EL BUDISMO en mi camino


X. Franquet y G. Fabrés

 

AGUSTÍN Navarro tiene cuarenta y cinco años. Sabe que vive con VIH desde hace dieciocho. En aquel tiempo llevaba casi veinticinco años trabajando como técnico de producción para la cadena TVE y fue cuando decidió plantearse un giro completo de vida. En el rumbo hacia el cambio, se cruzó con el budismo que cambió su existencia de manera radical y que desde aquel momento no dejó de acompañarle en su manera de vivir y de abordar la infección.

L+P: ¿Desde cuándo sabes que vives con VIH?

Agustín: Desde el año 85, aunque me dijo el médico que probablemente, por el tipo de vida que había llevado, debía de ser un@ de l@s primer@s afectad@s.

L+P: ¿Qué implicaciones personales ha tenido para ti vivir con el VIH?

Agustín: Bueno, al principio creía que ninguna, mientras conservé una imagen, un status laboral, una salud. Para mí en esa época tener el VIH, era como tener un grano. Luego cuando vinieron malos tiempos, me di cuenta de que se había producido un cambio en las condiciones de mi vida, que quisiera o no asumirlo, allí estaba. Ha repercutido en todo, en mis relaciones afectivas, en mi entorno de vecin@s, mi familia. En mi caso, no he sufrido nunca el rechazo o la discriminación. He sentido el efecto contrario. Mi familia estaba demasiado preocupada. Siempre me preguntaba cómo me encontraba, una y otra vez. Es lógico. En otros momentos de mi vida, seguramente me hubiera comportado igual. Yo pienso que cualquier enfermad grave, que sea el SIDA o un cáncer por ejemplo, condicionan totalmente tu vida.

L+P: ¿Cómo te defines en términos espirituales?

Agustín: He recibido una educación más bien laica, y desde hace casi once años soy practicante budista. La educación religiosa que he recibido era cuando mi madre me decía que tenía que ir a misa, y yo no iba, por lo que casi nada. Siempre tuve unos valores, como resistirte a creer que cuando mueres se acaba todo. Yo pensaba ¡algo habrá! Concretamente, con el budismo, cambió radicalmente mi visión de la muerte y de la vida.

L+P: ¿Espiritualmente, ha habido un antes y un después del diagnóstico?

Agustín: Supongo que sí, como todo en la vida. Todo determina todo, ¿no? Hará unos diecisiete o dieciocho años que soy VIH+, y cuando me empecé a acercar al budismo, tenía gracia porque yo siempre me había reído del yoga, de la meditación, me lo había tomado bastante a coña. Pasaron ocho años entre cuando supe que era VIH+ y cuando contacté con el budismo. No fue inmediato. No sé por qué empezó, pero empecé a tener un afán, no de religión, no de predicción después de la muerte, porque no esperaba que alguien me dijera que había algo después de la muerte, ya que nadie me lo podía demostrar. Mi acercamiento al budismo lo determinó una sensación de vacío que empecé a experimentar. Me tomaba las cosas muy a pecho, tenía comportamientos que no entendía. Por ejemplo, casi me avergonzaba de haber perdido los papeles. Mi acercamiento al budismo me gusta definirlo como "la búsqueda de un conocimiento". Antes de acabar en el budismo, picoteé mucho en el New Age, o sea mirando cosas. La mayoría no me convencía, hasta que contacté con esta gente.

L+P: ¿Fuiste tú el que intentaste relacionarte con el budismo?

Agustín: No, yo lo tenía apartado. Precisamente, de todas las cosas que estaba mirando, el budismo nunca me había llamado la atención. Pero mira, por las circunstancias de la vida, un día estaba en un sitio y conocí a un maestro tibetano, y las cosas que hablé con él no me parecieron ninguna tontería. Entonces me puse receptivo. Ha sido muy gradual, no he sido un converso que pasa de una facción a otra.

L+P: ¿Sigues teniendo dudas ahora o las has tenido?

Agustín: No, no tengo ninguna. Aunque la duda vive con nosotr@s, es intrínseca del ser humano. Pero la actitud que yo intento adoptar frente a la duda es la indagación y si veo que no hay manera de quitarme la duda, lo que hago, y es una de las cosas que trabajé con el budismo, es que lo aparco y lo dejo para más adelante. Así lo veo de otra manera.

L+P: Muchas personas con VIH se han sentido en algún punto de la vida culpable por tener la infección. ¿Cómo lo has vivido tú? ¿Has tenido que trabajar este sentimiento?

Agustín: Claro. Yo creo que no inventamos nada. Supongo que habré pasado por el proceso por el que hemos pasado tod@s. Te preguntas, "¿por qué a mí?", y te dices, "¡vaya putada, no me lo merezco!". Ahora los mensajes no son tan bestias, pero los que te llegaban antes eran que tenías que haberlo cogido antes por haber sido malo. Posiblemente esto fue uno de los factores que me llevó a buscar algo espiritual, porque yo me negaba a aceptar que alguien me estuviera condenando por algo que no tenía que dar cuentas a nadie sino a mí mismo. Entonces eso no me cuadraba, quizás por mi manera de trabajar la angustia de la culpabilidad.

L+P: ¿Qué otros sentimientos o valores has ido trabajando?

Agustín: Muchos, muchos. Lo primero que yo intenté identificar es lo que me hacía daño antes de enfrentarme a ello: la ira, la rabia, la duda, las emociones negativas. Me di cuenta de que me hacía mucho daño. Era como llevar una rabia contenida contra el mundo por lo que me estaba pasando. Curiosamente era una época en la que me encontraba bien, y por esto estos sentimientos aún me jodían más. No lo entendía. Si estoy enfermo (con enfermo me refiero a que has tenido problemas), me resulta más fácil irlo trabajando que trabajar una cosa que ha de venir que no sé ni cuándo ni cómo. El tema de las relaciones sexuales, lo pasaba fatal porque tuve muchos problemas de impotencia. Con mis parejas ocasionales, no les quería decir nada, pero me ponía preservativo y me preguntaban por qué, por lo que prefería no enrollarme para evitar esto. Afortunadamente, esto ya lo solucioné cuando me casé con una seropositiva. Lo solucioné de una manera que además me enorgullece.

L+P: ¿Qué más has encontrado en el budismo?

Agustín: Yo, en el budismo he encontrado sobre todo el sentido de la vida, sobre todo la fuerza que me ha hecho escapar de la culpa. Me ha aportado unos instrumentos para trabajar cosas de mí que no me gustaban, pero sobre todo, incluso en los momentos más malos, me ha aportado felicidad y esperanza. Cuando digo esperanza, no hablo de la esperanza como se entiende normalmente, sino que hablo de otro tipo de esperanza, que todo es posible, que estás ahí por algo, y que estés o no estés puedes hacer un montón de cosas.

L+P: ¿Cómo es la comunidad budista en Barcelona?

Agustín: El budismo ha sufrido una expansión brutal en Occidente. Hace poco hubo una encuesta en la que 5.000 franceses se confesaron próximos al budismo, probablemente sean 100.000. Yo pertenezco a una comunidad budista. Tenemos varios centros. Dentro del budismo hay escuelas. Cada escuela tiene unos centros, y si yo voy a un centro no voy a otro. Te quedas normalmente en el centro en el que conoces a la gente. Tienes un maestro, pero por nada más. Entre todas las escuelas hay buenas relaciones. Del 10 al 17 del mes de noviembre hubo un encuentro en París con su santidad el Dalai Lama y vino gente de las distintas escuelas. Yo durante muchos años he ido a la escuela Gelugpa de budismo tibetano. En el budismo tibetano hay cuatro escuelas. Las diferencias, o bien son tan metafísicas que sólo lo entienden l@s erudit@s, aunque la práctica es la misma, o vienen determinadas por épocas históricas, y por figuras principales. La última que ha aparecido en el 1400 es la Gelugpa, y su santidad el Dalai Lama es la cabeza de esta escuela pero también de todas las demás escuelas, porque él ha tenido maestros de todas las escuelas.

L+P: Dentro de tu comunidad, ¿cómo han percibido el hecho de que vivieras con VIH? ¿Has sentido alguna vez rechazo?

Agustín: Por parte de l@s maestr@s he recibido un apoyo incondicional. Veo mucho a mi maestro y hablamos mucho. Dentro de la Shanga, que es la comunidad budista, es como la vida misma, hay personas que he visto y con las que no he hablado nunca, y dentro de la Shanga hay personas con las que me trato y ellas no me han rechazado. Una de las premisas del budismo es que "no hay nada que haga diferentes a los seres humanos". Entonces claro, sería una contradicción. No quiero decir que no exista rechazo pero yo lo desconozco. Ahora, por parte de los maestros, son como madres para mí.

L+P: Antes apuntabas que te sentías relajado con el tema de la muerte. ¿Nos puedes explicar por qué?

Agustín: Yo lo contemplo de la siguiente manera. Bueno no lo contemplo yo, es el punto de vista de la filosofía budista. Si hay algo cierto e inevitable, es la muerte, más tarde o más temprano, pero es inevitable. Si sé que algo es cierto y que tendré que enfrentarme a ello, lo mejor que puedo hacer es prepararme para enfrentarme al momento de la muerte, tratando que mi mente esté lo más tranquila posible en esos momentos. ¿Cómo hago eso? Como cualquier cosa. La meditación es una disciplina como el deporte. A nadie se le ocurriría ponerse unos pantalones cortos y decir "me voy a correr los 100 metros". Necesitas una preparación de años. Porque una cosa es hablar de la muerte aquí relajadamente, y otra es hablar de la muerte en una cama con tubos. El budismo me ha proporcionado instrumentos para ejercitar la mente y el control, a agarrar y soltar como si fuera un músculo. Y el control de la mente se consigue con la meditación.

L+P: ¿En qué dirección vas ahora respecto a tus creencias y a tu estilo de vida?

Agustín: El otro día cuando estuvimos en el médico, las noticias no fueron buenas. En realidad fueron muy malas y mi mujer me dijo: "Oye, si quieres a partir de ahora haz lo que te apetezca", y yo pensé "pero si es lo que hago". Si me dicen que voy a morir la semana que viene, no hay nada que quiera hacer, porque ya hago lo que quiero. En el fondo hago lo que todos los seres humanos hacemos: intento ser feliz. El budismo me ha ayudado mucho. Los grupos abiertos en los que he participado (los baans) también. Quizás una autocrítica que hago es que nos miramos mucho el ombligo. Es verdad que yo tengo el SIDA, pero hay un montón de gente que tiene unas enfermedades que te cagas. A mí me ha dado una perspectiva muy diferente. Me he dado cuenta de que quejarse no sirve para nada. De alguna manera la salud que tengo es la que determinará mi vida futura, por supuesto. Si yo tuviera salud me iría al Monasterio, pero si tuviera salud estaría trabajando. Todo es una maraña y no sé qué saldrá de todo esto, pero me gustaría morir en dransaga con un maestro cerca.

L+P: Hay personas que critican el budismo porque dicen que es un sistema de valores conformista.

Agustín: Al contrario. Yo también pensaba eso, pero el budismo nunca dice que te conformes, al contrario, te dice que no te resignes. De alguna manera siempre nos resignamos a la pobre imagen que tenemos de nosotr@s mism@s. Las enseñanzas te dicen que no tienes que vivir con ese concepto que tienes de ti mismo, de sólo pensar en ti y nadie más. No es siquiera conformismo. Al contrario, lo que pasa es que a veces se confunde aceptación o adaptación con conformismo.

L+P: Estás vinculado con la Asociación UNESCO para el Diálogo Interreligioso, ¿qué actividades desarrollas?

Agustín: Concretamente en la página web de la asociación tenemos un apartado sobre VIH/SIDA. Damos informaciones no médicas sino desde el punto de vista espiritual. Hay historias de vida y testimonios sobre la muerte y la enfermedad, siempre desde la perspectiva de las diferentes tradiciones. Ahora sobre todo estamos centrados en el Fórum 2004, en el cual del día 7 al 13 de julio se celebrará el Parlament de les religions del món (Parlamento de las Religiones del Mundo). Es el cuarto que se ha hecho hasta ahora. El primero fue en 1893 en Chicago. Cien años después, en 1993, se volvió a hacer en Chicago, en 2000 en Johannesburgo. El de Barcelona es importante porque es el primero que se hace fuera del ámbito anglosajón. A ese encuentro vendrán comunidades practicantes de todas las religiones del mundo. Concretamente, el jueves vamos a Madrid porque vendrá Su Santidad el Dalai Lama y nos ha concedido una entrevista de media hora y me han colado. Esto es básicamente el trabajo que hago de voluntario, aparte de preparar las presentaciones en el Parlamento, debates, mesas redondas. Es un trabajo que me gusta, porque queda totalmente aparte del VIH, conoces a un montón de personas que no tienen que ver con ello.

L+P: ¿Qué crees que el diálogo interreligioso puede aportarte a ti como personas con VIH y al VIH en general?

Agustín: Como he comentado antes, creo que nos preocupamos tal vez demasiado por nosotr@s mism@s y nos olvidamos de los demás. El diálogo interreligioso a mí lo que me aporta es conocer a gente de otras tradiciones, compartir, intercambiar, hacer la historia. Para mí las intervenciones en el Parlamento es hacer historia, es poner tu granito de arena con respecto a la solidaridad, la paz, con la justicia.

Con el VIH en general, es muy relativo. Hay personas que viven con VIH y a quienes no les interesa lo más mínimo la espiritualidad. Para otras personas que incluso estén lo mínimo abiertas a este tema, la espiritualidad puede ayudarles a darse cuenta de lo grande que es el mundo, de la gran cantidad de sufrimiento que puede caer en un solo planeta, que no sólo es el nuestro, sino el de 5.000 millones de personas más. Pienso que puede ser enriquecedor.

L+P: ¿Quieres añadir algo más en la entrevista?

Agustín: Agradeceros la oportunidad que me habéis dado para expresar mis ideas y nada más.