuáles son los déficit de nuestro sistema sanitario en cuanto a la atención a las personas inmigradas?

M: Políticamente ahora se está empezando a reaccionar ante una realidad que algunos profesionales sanitarios hemos detectado desde hace tiempo. Como suele pasar las leyes van por detrás de la realidad. El déficit es de recursos. En este caso la administración debería contratar a personas de las comunidades para trabajar como agentes de salud y/o mediadores culturales.

L+P: ¿Tenemos un sistema sanitario público realmente universal?

M: Sí, nuestro sistema de salud es realmente universal.

L+P: Desde tu experiencia, ¿qué colectivos encuentran más dificultades para acceder al sistema sanitario?

M: A mí no me gusta hablar de diferencias entre población inmigrada y el resto de la población. Creo que las dificultades para acceder al sistema sanitario las tienen las personas que están excluidas de nuestra sociedad, ya sea inmigrantes o no. Personas que no acceden a una vivienda, que no acceden a trabajos y si lo hacen es en el marco de una nueva clase de explotación, la de l@s que no tienen papeles. Es un circuito duro.

L+P: Existe la idea de que la mayor parte de personas inmigradas con VIH ha adquirido la infección en nuestro país. ¿Es esto así?

M: Es algo difícil de saber. Hasta ahora se ha entendido que la mayor parte de las personas inmigradas ha adquirido el VIH aquí, pero creo que actualmente esto puede estar cambiando.

L+P: ¿Son las personas inmigradas en general más vulnerables frente a la infección por VIH y enfermedades de transmisión sexual?

M: No necesariamente. En general depende básicamente de factores sociales y económicos, también se muestra como un factor clave la información de que se disponga. Lo que para mí está claro es que todo el mundo tiene derecho a estar informado. Lo que ocurría hace tiempo es que muchas personas adquirían aquí la infección por falta de información, por desconocimiento. Otro hecho que se ha incorporado en los últimos años es una disminución en la edad de las personas inmigradas.

L+P: ¿Cómo valoras la labor de AIDS & Mobility?

M: La valoro muy positivamente. Han conseguido realmente organizar una red europea. Han puesto una serie de herramientas a disposición de muchas personas y de muchas asociaciones que no habían tenido la posibilidad de encontrarse. Creo que sí, que realmente han hecho una red.

L+P: ¿Cuál es tu percepción sobre el cumplimiento por parte de nuestro país de la declaración de Atenas sobre el acceso por parte de los inmigrantes, grupos étnicos y otros grupos móviles a la atención sanitaria en VIH/SIDA?

M: En los puntos más importantes sí. Aquí en Catalunya todo el mundo tiene acceso a atención sanitaria y a tratamiento antirretroviral. Incluso antes de que se facilitara el acceso a la tarjeta sanitaria también se conseguían tratamientos. Había distintas formas de hacerlo, y los hospitales se preocuparon mucho de ello. En realidad, a mí no me consta que nadie se haya quedado sin tratamiento por estar en situación administrativa irregular. Nos falta dentro de la declaración de Atenas más centros adaptados culturalmente a las necesidades de las poblaciones inmigradas.

L+P: ¿Cómo valoras las políticas que llevan a cabo las administraciones de nuestro país a este respecto?

M: En cuanto al acceso al sistema sanitario y a los tratamientos creo que las políticas están bien encaminadas. En cambio, todavía falta que se dediquen más recursos al campo de la información y de la prevención. Falta, en definitiva, más dinero.

L+P: ¿Qué tipo de intervenciones serían necesarias?

M: Hay que conseguir que las comunidades sean más visibles y creo que debemos darles la palabra. Actualmente en Barcelona hay asociaciones que están mucho más estructuradas, que saben cuáles son sus necesidades. Por lo que deben reforzarse las iniciativas comunitarias. Desde la administración debería abordarse este tema de forma más comprometida.