Carlos y Pilar son pareja y viven juntos, aunque todavía no como ellos quisieran. Ambos cobran pensiones no contributivas y como a cualquier otra pareja les gustaría tener un trabajo, adaptado en este caso a lo que pudieran dar de sí, y su propia casa. Tienen cuarenta y un y treinta y ocho años y ocupan un piso tutelado de Cáritas en el barrio de Altozano de Alicante. Se conocieron en la casa de acogida, aunque Pilar, con problemas neurológicos, no se acuerda mucho de cuánto tiempo hace: «Me parece que estamos juntos desde siempre », nos dice. Se la ve tranquila.
Carlos es mucho más inquieto. Agradece el hecho de poder disponer de una vivienda aunque sea provisional, pero cree que el Estado podría hacer algo más por ellos. «Con lo que cobramos sólo nos da para comer. Esto no es vida.» Él ha tenido que superar la falta de apoyo social y familiar, el uso de drogas y la agresividad de un grupo de violentos que le prendieron fuego estando durmiendo en la calle. Tiene quemaduras en el 40% de su cuerpo.
Pilar: «Demostrando con nuestro comportamiento que somos personas como otras nos fuimos ganando la confianza de la gente.»
Cuando Carlos y Pilar llegaron al barrio de Altozano, sintieron el rechazo de l@s vecin@s. «Ibas a un bar y te quedaba todo el mostrador libre para ti; de repente, todo el mundo se apartaba. Nos hacía sentir muy mal», cuenta Carlos. Poco a poco, y «demostrando con nuestro comportamiento que somos personas como otras nos fuimos ganando la confianza de la gente», dice Pilar. Ahora pasan ratos charlando con vecinos en un bar próximo a su casa, incluso aceptan ser invitados a unas cañas ante la insistencia del dueño del bar. Otr@s les ayudan con comida. «Nos sentimos apoyad@s y lo agradecemos », dice Pilar con cara de satisfacción. Auténticos héroes de barrio.