En el número anterior, os ofrecimos una serie de trucos e ideas para abordar los síntomas que se derivan del tratamiento estándar para la hepatitis C con interferón pegilado y ribavirina. Como ya dijimos, estos síntomas pueden variar mucho de persona a persona y en el tiempo, y lo mismo se puede aplicar a los remedios que se les puede poner, por lo que esta lectura debe ponerse en su contexto.
Como criterio amplio suele resultar útil adelantarse de alguna manera a la aparición de problemas derivados de la terapia. Hablar con los seres queridos (la pareja, la familia, los amigos) y cuando sea posible compañer@s de trabajo permite a quienes están a tu alrededor prepararse para los posibles acontecimientos y reaccionar con más seguridad, especialmente si los efectos adversos son graves o aparecen de improviso. También tú puedes sentirte mejor si recibes apoyo y comprensión.

Puede servirte mucho el acordar con una o unas pocas personas que se presten a ser tu referencia en caso de que necesites apoyo urgente o tomar decisiones rápidas.
Algunas ONG disponen de grupos de ayuda mutua, aunque no son específicos de la coinfección. Acudir a ellos o bien a un/a profesional de la ayuda psicológica puede ser un recurso muy útil en algunas circunstancias.
El tratamiento puede provocar erupciones con picazón o sin ella, que son molestas y deterioran la calidad de vida.
El interferón causa sequedad en la boca, lo que a su vez favorece la caries dental y la inflamación de las encías (gingivitis).
La terapia para la hepatitis C puede causar falta de aliento y/o tos. Si esto sucede, hay que descartar en primer lugar que exista alguna enfermedad subyacente como neumonía o fibrosis pulmonar.
Los síntomas de tipo psiquiátrico (irritabilidad y depresión) son muy comunes en personas que toman interferón, particularmente si tienen predisposición a ellos o bien los han experimentado en el pasado.
La depresión es uno de los principales síntomas asociados al tratamiento para la hepatitis C y una de las causas más comunes de abandono de la terapia. El/la médic@ debe estar atent@ a la eventual aparición de ideas destructivas o suicidas en cuanto se den los primeros síntomas depresivos, y consultar con un/a especialista el abordaje más adecuado, incluyendo el uso de medicación antidepresiva. De hecho, en la actualidad se está imponiendo la idea de comenzar la terapia antidepresiva semanas antes de empezar con interferón y ribavirina, como medida profiláctica.
La terapia combinada para la hepatitis C puede provocar la aparición o exacerbación de otras dolencias como disfunción de las tiroides o problemas oculares (visión borrosa). Es importante comunicar al/a la médic@ todos los síntomas que se presenten, y que éste se tome en serio su significado. En ocasiones, la falta de intervención o que ésta sea demasiado tardía puede hacer que el problema sea irreversible.
Referencia:
este artículo ha sido escrito a partir de varios textos autorizados disponibles en Internet.