Dejar de ocultarse y de sufrir

Estuve ingresado alguna vez, pero solo para hacerme pruebas. A los 30 años decidí hacer un proceso de rehabilitación y me fui a hacer unas analíticas. Cuando fui a buscar los resultados, el médico me dijo que cómo podía estar andando por la calle y haciendo vida normal, dado que mis resultados indicaban que estaba a 10 de defensas y que tenía las plaquetas por los suelos.

Inmediatamente me ingresaron en un hospital. Me recuperé, me subieron las defensas, alcancé la carga viral indetectable y me rehabilité. Al tener el VIH, me escondía en el trabajo, salía fuera a trabajar y compartía habitación. Tenía que esconder la medicación [antirretroviral] al compartir piso. Quizás, una vez, unos compañeros de piso se enteraron [de la medicación que tomaba] y sentí un rechazo inmenso.

Con las relaciones sexuales, nunca dije a nadie que tenía el VIH. Mi familia lo sabe desde siempre y nunca sentí rechazo por parte de padres y hermanas, solo de una tía.
A veces me cuesta reconocer que tengo el VIH, por eso escribo esto hoy, porque ya basta de ocultarme y de sufrir. Espero que a la juventud de hoy en día mi testimonio os dé fuerza y valentía. Empatizo mucho con vosotros, ya que me pongo en vuestro lugar y sé que no es fácil, pero también sé que se puede porque aquí estoy. Gracias.