AIDS 2020: La resiliencia es un factor que favorece el envejecimiento saludable en personas con el VIH

La mejora del tratamiento antirretroviral, así como el mayor acceso al mismo en el mundo han supuesto que un número cada vez mayor de personas con el VIH puedan llegar a edades avanzadas. De hecho, se calcula que en el año 2030 el 70% de las personas con el VIH tendrán más de 50 años y este aumento en la esperanza de vida de las personas con el VIH, aunque sin duda deseables, también traen consigo numerosas incógnitas. Por este motivo, el tema del envejecimiento en personas con el VIH ha ocupado un lugar destacado en la reciente XXIII Conferencia Internacional del Sida (AIDS 2020: Virtual), celebrada recientemente de forma virtual debido a la pandemia de la COVID-19 (acrónimo en inglés de enfermedad por coronavirus 2019), donde se han presentado varios estudios que intentaban identificar cuáles son los principales retos, así como los factores de protección asociados a un envejecimiento saludable.

Uno de los estudios presentados en la conferencia fue Living Positive in Queensland (Viviendo positivo en Queensland, Australia), un estudio cualitativo que a lo largo de un período de tres años realizó más de 200 entrevistas a una cohorte compuesta por 73 personas con el VIH, en su mayoría hombres, de entre 34 y 75 años (dos terceras partes de las cuales eran mayores de 50 años). Casi dos terceras partes de los participantes tenían el VIH desde hacía un mínimo de 15 años y la mayoría de los participantes contaban con una pensión de apoyo por discapacidad y vivían en viviendas de protección oficial o de alquiler. La mayor parte de los hombres declararon padecer otras comorbilidades como cánceres, enfermedades cardíacas, diabetes, además de problemas de salud mental y cognitivos.

Las entrevistas anuales permitieron reunir información sobre las experiencias vividas por los hombres y determinar qué estrategias seguían las personas que se hacen mayores con el VIH para adaptarse a los desafíos sanitarios, sociales y de atención a los que se enfrentan.

Los participantes percibían que envejecer con el VIH iba acompañado de una sensación de ‘invisibilidad’socialy apuntaban a que una de las razones de ello era el enfoque exclusivamente biomédico que se hace del VIH, donde se hace hincapié en el efecto del tratamiento antirretroviral sobre la salud física, pero se descuidan otros aspectos del bienestar general.  Precisamente en otras sesiones de la conferencia también se abogó por un enfoque más holístico de la salud de las personas con el VIH (véase La Noticia del Día 15/07/2020).

El aislamiento social también contribuyó a la sensación de invisibilidad y este estuvo relacionado con el estigma y el mal estado de salud relacionados con el VIH. El estrés que supone el manejo de una enfermedad crónica y las comorbilidades también se tradujo en que los encuestados afirmasen sentir numerosas cargas invisibles que requerían su atención de forma continua. Los sentimientos de invisibilidad se vieron aumentados por la existencia de una discriminación más amplia debido a la edad.

Los participantes también reflejaron su preocupación por las numerosas incertidumbres que rodean el hecho de hacerse mayor con el VIH. Así, se mostraron preocupados por el efecto que tendría el VIH a medida que avanzara su edad y si los cambios que se producirían en sus cuerpos podían atribuirse únicamente al propio proceso de envejecimiento o a efectos del propio virus. También se destacó el papel de los determinantes sociales de la salud, como los ingresos económicos y la vivienda.

Como era de esperar, la encuesta también recogió los temores que suelen manifestar las personas mayores de la población en general, como es la posible pérdida de su independencia personal y, así, los participantes declararon que no querer convertirse en una carga para los demás o para el sistema de salud. A las preocupaciones habituales sobre la atención en las residencias, los participantes también señalaron sus inquietudes sobre el estigma y la discriminación relacionados con el VIH y sobre si el personal de dichos centros estaría preparado para atender las necesidades de las personas con el VIH.

En este sentido, algunas personas afirmaron que contemplaban la opción de dejar de tomar el tratamiento antirretroviral como un ‘as en la manga’ para buscar una salida en caso de que la pérdida de independencia personal les suponga una situación insoportable.

Por otro lado, en la encuesta también se buscaba identificar qué factores consideraban los participantes que podrían servir de protección frente al deterioro relacionado con la edad y dar sentido a sus vidas a medida se hacen mayores con el VIH. Los factores que se identificaron muy vinculados a la aceptación de la propia condición fueron disponer de conexiones sociales y comunitarias, el poder intercambiar experiencias sobre el hecho de vivir y envejecer con el VIH, el realizar tareas de voluntariado y el deseo de sentirse útil.

En lugar de considerar el envejecimiento con el VIH exclusivamente como una preocupación individual, también se tuvieron en cuenta los aspectos sociales y cómo una persona mayor con el VIH puede convertirse en un miembro valioso dentro de una comunidad.

Es importante tener en cuenta el concepto de resiliencia (la capacidad de recuperarse de los reveses) al considerar el hecho de hacerse mayor con el VIH. Al tener que hacer frente a los problemas sanitarios y sociales asociados a hacerse mayor con el VIH, los participantes de esta cohorte mostraron la capacidad de desarrollar una capacidad de recuperación que les podría ser de ayuda a la hora de afrontar los desafíos futuros y a mantener su esperanza.

Sin embargo, los autores destacan que muchos de los recursos de apoyo disponibles en Queensland se han visto afectados por recortes. Esta pérdida de recursos comunitarios puede resultar perjudicial para las personas mayores con el VIH debido a la función protectora que representan.

En un estudio canadiense presentado en la conferencia también se examinó el papel que desempeña la resiliencia en el proceso de hacerse mayor con el VIH en el que participaron hombres gais, bisexuales y otros hombres que practican sexo con hombres (GBHSH) mayores con el VIH. Este segundo estudio pretendía determinar de qué modo muchos de estos hombres han conseguido desarrollar resiliencia en el proceso de hacerse mayor con el VIH. Esta resiliencia les ha permitido no solo sobrevivir a los impactos clínicos y sociales sufridos, sino también prosperar y llevar vidas plenas y significativas.

El estudio se basó en las entrevistas realizadas en la ciudad canadiense de Ontario a 41 hombres GBHSH con el VIH, de 40 años o más (media de edad, 54 años). La mayoría de los hombres se identificaron como gais (73%) y el 41% eran de etnia blanca, el 20% de etnia negra, y el 17% de ascendencia asiática.

En el estudio se identificaron tres grandes áreas que contribuían a la resiliencia: recursos, factores de protección y fortalezas personales.

Los hombres mencionaron que disponían de recursos (como organizaciones y eventos comunitarios, centros de salud o programas de reducción de daños) a los que podían recurrir cuando los necesitaban y que les proporcionaban espacios seguros e inclusivos.

Entre los ejemplos de factores de protección que se mencionaron estarían el disponer del apoyo de familiares o amistades de toda la vida, contar con información sobre el VIH, mantener relaciones sexuales significativas, realizar voluntariado en organizaciones relacionadas con el VIH y realizar activismo.

Entre los puntos fuertes personales estarían cualidades como la proactividad, la perseverancia (por ejemplo, para encontrar un médico adecuado) y la autoconciencia.

Estos estudios proporcionan una valiosa información sobre la vida de las personas que se hacen mayores con el VIH y sirven para situar el envejecimiento en un contexto biopsicosocial, en lugar de limitarse a un enfoque biomédico en el que se podrían no estar poniendo en valor los sistemas comunitarios de atención social. Los autores de los estudios identificaron las estructuras de apoyo social y comunitario como valiosos mecanismos de protección para dicha población. En consecuencia, es necesario realizar programas para desarrollar la capacidad de resiliencia, de modo que las personas que se hacen mayores con el VIH puedan afrontar mejor los retos que se encuentran y recuperarse de los posibles reveses.

Fuente: Aidsmap/Elaboración propia (gTt-VIH)
Referencias:Howard, C. et al. “Is it HIV or just old age?” Uncertainties of ‘successful’ ageing with HIV. 23rd International AIDS Conference, oral abstract OAD0906, 2020.

Liboro, R. et al. Examining the resilience of racially diverse, HIV-positive, middle-aged and older men who have sex with men to HIV/AIDS: Resources, protective factors, and personal strengths. 23rd International AIDS Conference, poster PED0780, 2020.