Tres semanas en esta nueva etapa

Nos encontramos un jueves y me dio la invitación. Esa tarde me escribió un chico con el mantuve dos veces relaciones sexuales sin condón, me pareció raro, pero no presté atención.

Llegó el viernes y por la tarde me arreglé: Ese día iría a hacerme la prueba del VIH y después a beber cervezas con un súper amigo. Llegué al local de la ONG y me atendieron muy bien. Respondí la encuesta y me realizaron la prueba del VIH (ELISA). En ese momento el activista me miró, respiro y me dijo: "Tranquilo, seguro que hubo un error, porque la prueba ha salido positiva”.

La verdad es que yo estaba tranquilo, pues había escuchado de personas que me decían que siempre existía un margen de error. Me fui a pinchar de nuevo, a hacerme la prueba confirmatoria. Me pincharon y el Western blot salió reactivo al VIH. El activista habló conmigo. Yo estaba muy sereno, traté de manejarlo con calma y relajarme. Él me miró extrañado, pues mi respuesta ante el diagnóstico al parecer era rara. Le comenté: "Bueno, ¿ahora qué debo hacer? Sé que hay medicamentos".

Me preguntaron si sabía quién me lo había transmitido. Mi vida sexual es muy activa, pero sin condón solo lo hice con una sola persona. Evadí algunas preguntas y salí totalmente confundido y aturdido. Llamé a mi súper amigo, él en principio pensó que con eso no se bromeaba. Le confirmé mi diagnóstico y le mostré el examen. Ese día decidimos ir de celebración. Nos sugestionamos y a la vez festejamos lo vivos que estábamos para la condición deprimente de mi país.

El fin de semana se me hizo largo. Lloraba, reía y me hacía cuestionamientos internos. El domingo llamé a una amiga y se lo comenté: Se conmovió. El lunes debía asistir al hospital para realizarme una prueba "eficaz" [del VIH], sin margen de error.

Por la mañana me realizaron el examen y por la tarde pasé a por mis resultados. Estaba acompañado de dos personas importantes para mí. Realmente fue horrible. Las enfermeras llamaron al inmunólogo. Después de diez minutos me hicieron pasar a una sala y me dieron una hoja donde decía “reactivo al VIH”. Me ingresaron en el programa de pacientes VIH+.

En estas tres semanas he pasado por un proceso de aceptación, de alcanzar un estado de ánimo óptimo, siempre con una sonrisa. Hace una semana inicié el tratamiento antirretroviral; ya los efectos secundarios han disminuido.

Lo duro fue decírselo a mi familia, a las personas en quien confío. En la familia hemos tenido amigos que en el pasado murieron por sida o alguna enfermedad oportunista. Ellos sabían de las experiencias que habían vivido sus amigos portadores, el rechazo, etc. Por suerte me brindan su apoyo y están de mi lado. Yo los mantengo al tanto de las noticias sobre el VIH.

No me gusta hacer ejercicio, fumo “weed” y cigarrillos, también bebo alcohol en grandes cantidades. El tratamiento antirretroviral me ha limitado mi dieta. Estoy en el proceso de adaptación y de mejorar el estilo de vida. O sea, debo reducir los cigarros y la “weed”, y el alcohol solo en brindis de celebración.

Respecto a hacer ejercicio, ahora salgo a trotar, a caminar e ingresaré a clases de salsa casino para mantenerme ocupado.

También hablé con el chico que me transmitió el VIH: era portador y no lo sabía. Mantenemos una amistad. En mi trabajo, mi jefe inmediato lo sabe, confío en él y me brinda su apoyo.

Creo que todo es cuestión de actitud, de mantener la frente en alto y las energías al 100%. A veces, si entro en pensamientos fatalistas, en las noches me cuesta dormir; no dejan de venirme pensamientos absurdos a mi cabeza (la medicación antirretroviral quizá).

Siento que debía pasar, lo mejor fue descubrirlo a tiempo. Mi vida se ha visto muy acelerada. Disfruto el día a día, y hago mis cosas de la mejor manera, creo en Dios y no le reprocho nada, la vida me ha sabido tratar y consentir

Lo siento si escribí mucho, pero debía drenarlo.