El VIH vive en nuestro cuerpo, debemos convivir con él, pero no dejar que nos domine

Para todas aquellas personas recién diagnosticadas: entiendo su miedo, su frustración, su ansiedad, sus ganas de morir, pero sobre todo su soledad. A ustedes los abrazo en la distancia, les prometo que las cosas van a cambiar, no siempre seremos felices, no siempre estaremos tristes, pero sí estaremos y eso hay que aprovecharlo.

Para todas aquellas personas que llevan diagnosticadas el mismo (o más) tiempo que yo les doy las gracias. Dentro de esta página tuve la oportunidad de conocer personas que me ayudaron a entender, me ayudaron a educarme, me ayudaron a no sentirme solo, pero sobre todo me ayudaron a tener esperanza.

Vivir con este virus no es fácil, el miedo a que las demás personas te traten como un paria, que tus padres se alejen, vivir en silencio, vivir escondidos, vivir en las sombras, todo por la ignorancia. Cuánto he aprendido en este año y me ha hecho más humano es algo que esta fuera de mi alcance explicar. Las complicaciones banales que antes me agobiaban ahora solo parecen hechos insignificantes que no deben quitarme el sueño.

Yo, como a todos nosotros, hace un año me dieron una noticia que me cambió la vida, como muchos más, pensé en terminar mi existencia, pero escogí luchar, no todos los días son soleados, no todos los días son grises y, como todo el resto del mundo, tenemos ambos o una mezcla de ambos, pero es porque somos como todo mundo, con la oportunidad de ser mejores, de cuidar nuestro cuerpo, de cuidar de las personas que amamos.

Quisiera pensar que existirá una cura, se lo he dicho a todas las personas que he conocido por este medio y que cuando eso suceda nos vamos a abrazar y llorar y reír juntos, no pierdo la fe en ello, pero tampoco quiero esperar para abrazarlos y reír con ustedes.

El VIH es solo un virus que vive en nuestro cuerpo, en NUESTRO cuerpo, nosotros somos los dueños y debemos de convivir con él, no dejar que nos domine. A todos y a cada uno de ustedes, les mando un abrazo fuerte, lloro con ustedes, me río con ustedes, porque con o sin esta enfermedad, todos vamos en el mismo barco y espero que lleguemos a nuestros destinos.

Hoy hace un año mi vida cambió y sigo vivo, sigo acá escribiendo. Los amo a todos aunque no los conozca, los admiro porque están ahí afuera, luchando sus propias batallas, los mantengo en mis oraciones porque saldremos de esta, pero sobre todo les agradezco.

La vida no se acaba, la vida comienza, de una manera diferente, quizás no como deseáramos que fuera, pero debemos sacar provecho de lo que tenemos.