Los factores de riesgo no asociados al VIH serían la causa de muchas comorbilidades

Según un estudio estadounidense publicado en The Lancet, en el contexto de la infección por el VIH, prevenir el tabaquismo, reducir los niveles de colesterol, controlar la tensión arterial y curar la infección por el virus de la hepatitis C (VHC) reducirían notablemente los casos de infarto de miocardio, cánceres no asociados a sida, enfermedad hepática terminal e enfermedad renal terminal.

Los resultados provienen del análisis de los datos de una amplia cohorte norteamericana conocida como NA-ACCORD, que engloba los resultados clínicos de personas atendidas en 200 centros médicos norteamericanos. Esta cohorte cuenta con datos de más de 180.000 personas que han sido atendidas como mínimo dos veces en alguno de los centros médicos incluidos.

A medida que la terapia antirretroviral ha ido aumentando la esperanza de vida de las personas con el VIH, las comorbilidades no asociadas a sida –tales como la enfermedad cardiovascular (véase La Noticia del Día 05/09/2018 ), hepática (véase La Noticia del Día 04/02/2019 ) o diversos tipos de cáncer (véase La Noticia del Día 07/02/2018 ) – se han convertido en las principales causas de muerte de las personas con el VIH en países de ingresos altos. Entre las posibles causas están el envejecimiento progresivo de esta población, el propio VIH, los efectos adversos de los antirretrovirales y los factores de riesgo ya conocidos para esta patología. No obstante, el impacto de cada una de dichas causas no ha sido adecuadamente determinado.

Para esclarecer este punto, los autores del presente estudio incluyeron a todos los integrantes de la cohorte que habían realizado, al menos, dos visitas entre enero de 2000 y diciembre de 2014. Todos los casos de infarto de miocardio, enfermedad hepática terminal, enfermedad renal terminal y de cánceres no asociados a sida que tuvieron lugar tras la inclusión en el estudio fueron registrados y los diversos factores de riesgo vinculados o no al VIH fueron evaluados.

Los factores vinculados al VIH que se evaluaron fueron recuento de CD4, carga viral, diagnóstico de sida

e historial de tratamiento antirretroviral. Los factores no relacionados con el VIH evaluados fueron tabaquismo, niveles de colesterol total, tensión arterial, diabetes, prescripción de estatinas (fármacos para reducir los niveles de colesterol), infección por el VHC e infección por el virus de la hepatitis B (VHB).

Los investigadores calcularon un parámetro llamado fracción etiológica o proporción de riesgo atribuible, que indica el porcentaje de casos que se evitarían al eliminar cada factor causal investigado. La fracción etiológica es un parámetro muy útil para valorar a priori cómo una intervención dirigida a eliminar un factor de riesgo puede reducir la incidencia de una patología.

Durante el seguimiento, se detectaron 1.405 cánceres no definitorios de sida en un grupo total analizado de 61.500 participantes. El 16% eran casos de cáncer de pulmón, el 16% de cáncer anal, el 12% de cáncer de próstata, el 7% de linfoma no Hodgkin, el 6% de cáncer hepático, el 6% de cáncer oral o faríngeo, el 5% de melanoma y el 5% eran casos de cáncer colorrectal.

Las personas fumadoras presentaron un riesgo superior en un 61% al observado en no fumadoras de desarrollar un cáncer no definitorio de sida (cociente de riesgos instantáneos ajustado [aHR, en sus siglas en inglés]: 1,61). El 24% de los cánceres no definitorios de sida podrían haberse evitado si ningún participante hubiera sido fumador, mientras que solo el 3% habrían podido ser evitados si todos los participantes hubieran tenido unos niveles de CD4 superiores a 200 células/mm3 .

Un total de 29.515 participantes fueron elegibles para el análisis relativo a los casos de infarto de miocardio, con una mediana de seguimiento de 3,5 años. Durante el periodo evaluado se detectaron 347 casos de infarto de miocardio. Los fumadores vieron incrementado el riesgo de infarto de miocardio en un 82% (aHR: 1,82). Las personas con colesterol total elevado vieron incrementado su riesgo tres veces (aHR: 2.95) y las personas con hipertensión lo vieron incrementado en más de tres (aHR: 3,34). Un recuento de CD4 inferior a 200 células/mm3 se asoció a un riesgo que duplicó el de tener un recuento de CD4 más elevado (aHR: 2,02).

El 37% de los infartos de miocardio no hubieran tenido lugar si todos los participantes fueran no fumadores, el 44% serían prevenibles controlando los niveles de colesterol y el 42% controlando la tensión arterial . Solo el 6% de los infartos de miocardio podrían ser prevenidos manteniendo los niveles de CD4 de todos los participantes por encima de 200 células/mm3 .

Un total de 35.044 participantes fueron incluidos en el análisis relativo a enfermedad hepática terminal. Durante una mediana de 3,1 años de seguimiento tuvieron lugar 387 casos de hepatopatía terminal

En este caso, el tabaquismo no afectó al riesgo de enfermedad hepática terminal. En cambio, tener un recuento de CD4 inferior a 200 células/mm3 casi cuadruplicó el riesgo de padecerla (aHR: 3,89) y tener infección por VHB o VHC lo triplicó (aHR: 3,11 y aHR: 3,13; respectivamente) . El consumo elevado de alcohol incrementó en solo un 78% el riesgo de padecer enfermedad hepática terminal (aHR: 1,78), aunque por ser un factor de riesgo muy frecuente, si toda la población del estudio hubiera tenido un consumo moderado de alcohol se habrían evitado el 35% de los casos de hepatopatía terminal . No tener casos de infección por el VHC habría evitado el 30% de dichos casos, no tener casos de infección por el VHB habría evitado el 16% y mantener a toda la población del estudio con un recuento de CD4 superior a 200 células/mm3 habría evitado el 19% de los casos de enfermedad hepática terminal .

Un total de 35.260 participantes eran elegibles para la inclusión en el análisis de enfermedad renal terminal, que fueron seguidos durante una mediana de 3,3 años, en los que tuvieron lugar 255 casos de enfermedad renal terminal.

Tener una presión arterial alta fue el factor de riesgo más elevado de padecer enfermedad renal terminal (aHR: 5,18), seguido por tener un recuento de CD4 inferior a 200 células/mm3 (aHR: 3,03) y por tener niveles elevados de colesterol total (aHR: 2,54).

Un control de la tensión arterial elevado hubiera prevenido el 39% de los casos de enfermedad renal terminal , mientras que el control de los niveles de colesterol habría evitado el 22% de los casos . Tener una carga viral inferior a 400 copias/mL hubiera prevenido el 19% de los casos (especialmente en afroamericanos, donde se observó un mayor impacto de dicho factor) y prevenir la diabetes hubiera evitado el 6% de los casos de enfermedad renal terminal .

En el presente estudio, los factores de riesgo no relacionados con el VIH fueron aquellos con mayor impacto sobre las principales comorbilidades que ponen en peligro la vida de las personas con el VIH. Ello debería llevar a la reflexión a los profesionales sociosanitarios que atienden a personas con el VIH para que pongan en marcha programas encaminados al control y la modificación del impacto de factores de riesgo tales como el tabaquismo, la hipercolesterolemia o la hipertensión.

Fuente: Aidsmap / Elaboración propia ( gTt-VIH ).
Referencia: Althoff KN et al. Contributions of traditional and HIV-related risk factors on non-AIDS-defining cancer, myocardial infarction, and end-stage liver and renal diseases in adults with HIV in the USA: a collaboration of cohort studies. Lancet HIV, 6: e93-104, 2019.