Autonomía, solidaridad y gozo


Ita Maragall

Cuando el VIH está presente en una familia, l@s niñ@s y jóvenes están expuest@s al miedo social y al estigma, a un clima de segregación y confusión, a múltiples cambios y pérdidas, a periodos de enfermedad, visitas médicas, hospitalizaciones... 

El diagnóstico de infección por VIH en un niño o una niña (o lo que es lo mismo en una persona que tienen entre 0 y 18 años de edad) supone siempre un duro golpe para la familia y su entorno afectivo. En los casos en que el/la niñ@ y su familia son inmigrantes procedentes de áreas sin recursos, la vivencia puede ser un poco distinta al verse afectada por las circunstancias que se derivan de su situación de desplazamiento. Generalmente, en su país de origen este niñ@ recién diagnosticad@ no tendría acceso a un tratamiento y un seguimiento médico como el que se le ofrece aquí. Si partimos de la convicción de que tod@s l@s niños y niñas del mundo necesitan amor, seguridad, oportunidades y variedad de experiencias para poder crecer de una forma integral, no es de extrañar que estas personas que ahora viven en España sientan que tienen una oportunidad en cuanto a su salud. 

L@s niñ@s que se encuentran en situaciones estresantes, como pueden ser cambios en su entorno cotidiano y pérdidas de cualquier tipo, necesitan una atención muy cuidadosa. Necesitan continuidad y consistencia respecto a personas y lugares. Necesitan normalidad. Necesitan ser escuchad@s y escuchar lo que quieren saber. Necesitan tener a su alcance la posibilidad de experimentar. Necesitan soporte y educación en un lenguaje y unos recursos apropiados para su edad y su desarrollo. Necesitan honestidad. 

Y si queremos hablar de nuestros recursos sociosanitarios como su oportunidad, deberíamos reflexionar con calma sobre qué queremos decir cuando hablamos de salud y sobre todo cuando hablamos de salud infantil. Existen mil definiciones de salud corriendo por estos mundos, casi todas con buenos elementos para la reflexión y casi todas intentando construir un concepto integral y holístico. En este sentido es interesante la definición del Dr. Gol cuando dice que la salud es una forma de vivir que permite a las personas ser autónomas, ser solidarias y gozar, a pesar de que determinadas zonas de su cuerpo se encuentren mal. 

  • Ser autónomas y vivir con el mínimo posible de limitaciones y dependencias. 
  • Ser solidarias, ya que no es posible el crecimiento sin colaborar, interactuar y relacionarse con las demás personas. 
  • Gozar o sentirse satisfechas con una buena relación con la realidad, con ganas de avanzar e ilusión de cambio. 

Si jugamos a ser malabaristas con algunas de las ideas hasta ahora expuestas: niño, niña, inmigrantes, VIH, oportunidad y salud, como si fueran pelotitas de colores en una danza de habilidad y destreza... ponemos en marcha una serie de interacciones de las que surgen, para variar, interrogantes y cuestionamientos profundos: 

  • ¿Realmente les estamos ofreciendo esta oportunidad tan completa? 
  • ¿Podemos decir que tener acceso a un tratamiento antirretroviral y a un seguimiento pediátrico especializado es una oportunidad para la salud de un niño o una niña y quedarnos tan tranquil@s? 
  • ¿Respetamos honestamente y sin juicios sus creencias, sus valores, sus culturas? 

Sinceramente creo que en general no estamos trabajando para proporcionarles los apoyos necesarios para poder desarrollarse como personas autónomas, solidarias y gozosas, independientemente del color de su piel, del nombre de su dios, de la bandera de su país. Para ello deberíamos hablar menos y actuar más, arriesgándonos a cambiar nuestros hábitos para integrarnos también nosotr@s con ell@s. La integración siempre es cosa de dos. 

Para poder ofrecer un entorno y unas respuestas adecuadas a las necesidades de l@s niñ@s inmigrantes afectad@s por el VIH, el mundo adulto que les acoge y protege debe esforzarse en trabajar con compromiso de acuerdo con la edad de cada niñ@, su temperamento, sus habilidades y sus experiencias, colaborando con su familia y su sistema personal de apoyo, y sobre todo equilibrando y armonizando las actitudes y creencias de su país/cultura de origen y las de la comunidad/cultura en la que vive actualmente.