Vuelvo a querer a alguien

La verdad es que no faltan los chicos que me agregan y me dicen que cómo alguien así como yo está soltero, que soy guapo y tengo carisma. Si supieran la realidad de por qué no he querido conocer a nadie los asustaría. Claramente es que no le doy alas y ellos mismos entienden que no busco nada más que una simple amistad, pero siendo honesto me gusta un chico de mi hospital.

Es cierto que no les conté que tengo 23 años y soy médico interno de pregrado, ya finalizando esta etapa a menos de 20 días y pasaré al servicio social.

Pero regresemos al chico que me gusta. Pensarán que esta historia no tiene orden ni nada, pero me sirve mucho desahogarme y la verdad es que soy una persona que nunca para de hablar y soy súper extrovertido. Bueno, regresando al tema, este chico que me gusta es dos años mayor que yo, ya es residente y es mi residente de guardia, lo que quiere decir que es mi superior.

La verdad es que este año pasé de ser el chico súper coqueto que se la pasaba en el celular contestando mensajes a sus ligues a ser alguien que es alegre y siempre tiene una sonrisa aunque dentro de mí me duelen ciertas situaciones.

Pero bueno, no sé ni por qué les cuento esto. Bueno sí que lo sé. Nadie sabe de mi diagnóstico, ni mi familia ni mis mejores amigos, así yo decidí que nadie debía cargar con algo de lo que yo mismo fui arquitecto. La razón por la que les cuento que me gusta alguien es porque me creí que era incapaz de volver a estar loco por alguien y es que yo no planeé enamorarme de un imposible. Lo digo porque el chico que me gusta es de clóset y por eso pienso que sería imposible, no porque esté guapo o algo así.

La razón por la que desato al chico enamorado que llevo dentro es por su forma de ser conmigo desde el primer día, haciéndome preguntas tan básicas como difíciles y lo que más me gusta es que me diga que soy el primero que no tiene miedo de contestarle y que admire mi inteligencia. Es algo que nadie lo había valorado y llamó mi atención.

Siempre tengo contacto visual con él y tenemos conexión. Me gusta llamar su atención y, por lo visto, a él también ya que cuando estamos en un interrogatorio llama mi atención y las preguntas que me hace, o que patee mi pies para que yo lo voltee a ver mientras estoy concentrado haciendo mi trabajo, o que al ir por el pasillo me aviente y me agarre son cosas que me hacen parecer un adolescente. Cuando vamos a comprar algo de comer que me diga yo pago son cosas que me hacen pensar que quiere algo conmigo.

Claro que no tengo la necesidad de que alguien me compre cosas, por eso trato de compensarlo yo también y tengo miedo porque ya no lo veré y no sé cómo decirle que me gusta sabiendo que él es discreto. Sé que el “no” ya lo tengo garantizado, tal vez solo me estima y yo estoy pensando algo que no es, pero les confieso algo: él despierta en mi cosas que ya había creado imposibles desde que me enteré de mi diagnóstico y pienso que solo necesitamos tiempo para sanar.

Así que he decidido que en mi fiesta de despedida le diré lo que siento por él. Total, ya me iré del hospital pero si las cosas quieren dar otro paso no me daría miedo ya decirle que sí. Siento que este año me sirvió para valorarme y saber bien lo que valgo y no porque sea VIH positivo voy a tener miedo al amor.

No sé qué piensan, pero tenía que desahogarme y aunque sea una historia sin inicio y sin final coherente me sirvió para sacar todo lo que tengo dentro, solo para decirles que con una buena disciplina y con un adecuado apego al tratamiento retroviral podemos tener una mejor vida que cualquier paciente con enfermedades crónico-degenerativas y no digo que esto signifique que debemos darle rienda suelta. Al contrario, siento que nosotros sabemos más de la vida que otras personas y por eso nos cuesta tanto dar el primer paso con alguien.

Si alguien quiere tener contacto conmigo y tener un amigo yo estoy aquí para apoyar y que me apoyen así que unidos somos más fuertes.