Mi diagnóstico es parte de mí, pero no está siempre presente

Pasaron los años y yo me había trasladado a otro país cuando, de pronto, me llegó su solicitud de amistad en Facebook. Estaba confundido, pero me alegró saber de él nuevamente. Él también estaba estudiando en otro país y de ahí permití que nuestras conversaciones fueran cotidianas hasta el punto de hablar por llamada telefónica todos los días. Me pidió perdón por lo que hizo y me dejó saber que “era importante para su vida” y que en ese tiempo tenía pareja y por eso fue imposible tener algo conmigo.

Pasaron 2 años hablando por teléfono y llegó el momento en que él regresaría a Colombia y me dijo que haría todo lo posible por llegar a donde yo vivía para hablar, pero le dije que prefería verlo en Colombia el mes siguiente. El tiempo pasó y llegó el momento de verlo. Fue una felicidad absoluta. Él siempre fue la persona que quería en mi vida. A pesar de los años y los daños siempre lo quise.

Esa noche salimos a comer y lloró pidiendo perdón, pero no había nada que perdonar. Simplemente entendía toda la situación. Regresamos a su lugar de estadía y tuve miedo de estar con él sin preservativo, pero al final terminé aceptando.

Llegó el momento de salir a ver a mi familia en otro lugar y estuvimos hablando por dos días más. Habíamos quedado en que él vendría donde mi familia. Sin embargo, al final de la tarde del jueves nunca volvió a responder a los mensajes y nuevamente esa sensación extraña de por qué me buscó, por qué me volvía a hacer lo mismo.

Estaba herido, enojado y confundido me sentía muy mal por creerle y por haber confiado en él. Regresé a mi país de residencia y 3 semanas después noté cambios en mi cuerpo, unas pequeñas manchas en la piel y días posteriores tenía fiebre, dolor de garganta y dolor de espalda. Sentía que mi cuerpo estaba peleando con algo y el 26 de octubre fui a hacerme una prueba de Elisa. Debía de esperar un fin de semana largo para que me dieran el resultado, hasta que llamé al laboratorio y contestó la recepcionista, ella me dijo que esperase un momento. Mientras esperaba, sonaba una melodía de fondo y esperé por 30 segundos a lo cual ella me dijo que mis resultados eran positivos y que tenía que volver para hacerme una prueba confirmatoria ese día.

No sé cómo pude ir hasta allá, pero lo hice y me realizaron un segundo examen. Le escribí a él y me dijo: “sólo haces esto para saber de mí, estoy sano, bye”. Después de mi diagnostico pasé meses terribles en negación, tratando de perdonarme, de buscar respuestas a mi pregunta, pero no las encontraba. Además, el medicamento tenía efectos secundarios que me hacían deprimirme aún más, al ver a mi cuerpo cambiar por mi culpa.

Poco a poco el tiempo fue sanando mi mente y después de 2 años y algunos meses puedo decir que mi diagnóstico no está conmigo presente, es solo parte de mí, pero no lo recuerdo.