No he sido buena persona y debo pedir disculpas

Todo esto empezó como hace un año. Un buen día, me desperté para ir a trabajar y empecé a encontrarme mal. Como a cualquier otra persona, lo primero que se me pasó por la cabeza era que se trataba de una gripe: Me dolía la cabeza, tenía un poco de fiebre, me dolía la garganta y me sentía un poco débil. No le di mayor importancia, no parecía nada que no se pasara con reposo.

Una semana más tarde, ya me encontraba mejor. Ya no me dolía la cabeza y tampoco tenía fiebre, aunque el dolor de garganta persistía. Pensé que con unos días más se me acabaría pasando, pero no fue así.

Pasaron un par de semanas más y el dolor de garganta se mantenía. Estuve 6 semanas con antiinflamatorios que estuvieron quitándome el dolor casi por completo durante todo ese tiempo.

Uno de esos días, al no dolerme apenas la garganta, decidí dejar de tomar los antiinflamatorios. Tenía la sensación de que ya se me había pasado, pero por desgracia no era así. Al día siguiente, el dolor de garganta se me hizo muy pesado. Me di cuenta de que no había estado notando los síntomas por estos últimos dos meses únicamente por los antiinflamatorios y empecé a preocuparme.

Dos días después, decidí ir a urgencias. Una doctora más que amable me estuvo reconociendo. Le comenté el tiempo que estuve con el dolor de garganta y me recetó un antibiótico de 3 comprimidos (no recuerdo el nombre), uno por día.

A los tres días ya me encontraba algo mejor, no me dolía la garganta apenas y decidí continuar con mi vida. El dolor, aunque mejoró mucho, después de unas semanas volvió a intensificarse. Motivo por el que decidí volver al médico, que me recetó otro antibiótico (amoxicilina), pero esta vez con más dosis y por un tiempo más prolongado.

Pasadas las dos semanas desde el último tratamiento, me volvió a pasar exactamente lo mismo: el dolor de garganta volvía con la misma intensidad. Dado que pertenezco a un grupo de riesgo, decidí ir a hacerme las pruebas rápidas de las ETS. Era la primera vez que me las hacía en mi vida y, claro, tenía miedo de los resultados.

Por fin tenía los resultados en la mano. Di negativo en la prueba del
VIH. En cambio, di positivo en la prueba de sífilis. Por suerte, para esta infección había tratamiento que, además, la curaba.

Fueron 3 inyecciones de penicilina en un periodo de 3 semanas. Un mes después de acabar el tratamiento, ya me sentía en plenas facultades: No tenía fiebre, no me dolía la cabeza y tampoco me dolía la garganta.

Estuve un par de meses con la sensación de estar completamente sano. Así que volví a mi descuidada vida de siempre. Durante los siguientes 6 meses tuve varias relaciones sexuales con diferentes personas, de las cuales, tuve 4 relaciones sin preservativo.
En la actualidad, desde hace un mes presento algo de fiebre y dolores de garganta esporádicos. Dado el historial que tengo, ya me temía lo peor. Por ese motivo, volví a hacerme las pruebas. Como la última vez, di positivo en sífilis, las pruebas rápidas ya no servían. Así que me tuvieron que extraer sangre.

Estos 4 días han sido de los más largos de mi vida. He estado buscando síntomas en internet sobre el VIH, he estado viendo vídeos y leyendo textos de lo que es vivir con dicha enfermedad.

He estado estos días preparando a mis dos mejores amigos para lo que se avecinaba: Un diagnóstico positivo de VIH.

Ha sido tan grande el miedo que he tenido en el cuerpo que estuve investigando a fondo la enfermedad: Cómo se transmite, cómo es vivir con la enfermedad, cuál era la esperanza de vida de una persona seropositiva y un largo etcétera.

Con mi obsesión de la última semana me di cuenta de que el mayor problema no era la enfermedad en sí, sino el estigma social que ella conllevaba. ¿Cómo les iba a contar a mis padres que tenía VIH? ¿Algún chico que se fijara en mí, seguiría estando interesado sabiendo que soy seropositivo? ¿Cómo decirles a mis parejas sexuales que han estado expuestas a la enfermedad?

No sé, al fin y al cabo la gente estaba tan desinformada como yo. La gente se informa únicamente para tratar de reconocer los síntomas, o cuando nota que en su cuerpo algo no va bien, como me pasó a mí.

Tengo que dar las gracias por pasar por todo este proceso. Esta nueva experiencia me ha abierto los ojos y me ha enseñado que hay que tener cuidado con las enfermedades de transmisión sexual, en especial con el VIH, pero no hay que temer a las personas que lo contraen, ni tan  siquiera sentir lástima por ellos.

Con el tratamiento adecuado, el VIH ya no es una enfermedad mortal y la transmisión de la misma es prácticamente imposible (tomando todas las precauciones necesarias, claro está).

He de pedir perdón por varias razones:

En mi vida he discriminado a varias personas seropositivas. Las he señalado tratando de advertir a amigos y conocidos de su estado de salud y evitando una relación sexual con ellas. También perdí el interés en una persona en el momento que me enteré de que era portador del virus. Ahora siento que fui una mala persona.

He de pedir perdón por ser un ignorante durante todos estos años y por haber hecho la vida un poco más difícil a alguna de las personas que han pasado por algo tan duro como un diagnóstico positivo.

Hoy, al fin, me ha llegado el resultado de mi análisis… No os voy a mentir, he pasado bastante miedo y era inevitable estar nervioso.
Mi diagnostico ha sido VIH negativo y sífilis negativo (el tratamiento al que me sometí curó la infección).

Estoy muy agradecido de haber pasado por esta mala experiencia, porque yo, en mi cabeza, ya era seropositivo y admitírmelo a mí mismo se me hizo bastante duro.

Investigar sobre la enfermedad me ha abierto los ojos y me hace ver a otras personas seropositivas de otra forma. Es más, hace unos meses hubiera sido incapaz de iniciar una relación de pareja con una persona seropositiva. Hoy no pienso igual.

Mis felicitaciones a todos los que su diagnóstico ha sido negativo y mucho ánimo y mis más sinceras disculpas a todos los que han dado positivo, únicamente he sido un ignorante. De verdad que lo siento.