Quiero compartir cómo he asimilado esta enfermedad

Desde mi experiencia y la guía médica que he recibido en sesiones de psicología aprendí que tu estado médico no define quién eres. Nadie con esta condición se presenta diciendo: “Hola, soy XX y soy VIH positivo”.

Esta enfermedad tiene un fuerte estigma social y es abrumador el millón de conceptos errados, además de malintencionados que puedes encontrar en muchas personas. La buena noticia es que esos conceptos tampoco te definen a ti.

Desde que inicié mi tratamiento comencé a escribir un diario en el que vertí mis pensamientos y dolores acerca del tema. Eso me llevó a rememorar las cosas que pudieron producir que me infectara y hace unas semanas reconocí que sabía las consecuencias de lo que podía pasarme si tenía relaciones sin protección, sin conocer realmente a la persona con la que estaba en ese momento.

Desde ese momento reconocí que tomé una mala decisión, pero en aquella época no pensé en las consecuencias que tendría esa decisión. No las conocí hasta este año y, con ellas, toda una cadena de eventos y emociones jamás experimentadas, pero hoy puedo decirte que reconocer todo lo ocurrido me permitió perdonarme y sanar mi alma.

Perdonarte a ti mismo no es fácil, pero te libera.

Podemos ver las cualidades de otros, pero decir las nuestras nos cuesta. Podemos ser nuestros peores jueces con nosotros mismos, pero al que nos hace daño no lo juzgamos como se debería.

No somos perfectos, es más, nadie lo es. Si lo fuéramos esto no nos habría pasado pero ya que paso aprendamos juntos a ser mejores personas, a amar mejor, a vivir mejor, a cumplir nuestras metas.

Solo tú te detienes. Con el tiempo seguirás el tratamiento y piensas que las pastillas que tomas son vitaminas para ser feliz, ya no mencionarás a la enfermedad, ya no sentirás culpa.

Despertarás con más ganas de vivir, de amar y ser amado pues tu pasado quedó atrás y vivirás el presente porque el pasado ocurre cuando debe ocurrir no cuando tú lo imaginas. El futuro viene con lo que haces por tu presente.

Aunque no te conozca te digo una cosa: No estás solo y nunca lo estarás. Te amo, no te conozco, pero te amo porque eso lo merecemos todos, siempre.