El valor de vivir


Ita Maragall

 

Este puede ser un buen momento para hablar del valor de vivir, del valor de vivir con VIH. Lo cual puede ser leído en un doble sentido. Por un lado, el valor que tiene el hecho de vivir para un niñ@ que nace infectado por el VIH, del valor que toma la vida cuando cada día vivido con el virus, las pastillas y demás es un logro. Pero también del acto de coraje que supone vivir hoy con VIH teniendo en cuenta la estigmatización que ello sigue suponiendo muy a nuestro pesar. 

Est@s chic@s necesitan un entorno suficientemente sólido para acogerl@s y dar respuestas a sus necesidades específicas que a menudo pueden ser diferentes. Un entorno de personas, servicios e instituciones que les atienda, ya que el hecho de vivir con VIH puede llevarl@ s a necesitar más apoyo y más soporte en momentos concretos. 

A pesar de su juventud, su vida se ha convertido en una apuesta arriesgada y en el coraje de creer en un futuro. Lo que más necesitan l@s niñ@s y l@s jóvenes que viven con VIH para esta apuesta es respeto. Entendemos el respeto como el hecho de tratar a otra persona de igual a igual sin encerrar ningún tipo de desigualdad y de considerar su situación personal con atención para comprenderla, interesarse y comprometerse en aquello que pueda llevar a su mejora o incluso resolución. 

La cuestión es si realmente vivimos en un entorno que permita cultivar este respeto como una base para la convivencia. En los últimos tiempos, demasiados acontecimientos parecen poner en evidencia que algunos valores están en crisis. 

Se dice por ahí que hay una crisis de valores, sobre todo cuando se habla de los problemas de la juventud. Pero quizás es mejor y más real pensar que son los valores los que están en crisis y más concretamente ciertos valores. Sí, sí, pero realmente ¿qué son los valores? Los valores son una expresión formal de una manera de hacer, de ver y sobre todo de justificar las cosas. De esta forma consideramos los valores como una parte de las estrategias que seguimos para la acción más que una mera declaración de principios (S.Cardús, 2000). 

En nuestra vida cotidiana tomamos decisiones constantemente, y lo hacemos de acuerdo a las formas de hacer que hemos aprendido y experimentado. Así, seguimos opiniones que son el resultado de una reflexión seria e informada o también, incluso más a menudo, seguimos opiniones fruto de prejuicios e ideas injustificadas. 

Y hablar de infancia y de futuro quiere decir hablar de educación obligatoriamente. Para plantearnos este futuro de respeto para l@s niñ@s que viven con VIH deberíamos apoyar y favorecer una educación asentada en la reflexión y el diálogo permanentes, un espacio que dé cabida a la diferencia y a la resolución de conflictos. Una educación con y en valores. 

La educación en valores se concibe y se entiende como una transmisión de actitudes básicas, una transmisión ligada fuertemente a la experiencia. Tal idea de educación va más allá de la clase de ética de un jueves por la mañana en escuelas e institutos y debe llegar hasta los ratos de recreo, en los partidillos de fútbol, por ejemplo,...donde las actitudes que se viven acostumbran a ser ojo por ojo, la ley del más fuerte o incluso llegar a creer que ser de otro equipo puede merecer la muerte. De este modo, las asignaturas de ética, las campañas a favor de la solidaridad, la paz o la tolerancia, se convierten en rituales de exorcismo de los problemas que tiene la sociedad, pero no transmiten actitudes que se puedan convertir en acciones. Para ello necesitamos compartir y transmitir actitudes como

    .  juego limpio,
    .  respeto a la confidencialidad,
    .  generosidad franca,
    .  placer de la coherencia,   curiosidad por lo diferente o desconocido,
    .  humildad de saber perder,la humildad de saber ganar,
    .  confianza en la palabra de otra persona, 
    .  interés por lo ajeno, etc. 

La educación en valores está directamente ligada a la mismísima experiencia y sobre todo al ejemplo, por lo tanto no tiene nada que ver con sermones sino con el tiempo compartido y la convivencia entre personas diferentes. 

Para las nuevas generaciones que viven y vivirán con VIH en un sentido lo más amplio posible, la educación en valores para un futuro lleno de respeto requiere apostar por un objetivo atrevido: dar y transmitir el coraje necesario para pensar en el futuro e inventar uno de nuevo. 

Así, educar se convierte en una invitación a inventar nuevas maneras de actuar y vivir, donde el respeto por un@ mism@ y l@s demás nos brinde la posibilidad de prestar atención a l@s niñ@s que viven con VIH, comprender su situación, interesarnos por sus necesidades y comprometernos en la elaboración de respuestas creativas.