El sida está provocado por la infección por VIH, y se relaciona con el deterioro del sistema inmunitario que causa este virus.
Aunque controvertida, existe una definición oficial del sida. Esto quiere decir que, desde un punto de vista formal, no cualquier enfermedad que experimente una persona con VIH supone que ésta tenga sida.
Dentro de la clasificación realizada por los Centros para el Control y la Prevención de Enfermedades de EE UU (CDC, en sus siglas en inglés), se establecen tres categorías clínicas de personas con VIH:
Se considera que una persona (en cualquiera de las tres categorías clínicas) tiene sida si presenta unos recuentos de CD4 inferiores a 200 células/mm3. En el caso de las incluidas en el tipo C, se considera que tienen sida con independencia de su recuento de CD4.
El sida además se divide oficialmente en diferentes estadios, según lo avanzada o grave que esté la infección. Actualmente aún se utiliza en algunos contextos clínicos, pero el hecho de que una persona con un sistema inmunitario muy debilitado pueda recuperarse gracias al tratamiento antirretroviral ha limitado la utilidad de esta clasificación (no siempre se evoluciona a peor, y en muchos casos es a mejor gracias a las terapias anti-VIH).