Estigma y discriminación: tomárselo en serio


El llamado informe Fipse sobre Discriminación y VIH/SIDA del que os informábamos en el número anterior de nuestra revista ha supuesto, por utilizar una frase trillada, un antes y un después, al menos en las apariencias. Decimos en las apariencias porque no es que antes no hubiera o hubiera menos estigma, prejuicio y discriminación en relación al VIH (y no sólo, que también, respecto a personas que viven con el VIH), es que antes no se veía. En una sociedad acostumbrada cada vez más a considerar que sólo existe lo que es noticia, la sola idea de la vulneración de derechos humanos básicos, aquí y ahora, se juzgaba poco menos que impensable hasta que los datos de esta investigación avalada dieron pública cuenta de la cantidad y frecuencia de los casos, que ya no podían reducirse a la etiqueta de anecdóticos. 

Ver y escuchar a autoridades sanitarias, empezando por la ministra Salgado, alertar sobre un panorama tildado de “inaceptable” produce sentimientos encontrados: por un lado parece que el asunto merece por fin la atención de las altas instancias, pero a un tiempo nos preguntamos si los poderes públicos, los gobiernos central y autonómicos, piensan asumir su responsabilidad por los años de inacción política que han sido el contexto propicio del fenómeno discriminatorio asociado al VIH/SIDA, y en coherencia poner en marcha estrategias reales para revertir, o al menos frenar, esta injusticia social. 

Se trata de implicar –en serio– a todos los agentes sociales concernidos, empezando por las organizaciones empresariales y sindicales, y pasando por colectivos de profesionales de la salud, de la educación y de los servicios sociales, y las ONG, amén de las grandes entidades financieras, que son el paradigma de la contradicción (financian programas de VIH/SIDA en su obra social pero niegan hipotecas a personas con VIH). Sólo así podremos decir que esta nueva moda de hablar del estigma y la discriminación por VIH no será sólo una forma de guardar las apariencias, hasta que el impulso decaiga y pasemos a otro asunto.