Carta a un virus


Charo Morer González

Mi estimado bichito, 

Como ya hace quince años que estamos juntos, aprendiendo a convivir y a tolerarnos (aunque a decir verdad, esta convivencia es mucho más beneficiosa para ti que para mí), he decidido dedicarte unas líneas para que veas que, a pesar de todo no te guardo rencor. 

¿Sorprendido?, pues no lo estés amigo, porque aun cuando mi sistema inmune y por lo tanto mi estado de salud los has dejado tocados, por otro lado me has enseñado muchas cosas. Sí, no te rías no, pues desde que nos conocemos mis sensaciones y percepciones acerca de qué es lo verdaderamente importante en esta vida han cambiado, son completamente distintas a las que yo tenía antes. Te preguntarás el porqué. Es muy sencillo querido amigo: cuando tienes una espada de Damocles pendiendo sobre tu cabeza, hay una serie de cuestiones prioritarias para la mayoría de las personas “sanas” pero que para mí han pasado al último lugar; esto es: economía, competitividad, lucha, moda, ascensos, propiedad, etc. Sin embargo, otros como paz, amor, tranquilidad, amistad, se colocan en primera posición. 

Por eso amiguito, te tengo que agradecer lo que tú me has enseñado, lo que has hecho por mí para engrandecerme como persona, aun desconociendo el tiempo que me vas a permitir seguir aquí. 

Además, te voy a recordar una cita de Napoleón, que parece hecha para nosotros y nuestra especial relación: “Si no puedes vencer a tu enemigo (y es evidente, que yo no puedo), únete a él”. 

Un beso bichito.
 

Charo Morer González
Casetas, 23 de octubre de 2003